La maquilladora
Capítulo 91
–Este es Jamie -añade.
–Hola, Jamie -digo.
Se inclina y me besa en la mejilla.
–Hola -dice, tranquilo-, encantado de conocerte. – Entonces, le da un apretón de manos a Frank. Al verle de cerca, me doy cuenta de que es una persona normal. Vale que es una persona normal que ha patentado su propio estilo de hacer ejercicios para las nalgas, y al que le encanta que se la chupen en los restaurantes, pero, aún así, parece querer realmente a mi hermana. Y con eso, para mí, es suficiente.
–Oh, hola, Adam, he oído hablar mucho de ti. ¡No me lo puedo creer! ¡Mi hermana! ¡Con un abogado!
–Sí -digo, sintiéndome avergonzada ante Frank
Intercambiamos algunos cumplidos más y entonces Hope dice que tiene que ir a saludar a más gente antes de irse a Santa Lucía.
–Muy bien, feliz luna de miel -le digo.
Él me mira, luego mira el reloj, preguntándose cuánto más tendrá que seguir con la mentira de Adam.
–Está bien.
Capítulo 91
Dos horas después, Hope y Jamie se han ido al aeropuerto de Gatwick. Y
yo he estado tratando de beberme el valor para contárselo todo a mi madre.
La sala está empezando a darme vueltas.
Hay sonrisas histriónicas y sombreros aún más histriónicos.
–Creo que deberías bajar un poco el ritmo -me aconseja Frank.
Hay una puerta. Una puerta marrón de madera con la palabra «Baños»
inscrita. Agarro a Frank de la mano y lo llevo hacia la puerta.
–Faith ¿me puedes explicar qué es lo que estás haciendo?
–Shhhh -le digo, alto, mientras abro la puerta y la cierro a nuestras espaldas.
–Faith, estamos en los servicios…
No puede completar la frase, debido al hecho de que mis labios están sobre los suyos.
–Faith -dice, tratando de tomar aire. Pero, de nuevo, lo someto con mis labios.
Empiezo a agarrarle la camisa, desatándole la corbata, desabrochándole los botones, en un frenético arranque de lujuria. Por un instante, se une, levantándome la falda, pero a continuación, se detiene.
–No, Faith, no podemos.
–¿Qué quieres decir con que no podemos?
–Está mal -dice, apartándose y abrochándose los botones.
–Pero…
Me besa en la mejilla.
–Yo no soy Adam -dice-, solo hay una cosa que quiero que hagas por mí. Y
es que le cuentes la verdad a tu madre.
–Vale -digo, poniéndome seria al pensarlo-, se lo contaré ahora mismo.
Capítulo 92
Salimos del baño y pasamos entre la gente hasta llegar hasta mi madre, que está junto a la mesa del bufé. Está mirando a alguien. Me giro y le sigo la mirada, que lleva hasta la elegante figura del traje de Tom Richards.
–Mamá, tengo que contarte algo.
Sonríe.
–Oh, no me lo digas -dice-, para ti también hay campanas de boda.
–No -le digo, cerrando los ojos-, no es eso.
–Entonces qué. ¿De qué se trata? – Entonces, metiéndose un pastelito de hojaldre en la boca añade-: ¿A que están increíbles estos pasteles?
–Sí, mamá, están estupendos.
–Entonces qué -dice-, cuéntame ese gran secreto tuyo.
–Bueno, ya sabes, la cuestión es que… -miro a Frank, que, claramente, está nervioso porque se va a revelar su verdadera identidad-, la cuestión es