La maquilladora

Andrea Semple · Capítulo 51 de 86

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La maquilladora

Capítulo 58

Entonces me viene a la cabeza. Este es el momento en el que se supone que debería echarlo. Me ha hecho perder el trabajo, y ahora lo he pillado con otra mujer. Vale, la otra mujer ni siquiera sabe nada del tema, y está a más de trescientos kilómetros de aquí. Pero la otra mujer es mi hermana. Y

¿realmente, puedo estar con un hombre que la desea tan explícitamente?

¿Que no se limita a las imágenes mentales, o a las fantasías privadas, sino que se hace una paja delante de su dvd? ¿En mi sofá? Joder, ¿a las seis de la mañana?

Pero ya sé la respuesta.

Ya sé que lo dejaré volver a la cama. Porque, la otra opción es contarle la verdad a mi madre y a mi deseada hermana. Y, en este momento, me odio por ello. Detesto mi debilidad. Me odio más de lo que odio a Adam.

Porque, aunque Adam es, sin duda, un pajillero, al menos es un pajillero sincero. Al menos reconoce que lo es.

Así que discutimos un rato, pero luego nos vamos a la cama, donde me quedo con la mirada perdida en el techo, hasta que es hora de levantarse.

Preguntándome cómo acabará todo esto.

Capítulo 58

Cuando Adam ya se ha ido a trabajar, me llama mi madre.

Me está preguntando por el trabajo, y yo le estoy contando que va genial porque, ¿qué otra cosa podía decirle? Difícilmente puedo contarle que me han despedido de un trabajo que, para empezar, ella ni siquiera sabía que tenía.

Entonces empieza a hablar de la boda de Hope.

–¿Te has comprado ya el vestido?

–No, mamá, no he tenido tiempo.

–Qué emocionante es todo esto -dice-, apuesto a que estás deseando conocer a Jamie.

–Sí, la verdad es que lo estoy deseando.

–Hope me llamó anoche. Me ha dicho que te va a enviar una invitación para su despedida de soltera. Va a ser en París. ¿A que es emocionante?

–Sí, mamá -le digo, preguntándome cómo voy a salir de todo esto.

Entonces, sin venir a cuenta, me dice:

–Solo tres días.

–¿Solo tres días para qué?

–Para el fin de semana. Para conocer a Adam.

–Ah, sí -digo-, se me había olvidado.

–Oh, Faith, estoy tan orgullosa de todos. De que a mis tres chiquillos les vaya tan bien.

–Sí, mamá, lo sé, lo sé.

El día se me hace eterno. Me siento, sin nada que hacer, y me pongo a ver la tele. Frank tiene la música puesta. Pero esta vez no la tiene puesta muy alta.

No es heavy metal y el volumen está bajo. De hecho, suena bastante bien.

Relajante. Conozco la canción. Es Al Greene. Mi padre tenía ese disco. Era un disco de grandes éxitos. Solía ponerlo alto y trataba de que mi madre