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-Jules-
Las convulsiones comenzaron de forma abrupta. Igual que con Serena. Duraron unos cuatro minutos. Él gritó, trató de decir algo, pero la presión craneal era brutal y no podía despegar la mandíbula debido a la tensión. Cuando al fin se relajó (y se meó encima), tuvo un espasmo y se mordió la lengua tan fuerte que la sangre salpicó el traje de Jules. Luego murió.
Ella estuvo revisando los resultados hasta que la bombona del traje comenzó a pitar. No era suficiente tiempo. Nunca lo era. Pero el oxígeno se estaba agotando y no tenía forma de volver a llenar la botella.
Subió todos los datos a un streaming y los envió a su cuenta de seguridad. Tal vez dentro de unas semanas, cuando las cosas se pusieran feas, pudiera volver a hablar con Velasco y este se mostraría más receptivo.
No había tiempo para más. Ella había hecho lo que podía. Ahora ya todo era cuestión de suerte.
Huiría con las niñas a la cabaña de los pirineos. Una vez allí, esperaría que todo se desencadenase, y luego trataría de ayudar en lo posible.
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