La maquilladora

Andrea Semple · Capítulo 37 de 86

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La maquilladora

Capítulo 40

Buen consejo, hermanita.

Buen consejo.

Seguir respirando.

Capítulo 40

Tras un día de incesante limpieza llamo a Alice y le cuento todo.

Primero lo de Hope. Lo del anillo. Lo de la boda. Lo del ejercicio de glúteos. Lo del sexo oral bajo la mesa.

–¿Estás de coña? – me dice, atónita.

–De primerísima mano.

–¡No!

Y luego sigo con lo de Adam.

–Oh, parece magnífico -dice.

–Sí, no está mal -digo, mientras se me abre un bocadillo sobre la cabeza en el que se ven sus atributos físicos de macizorro.

–¿Vais en serio? – No lo sé.

–¿Vas a presentarle a tu madre?

–Cada cosa a su tiempo -le digo, aunque en mi interior espero

ardientemente que él sea el Adam que ocupe el lugar de mi novio inventado cuando venga a visitarme mi madre.

Empieza a cantar It Must Be Love y le digo que lo deje.

Lo deja.

–Oh -dice-, quería pedirte algo. ¿Podrías traerme alguna crema antiestrías la próxima vez que vayas al trabajo? Te lo pagaré.

–Sí -le digo-, por supuesto. Por cierto ¿cómo vas? ¿Te están entrando los nervios?

–Sí -dice. Luego se queda callada, dudando si decir algo más-. No dejo de pensar que me voy a morir o que le va a pasar algo al bebé, o que algo va a ir mal…

–Alice, Alice, tranquila. Nada va a ir mal. Nada. Y yo voy a estar ahí, cuando venga, ya lo sabes. Solo tienes que asegurarte de llamarme cuando rompas aguas y ahí estaré.

–Vale -dice, algo reconfortada-, sí, lo haré.

Capítulo 41

Alguien llama a la puerta.

–Alice, están llamando a la puerta, voy a ver -le digo-, solo recuerda que todo va a ir bien.

–Vale.

–Venga.

Voy a abrir la puerta.

Oh, Dios mío. Es el neandertal. Es Frank.

Pero tiene un aspecto distinto. Bueno, todavía lleva barba y la ropa desaliñada, pero algo ha cambiado en su mirada.

Hay un brillo saludable en sus ojos que no tenía antes.

–Hola -dice.

Vacilo. Ni siquiera sé si se merece un «hola» después de lo desagradable que fue tras haberle salvado la vida. Al final sucumbo.

–Hola.

–Solo quería disculparme -dice mirando al suelo-, por lo de la otra noche.

–Está bien.

–Solo quería darte las gracias. Por, ya sabes, haberme salvado la vida. –

Calla y frunce el ceño-. Es que… -Se debate entre decírmelo o no-. Es que… no soy yo… no he estado… pero lo estoy superando… lo estoy logrando…

–Bien.

–He dejado de beber -dice.

–Eso está bien -le digo, preguntándome si debería invitarle a pasar.

–Y lo de la música alta. Lo siento también.