La maquilladora
Capítulo 97
y sin arreglar. Y me agarra la cara con las manos. Y ahí es cuando lo sé.
Pero, aún así, es muy agradable oírle decirlo.
–Yo también te quiero.
Me mira y, mientras lo hace, me hace sentir un millón de cosas diferentes en mi interior. Me doy cuenta de que no hay lugar más romántico que este. Ni la torre Eiffel, ni ninguna góndola veneciana puede compararse con esta puerta mojada en West Yorkshire.
También me doy cuenta de que, si no entramos pronto, uno de los dos morirá de neumonía.
–Y aquí es donde me besas -le digo, apresurando las cosas.
–Oh, sí -dice-, por supuesto.
Capítulo 97
–Pero ¿y qué pasa con tu madre? – le pregunto, secándome con una toalla el pelo empapado por la lluvia.
–Hablé con ella -me dice-. Le conté lo tuyo y lo comprendió todo. Me dijo que era cuestión de tiempo que encontrara «una chavalita bonita».
Asiento con la cabeza, dándome por vencida ante las preocupaciones de las madres. Entonces, me acuerdo de algo.
–Pero si no estabas. Tu coche no estaba.
–Me fui con el coche -me cuenta, quitándose la camiseta. Entonces añade algo más, pero no puedo concentrarme en otra cosa más que en su torso desnudo. Pero no es por una cuestión sexual. Bueno, no es solo por una cuestión sexual. Es solo que he estado tan preocupada por si jamás volvía a verle, y ahora ahí está, justo delante de mí. Medio desnudo.
–¿Qué? – le pregunto.
–Digo que me marché con el coche, pero me puse a, ya sabes, pensar.
–No -digo-, no lo sé.
–De acuerdo -dice, reticente-, empecé a pensar que ya era hora de dejarlo; no sé, suena un poco estúpido, pero sentí que ya era hora de dejar de huir de las cosas. Ya ves, desde que murió mi hermano, es lo que me he dedicado a hacer. He estado tratando de evitar tener que enfrentarme a las cosas. A la vida. Y me di cuenta, a mitad de camino, en la autopista, de que tú eres algo de lo que no puedo huir. Porque significas demasiado. Así que di media vuelta y regresé. – Se detiene, rememorando cómo ocurrió todo-. La verdad es que la radio tampoco me ayudó mucho. En todas las cadenas que sintonizaba estaba sonando alguna canción de amor sentimentaloide.
Mientras estuvo sonando Elton John, pase; pero luego, cuando empezó a sonar esa de U2, ya sabes, With or Without You. Y aquello ya fue demasiado. Para cuando estaba terminando la primera estrofa, ya estaba en el carril de deceleración, y para cuando llegó al estribillo ya había dado la vuelta. Así que, si quieres culpar a alguien de que volviera y te esperara, échale la culpa a Bono.
–De acuerdo -contesto, sonriendo-, así lo haré.
Poco después, cuando estamos los dos tumbados en su cama, me pregunta si me gustaría conocer a su padre. Mañana. Me dice que su padre quiere llevarnos a cenar a Othello's.
Eso, por supuesto, desencadena multitud de preguntas.