La maquilladora

Andrea Semple · Capítulo 76 de 86

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La maquilladora

Capítulo 90

El banquete se va a celebrar en un hotel muy pijo a unos tres kilómetros del pueblo. El pijerío se hace evidente por el lento chirrido de la grava al entrar con el coche. También lo indica el cuarteto de cuerda que está tocando en la entrada, así como los camareros, que llevan bandejas de plata sobre sus cabezas con la punta de los dedos. Oh, y por los sombreros- Hay más sombreros que en Ascot.

Cuando llegamos, el salón, ya está repleto y el mordisqueo de canapés ya ha comenzado. Mientras los hombres echan un trago, se oyen voces femeninas por todas partes:

–¿A que estaba encantadora?

–¿A que iba guapa?

–¡Qué cura tan encantador!

–¡Y qué vestido!

Mi madre está charlando con el padre de Jamie, Tom. Es un hombre atractivo, al estilo de Sean Connery, y tiene una amplia y cálida sonrisa.

Recuerdo que Hope me contó que estaba divorciado y me pregunto, por un instante, si mi madre volverá alguna vez a estar con alguien. Todo el mundo asiente con la cabeza, y mi madre parece estar en el cielo, utilizando sus músculos de sonrisa ufana hasta la extenuación.

Mi hermano está hablando con su compañero de piso con cara seria, en tono bajo, mientras mordisquean cuidadosamente unas aceitunas rellenas de anchoa.

Me pregunto de qué estarán hablando.

Me doy cuenta de que destacan entre la gente.

Son los únicos de toda la sala que no sonríen, ya sea con una sonrisa falsa o real.

Bueno, aparte de Frank. Puede que sea porque se ha confinado al agua mineral San Pellegrino, mientras que el resto de la sala está sorbiendo algo un poco más fuerte.

–¿Estás bien? – le pregunto, antes de sorber de mi copa de champaña.

–Sí -dice, con aspecto algo preocupado-. ¿Estás tú bien? – me pregunta Frank, preguntándose claramente cuándo le voy a contar la verdad a mi madre.

–Sí -le digo-, estoy bien. Es solo que… -Localizó a Hope y Jamie, que están cogiendo un regalo de una pequeña anciana-… ¿Te importa si esperamos un par de horas? Solo hasta que Jamie y Hope hayan partido para Santa Lucía.

Siempre se lo puedo contar a Hope cuando vuelva, ¿no?

Frank me mira y una leve sombra de duda le atraviesa el rostro.

–De acuerdo -dice-, vale.

–Estás muy elegante -le digo, tratando de hacerle sentir mejor. De hecho, es cierto. Su traje da la impresión de costar un riñón y sigo preguntándome por el estado de su cuenta bancaria.

Hope me mira y se dirige hacia mí, tirando de Jamie. Ya no veo a la mujer insegura a la que consolé hace una semana en París.

–Hola Faithy -dice.

–Hola -digo-, estás preciosa.