184
-Jules-
Estaba muy nerviosa. Iba a ver a sus hijas por primera vez en mucho tiempo. Había puesto incienso por toda la casa para anular el mal olor que venía de la parte trasera, donde había apilado toda la basura. Había barrido y fregado toda la planta baja, se había depilado las cejas y el bigote, y se había puesto unos pantalones vaqueros, una camisa de manga larga y unas zapatillas cómodas.
Cuando sonó el timbre de la entrada casi le dio un vuelco el corazón. Al asomarse por la ventana y ver la expresión de sorpresa de Alex cuando le vio la cabeza rapada, pensó que igual había sido mala idea. Pero no había tiempo para peluquerías ni manicuras, y un pelo largo y descuidado podía jugar en su contra.
Sonrió y abrió la puerta. Y allí estaban sus hijas. Y Alex. Y el abogado de Alex.
La sonrisa se le petrificó en la cara, pero no dejó que se le notara. Había demasiado en juego.
—Jules… —Alex sonreía—. Vaya… cambio de look.
Ella se tocó la cabeza distraídamente mientras besaba a sus hijas.
—Sí, bueno, el calor… Así es mucho más cómodo.
Les hizo pasar dentro. Había preparado una limonada con mucho hielo y azúcar, como les gustaba a las niñas. Y para ellos, café. Al abogado le gustaba solo y sin azúcar. Era un tipo amargo. Se le veía a la legua.
—¿Cómo es que… usted también ha venido?
—No, bueno… —Alex habló incluso antes de que el abogado pudiera decir nada—. Es que como esta tarde vamos a firmar, pues ya venía con nosotros. —Una sonrisa forzada. Una disculpa estúpida. Una excusa evidente. No quería estar solo con ella, por si ella tenía planeada alguna jugada.
En todo momento Jules trataba de sonreír y que ni los temblores ni el tic nervioso asomaran por ningún lado. Sirvió la limonada a las niñas. Puso los cafés. Y se sentó en el sofá a revisar la documentación que había traído el abogado mientras las niñas veían a Pocoyó en la enorme televisión del salón.
—¿Gafas? ¿Y las lentillas que te compraste? —Alex trataba de ser cordial. Le salía de puta pena.
—Las perdí en Nochebuena en casa de tus padres, ¿no te acuerdas? — No levantó la vista del papel. Que, por otro lado, ni siquiera estaba leyendo.
—Ah, claro, sí, es verdad. —Se bebió el café de un trago, se levantó del sofá y paseó por el salón. Alex estaba nervioso. El abogado seguía sentado en el sofá de los invitados, con su taza todavía intacta entre las manos y mirando fijamente a Jules.
—¿Y la cristalería de bohemia de mi madre?
Jules levantó la mirada con una franca sonrisa en el rostro.
—Lo siento. Me traía malos recuerdos y la vendí.
—Oh. —Alex parecía algo ofendido, pero tras un intercambio de miradas con su abogado no añadió nada más.
Jules volvió a los papeles. Revisó su reloj. Y pasó de página.
—¿A qué hora tenemos el notario?
—A las seis. —Fue lo primero que dijo el abogado.
—Estupendo. —Jules miró la hora por segunda vez en apenas un minuto.
Alex salió al salón. Las niñas seguían sentadas en el sofá. Ariadna estaba dormida e Irina tenía la mirada fija en la pantalla, absorta completamente. Mejor así. Menos problemas. Se estaban portando estupendamente. Y eso que en el coche estaban absolutamente pesadas y gritonas. Como su madre desde que la despidieron. Al volver al salón no pudo evitar apartar la cortina y echar un vistazo a la casa de enfrente. ¿Seguiría allí? Seguro que sí, no era de ese tipo de mujeres que se sienten amenazadas por alguien como Jules. Estaría dándose sus cremas y trabajando la dureza de ese estupendo culo que gastaba.
Las cortinas de la primera planta ondeaban fuera de la casa, parecían sucias. ¿Estaba rota esa ventana? Todo el suelo parecía lleno de cristales.
Se volvió y vio a Jules a su lado. Mirando también en la misma dirección.
—¿Te gustaría volver a verla?
—¿Qué? No, Jules no empecemos con… —Se giró hacia su abogado en busca de refugio, pero se quedó sin habla al comprobar que parecía dormido —. Oiga… ¡Andrés! —Pero el abogado no contestó; seguía con la cabeza caída sobre el pecho y una espesa baba le caía de la boca a la camisa—. ¿Qué coño le has…?
Pero no acabó la frase, porque Jules le aplicó el táser en el cuello y Alex cayó al suelo, fulminado.
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