La maquilladora
Capítulo 6
grandes almacenes no supone exactamente una gran experiencia para hacer carrera como relaciones públicas.
Pero tenía que decir algo, y la campaña de Keats, obviamente, fue la primera que se me vino a la cabeza. Y, además, fue una campaña brillante.
Probablemente os acordaréis de ella. Ya sabéis, esa en la que Keats salió con el eslogan «Testado en humanos» e incidieron en que no se habían empleado animales para probar ninguno de sus productos. Bueno, sea como sea, fue Coleridge quien se encargó de la publicidad y organizó una sesión de fotos con un montón de modelos desnudas metidas en jaulas en mitad de la plaza de Leicester Square, donde montones de falsos científicos probaban los productos con ellas. Al parecer, las fotografías aparecieron en todos los periódicos y las incluyeron justo al final de las noticias de las diez, tras las noticias serias sobre guerras. Ya sabéis, cuando tratan de terminar con algún apunte divertido, para que no tengamos pesadillas sobre el fin del mundo y todo eso.
John Sampson no dice nada. Se limita a mirarme, evaluándome como si cada vibración de mi boca portara la llave de mi verdadera personalidad. Y
yo tengo en la cabeza todo el tiempo: estás en una entrevista, ooh, ¿no te da miedo? Estás en una entrevista y toda tu futura existencia depende de cómo te comportes y de lo que digas. El resto de tu vida depende de los próximos diez minutos…
Odio esa voz en mi cabeza.
Nunca está de mi parte.
Capítulo 6
Pero aunque me asusta, casi estoy disfrutando. Vamos, nunca nadie tan rico, sexi, atractivo, poderoso y, bueno, machote me había prestado tanta atención en toda mi vida.
Espera, este silencio se alarga ya demasiado.
–Bien -dice finalmente-, cuénteme un poco sobre su experiencia previa más relevante.
–Bueno, estudié comercio y marketing en la universidad de West Yorkshire y… bueno, fue ahí cuando me introduje por primera vez en la disciplina general de las relaciones públicas… -«¿Disciplina general?» ¿Qué idioma es ese?-. Y luego, tras licenciarme, me fui a Australia…
–¿Ah sí? ¿A qué parte?
–Eh… a Sidney.
–Estuve allí hace seis años.
Mierda.
–Oh, vaya.
–¿Dónde vivía?
Oh, Dios.
–Estuve en… M… Manley. – Manley, sí. Ahí es donde vivía Hope. Hope es mi hermana. Luego os hablaré de ella. Es una larga historia, ahora estoy un poco ocupada siendo entrevistada.
–Oh, Manley. ¿Cómo lo encontró?
–Um… cogí un taxi.
Tiene otra vez esa mirada, solo que esta vez no resulta divertida. Esta vez me siento como si me estuvieran interrogando, y cada vez me resulta más difícil mantenerle la mirada. ¿Y qué tiene que ver mi año inventado en el extranjero con todo esto?
–Quiero decir -dice, pasándose pensativamente el bolígrafo de plata entre la barbilla y el labio inferior-: ¿qué le pareció?
Mi percusionista interno vuelve a escena.
–Eh, hacia mucho… calor. – John Sampson alza una ceja y asiente con la cabeza-. Y la gente era… muy amable… y fue muy… agradable… y…
Levanta la mano.
–Vale. Ahora hábleme un poco de su experiencia.
Dios mío, estoy a punto de desmayarme. Vale, ahora ¿qué se supone que se debe hacer? Pensar en el entrevistador en calzoncillos, eso es.
Vale, me arriesgaré a imaginarme unos pulcros calzoncillos ajustados.
Negros. De Calvin Klein.
–Mi experiencia… -digo, mientras me lo imagino medio desnudo. Oh no, no me ayuda, está aún más impresionante e intimidante sin ropa y ¿has visto qué paquete? Me distrae. No puedo ni pensar-. Mi experiencia.
–Permítame ayudarla -dice con una voz que, automáticamente, lo vuelve a vestir. Comienza a leer en voz alta mi solicitud, con las cejas bailando acompasadamente mientras lo hace-. Dos años en Relaciones Públicas Glory, en Londres. Ejecutiva contable. Funciones: redactar notas de prensa, relaciones con los clientes, organizar sesiones fotográficas, crear dosieres para los medios de comunicación… -continúa leyendo, y yo voy asintiendo con la cabeza con cada una de las funciones enumeradas, como si realmente las estuviera recordando.