Apocalipsis

Mario Giordano · Capítulo 66 de 94

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Apocalipsis

Capítulo LXVI

16 de mayo de 2011,

Montpellier

Mientras circulaba en el taxi robado, Peter tomó una decisión. No podía desaparecer sin más del mundo, «esfumarse» como le había exigido Nikolas. Quería regresar a su vida, ahora más que nunca. Quería respuestas.

Y también quería otra cosa. Algo que había tenido muy claro en el encierro en la Île de Cuivre. Algo totalmente imposible. Pero al menos quería intentarlo, y por eso tenía que vivir.

«¿Vivir? La matarás. Dejarás atrás una estela de muerte».

Tal como había dicho Haruki, a Peter lo esperaban en el aeropuerto.

Se la veía como perdida en la pequeña terminal y volvía a llevar su hábito de monja. Parecía nerviosa.

«Y terriblemente frágil».

Pero estaba viva. Cuando Peter la vio, supo que no había futuro. No para él.

Al entrar en la pequeña terminal de vuelos regulares, la contempló con alivio. Pero también leyó en su rostro una expresión fugaz de espanto y una pregunta. La pregunta de si era realmente él. Peter lo supo enseguida.

«¡Ha conocido a Nikolas!».

—Hola, Peter —dijo Maria en voz baja.

—Creía que habías muerto.

—Yo también.

De pronto, parecía tímida y todavía dudaba de si podía confiar en él.

Cuando Peter se le acercó, ella retrocedió un poco, estremecida.

—Chissst —susurró Peter.

Se le aproximó más, se arrimó a ella, le rodeó la cabeza con ambas manos y la besó. Ella no pareció sorprenderse, incluso pareció sentirse aliviada, y esta vez respondió al beso, porque en ese beso lo reconoció.

Abrió ligeramente la boca, hasta que sus lenguas se encontraron y pudieron respirar una en la otra, y el deseo corrió a raudales por donde poco antes solo había miedo. Hasta que el empleado de la ventanilla carraspeó indignado.

—¿Cómo es que has venido? —preguntó Peter cuando ella lo apartó suavemente, pero con determinación.

—Don Luigi me ha telefoneado. Me había escondido en un monasterio.

La pensión no era segura.

—Has conocido a Nikolas, ¿verdad?

—¿A quién?

Peter la miró.

—A mi hermano gemelo. Bueno, supongo que es mi hermano. Se llama Nikolas.

Maria evitó la mirada de Peter.

—He estado todo el tiempo con las hermanas franciscanas en la Rue Lakanal.

—Eres muy mala mentirosa, Maria.

—Tenemos que irnos —dijo, intentando esbozar una sonrisa—. ¿Tienes el pasaporte?

Peter echó entonces un vistazo al pasaporte que le había dado Haruki.

Estaba a nombre de un tal Robert Stamm. La foto era reciente. Peter se preguntó de dónde la habrían sacado. Y volvió a pensar en Nikolas. En su hermano Nikolas. Su hermano, el asesino. El hombre que había matado a Ellen y a Loretta. El hombre por el que habían dictado una orden de búsqueda y captura internacional contra él.

—No te preocupes, no tendremos ningún problema en los controles —lo tranquilizó Maria—. Está todo preparado.

La desconfianza de Peter volvió a hacer acto de presencia.

—¿Preparado? Maldita sea, Maria, ¿de qué va todo esto? Me salvo por los pelos de morir ahogado, me despierto en un hospital, Franz Laurenz me llama por teléfono, un guardaespaldas japonés va a buscarme, me veo

inmerso en un tiroteo y casi me asesina mi propio hermano gemelo, del que no sabía nada hasta hace una hora, luego apareces tú, te beso, me mientes y ahora, ¿me miras candorosamente como un perrito y me dices que no tengo que preocuparme por los controles? Maria, ¡me buscan por asesinato en todas partes!

Maria se lo llevó aparte.

—Si sigues gritando como un adolescente idiota, ¡todo se irá al garete ahora mismo! Don Luigi te lo explicará cuando volvamos a Roma. Hasta entonces, me ha pedido que guarde silencio.

Peter se tranquilizó y miró a Maria. Volvía a tener aquella arruga de enfado en la frente que tanto le gustaba.

—Bien. Pero antes volaremos a Colonia.

—Ya lo sé —dijo Maria—. ¿Para qué, si puede saberse?

—Quiero presentarte a mis padres.

De: nikolas@ordislux.np

Para: master@ordislux.np

Fecha: 16 de mayo de 2011 10:17:54 GMT+01:00

Asunto: P. A.

Adjuntos: IMG_0035.jpg

¡Maestro!

He cumplido las órdenes (ver foto). Espero más instrucciones.

Que la luz os acompañe.

Nikolas

De: master@ordislux.np

Para: nikolas@ordislux.np

Fecha: 16 de mayo de 2011 10:21:31 GMT+01:00

Asunto: Re: P. A.

¿Solo ese cortecito, Nikolas? Y hasta le has cerrado los ojos. ¿Has tenido un momento de debilidad provocado por el sentimentalismo y la compasión?

A pesar de todo, buen trabajo. Te espero en Roma.

Que la luz te acompañe.

S.

Con un ligero zumbido de turbinas, el bimotor Cessna Citation despegó y ascendió rápidamente hacia el manto de nubes altas. Peter cerró los ojos para no ver el Mediterráneo, que se extendía por debajo entre destellos.

Infinito y amable y poderoso, imprevisible y malicioso y engañoso como…

«… como Dios».

Peter le explicó a Maria en pocas palabras qué le había ocurrido en la Île de Cuivre y lo que Kelly le había contado sobre los portadores de luz.

Cuando le habló de su encuentro con Nikolas, Maria hizo una mueca de espanto. Peter estaba más que convencido de que ella también había conocido a Nikolas.

—¿Todavía tienes el amuleto?

Maria se lo mostró. Mientras Peter lo sostenía en su mano, se vio anegado por recuerdos antiquísimos, como una gran riada que inundara el lecho seco de un río. Sobre la espuma de esa marea flotaban imágenes de pesadilla. Llamas. Un coche. Un coche lleno de arena. Una mujer con los cabellos en llamas que gritaba su nombre. Una torre en una colina. Un coche aparcaba delante. Luego, de repente, una luz deslumbrante. Luz por todas partes.

« Hoathahe Saitan! Seth. Creutzfeldt. Behemot. Baphomet. Pazúzú.

Blavatsky. Wearily Electors. Tiene muchos nombres. Tú lo conoces. Él te conoce. Conejito en la madriguera, ¡acuérdate! Oxiavala holado, telocahe hoel-qo! ¡Haz un esfuerzo!».

Peter recordó que ya había oído antes el nombre de Seth. En una época que se pegaba como un rastro de espuma sucia en el borde de su memoria.

En la época de su quinto cumpleaños.

« Hoathahe Saitan! 306. Wearily Electors».

—¿Has dicho Edward Kelly? —preguntó Maria de repente.

—Sí, ¿por qué?

Maria dudó.

—Cuentan que, cuando John Dee descubrió el lenguaje de los ángeles, en el siglo XVI, contaba con la ayuda de un médium, un tal Edward Kelly.

Un timador condenado, al que le cortaron una oreja como castigo.

Peter recordó que Kelly había afirmado en Misrian que era muy viejo.

Que había tenido mucho tiempo para aprender tantos idiomas.

—¿Insinúas que tenía seiscientos años? ¡Por favor, Maria!

Maria se encogió de hombros.

—Claro. ¿Qué te dijo ese tal Kelly?

— Wearily Electors, «príncipes electores cansadamente».

Gramaticalmente incorrecto. No tenía sentido. Pero lo que no tenía sentido bien podía ser un código oculto.

—¿Tienes algo para escribir? —le preguntó de repente a Maria, que le dio una hoja de papel y un lápiz.

Peter escribió WEARILY ELECTORS en la parte superior del folio.

—¿Qué significa? —preguntó Maria.

—Ni idea. Tal vez sea un anagrama.

Lo tachó, escribió WEARILYELECTORS y, con ayuda de Maria, intentó probar todas las combinaciones de letras que pudieran tener algún sentido.

Peter supuso que se trataría del anagrama de un concepto en inglés.

Probablemente compuesto también por dos palabras. Cuando ya casi había llenado el papel de palabras y garabatos, se interrumpió con un suspiro.

Pensó en Kelly, que se le había resbalado en la boya y se había sumergido en la gran oscuridad. Kelly, sucio, demacrado, torturado, una sombra del Kelly que había conocido en Misrian mucho tiempo atrás.

Peter se irguió, electrizado. Vio mentalmente a Kelly, presumiendo delante de Ellen en su yurta, diciendo chorradas sobre el secreto de los templarios. Kelly había pronunciado un nombre.

—Helena Blavatsky —dijo en voz alta, y trató de escribir el nombre combinando las letras de WEARILY ELECTORS.

Error. Pero Kelly también había pronunciado otro nombre.

«Vamos, esfuérzate. Recuerda».

Peter miró fijamente las letras. Y entonces vio el nombre, lo escribió en el último rincón libre de la hoja y lo encerró en un círculo.

ALEISTER CROWLEY

—¿El Aleister Crowley que conocemos? —preguntó Maria.

Peter asintió.

—Un ocultista inglés del siglo XX —explicó—. Fundador de una logia, cabalista, montañero, estafador, drogadicto y pornógrafo. Por lo que sé, no

dejó más que deudas, asco, denuncias y una leyenda inaudita sobre su persona, que posteriormente recuperaron los del movimiento New Age. No tiene sentido. ¡Nada tiene sentido! —Peter estrujó la hoja de papel—.

¡Mierda!

Maria lo miró compasiva y le acarició la cabeza. Un gesto íntimo y cariñoso que lo sorprendió.

—Conocer a Nikolas ha tenido que ser horrible para ti.

Peter asintió en silencio.

—Y te ha quitado el medallón. Volvemos a estar como al principio.

Peter la miró.

—Sí, Nikolas tiene el medallón. Pero yo tengo esto…

Sacó una cosa del bolsillo de los pantalones y se la puso a Maria en la mano. Era la pequeña SIM blanca.

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