184
-Susana-
Llegó a la tercera planta del parking y sacó las llaves del coche. Si hubiera tenido cobertura allí abajo, habría visto las tres llamadas del conserje del edificio, y quizá no habría cogido el coche y en lugar de eso habría vuelto sobre sus pasos.
Cuando introdujo la tarjeta de residente y la puerta metálica comenzó a abrirse, se dio cuenta de que allí pasaba algo raro. En la garita de seguridad no había nadie. Desde que 184 se había fugado, allí había un guardia día y noche; si este no hubiera salido corriendo cuando escuchó a su compañero pedir auxilio por el walkie, tal vez podría haberla advertido.
Se encogió de hombros y esperó a que la puerta se abriera completamente. Salió por la parte trasera del edificio en el mismo momento en que DeWilde se ahogaba en su propia sangre. Y cuando encendió la radio y la canción 74-75 de The Connells inundó con su melodía el coche, el volumen de los altavoces tapó la nueva tanda de disparos.
Al pasar por la carretera que bordea el parque Joan Brossa, recordó con nostalgia la época en que aquel lugar era el parque de atracciones de Montjuic. Mientras trataba de ubicar el punto donde antaño estaba la noria estuvo a punto de atropellar al hombre que, renqueante y con un brazo herido de bala, se había situado en medio de la vía y la apuntaba con una pistola.
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