La maquilladora
Capítulo 40
Buen consejo, hermanita.
Buen consejo.
Seguir respirando.
Capítulo 40
Tras un día de incesante limpieza llamo a Alice y le cuento todo.
Primero lo de Hope. Lo del anillo. Lo de la boda. Lo del ejercicio de glúteos. Lo del sexo oral bajo la mesa.
–¿Estás de coña? – me dice, atónita.
–De primerísima mano.
–¡No!
Y luego sigo con lo de Adam.
–Oh, parece magnífico -dice.
–Sí, no está mal -digo, mientras se me abre un bocadillo sobre la cabeza en el que se ven sus atributos físicos de macizorro.
–¿Vais en serio? – No lo sé.
–¿Vas a presentarle a tu madre?
–Cada cosa a su tiempo -le digo, aunque en mi interior espero
ardientemente que él sea el Adam que ocupe el lugar de mi novio inventado cuando venga a visitarme mi madre.
Empieza a cantar It Must Be Love y le digo que lo deje.
Lo deja.
–Oh -dice-, quería pedirte algo. ¿Podrías traerme alguna crema antiestrías la próxima vez que vayas al trabajo? Te lo pagaré.
–Sí -le digo-, por supuesto. Por cierto ¿cómo vas? ¿Te están entrando los nervios?
–Sí -dice. Luego se queda callada, dudando si decir algo más-. No dejo de pensar que me voy a morir o que le va a pasar algo al bebé, o que algo va a ir mal…
–Alice, Alice, tranquila. Nada va a ir mal. Nada. Y yo voy a estar ahí, cuando venga, ya lo sabes. Solo tienes que asegurarte de llamarme cuando rompas aguas y ahí estaré.
–Vale -dice, algo reconfortada-, sí, lo haré.
Capítulo 41
Alguien llama a la puerta.
–Alice, están llamando a la puerta, voy a ver -le digo-, solo recuerda que todo va a ir bien.
–Vale.
–Venga.
Voy a abrir la puerta.
Oh, Dios mío. Es el neandertal. Es Frank.
Pero tiene un aspecto distinto. Bueno, todavía lleva barba y la ropa desaliñada, pero algo ha cambiado en su mirada.
Hay un brillo saludable en sus ojos que no tenía antes.
–Hola -dice.
Vacilo. Ni siquiera sé si se merece un «hola» después de lo desagradable que fue tras haberle salvado la vida. Al final sucumbo.
–Hola.
–Solo quería disculparme -dice mirando al suelo-, por lo de la otra noche.
–Está bien.
–Solo quería darte las gracias. Por, ya sabes, haberme salvado la vida. –
Calla y frunce el ceño-. Es que… -Se debate entre decírmelo o no-. Es que… no soy yo… no he estado… pero lo estoy superando… lo estoy logrando…
–Bien.
–He dejado de beber -dice.
–Eso está bien -le digo, preguntándome si debería invitarle a pasar.
–Y lo de la música alta. Lo siento también.