La maquilladora
Capítulo 65
Me levanto. No sé por qué, parece que es lo apropiado.
La canción termina y nos quedamos solos con el silbido de la cinta. Vuelvo a mirar a Frank, y veo que tiene la mirada triste, aunque seca.
Vuelve la posibilidad de un abrazo.
La visión de este hombre, este treintañero barbudo altísimo, de repente tan vulnerable, me provoca una sensación. Algo extraño. Algo que no puedo explicarme ni a mí misma.
Me acerco. Se produce el abrazo.
Siento sus fuertes brazos en la espalda, pero está demasiado débil y exhausto como para seguir reprimiendo las lágrimas.
–Lo echo de menos -dice.
–Lo sé.
–Lo echo tanto de menos.
Capítulo 65
La tarde siguiente, cuando oscurece, vuelve a entrarme el miedo. Empiezo a pensar que va a volver Adam. Bajo al sótano, pero Frank no está. Entonces me acuerdo, dijo algo de que se iba a pasar por la biblioteca de la universidad para trabajar un poco.
Para pensar en otra cosa, llamo a Alice. Por supuesto, no es lo que debería
hacer. Vamos, llamar a Alice para que me tranquilice es como meterte en un chat buscando algún estímulo intelectual, o poner un cd de Eminem para dormir.
Le cuento todo lo que me ha pasado con Adam. No le cuento que creía que me iban a violar, porque ahora no quiero creérmelo ni yo. Quiero creer que paró. Quiero creer que, de repente, se hubiera dado cuenta de lo que estaba haciendo, y que hubiera escuchado a su conciencia. Porque no quiero pensar que habría hecho lo impensable.
No para él.
Sino para mí.
–Pero ¿estás bien? – me pregunta Alice, con tanta compasión en la voz, que podría echarme a llorar.
–Sí, ya estoy bien.
–Porque, si quieres, me paso -suena como si lo dijera en serio. Y para Alice es un gran reto. Ya ha anochecido, y es una buena caminata.
El problema es que, de hecho, quiero que venga, pero no puedo pedírselo, así que me limito a decir:
–No, está bien. De verdad. Estoy bien. En serio, lo más seguro es que me vaya ya a dormir, después de ver un poco la tele.
Afortunadamente, no me cree.
En veinte minutos está aquí, en la puerta.
–Soy yo. – Me llama por la rejilla de las cartas, para no sobresaltarme.
Cuando abro la puerta, verla me proporciona cierto alivio. Vale, como guardaespaldas, una embarazada de nueve meses con ataques de pánico y
agorafobia puede que no sea la candidata ideal, pero tampoco se me ocurre ninguna otra persona que pudiera ser más apropiada que ella.
Capítulo 66
Alice y su bombo deciden quedarse esta noche y yo, agradezco la compañía.
Compartimos la cama. A Alice se le da bien escuchar. También a su bombo.
Cuando Alice se duerme, continúo hablándole a la personita que lleva dentro.
Me siento ahí, en la oscuridad, mirando su extraña silueta. Su cuerpo delgado desproporcionado, con ese bombo gigante. Como un horizonte llano en una puesta de sol.
Se lo cuento todo al bombo.
Lo de Adam.
Lo de que no tengo trabajo.
Lo de mi madre.
Lo de mi padre.
Lo de Frank.
Lo de todas las mentiras estúpidas.
Lo de que hay universos alternativos donde todas esas estúpidas mentiras