La maquilladora
Capítulo 86
–Gracias -me dice, y entonces me abraza.
Luego, regresamos a la multitud y veo que todos los culos flacos están de pie, en plan jirafa, junto a la barra tallada de color pizarra Mi hermana me invita a un cóctel. Yo decido no mencionar ni una palabra más de lo que acaba de suceder.
–¿Qué opinas de ellas? – me pregunta.
Observo a las jirafas, bebiendo de sus pajitas.
–Son muy agradables -miento-, muy simpáticas.
–Son unas hipócritas -dice-, son unas zorras, todas ellas. Pero a veces pueden ser divertidas, si llegas a conocerlas.
Me río. Hacía tiempo que no veía ese lado de mi hermana. Más de una década. Charlamos y seguimos hablando, luego pasamos al tema de Jamie.
Me cuenta lo mucho que lo quiere. Y lo romántico que es. No puede negarse que, al menos en lo que a Hope respecta, parece amor de verdad.
Pero ni el amor verdadero parece suficiente para hacerla sentir segura de sí misma pero por muy deprimida que esté en este momento, probablemente será más feliz con él que sin él.
Mientras las gallinas de culo flaco cloquean y cacarean tras nosotras, choco mi copa contra la suya y le deseo buena suerte. Me coge la mano y me agradece que sea tan buena hermana. Tan buena amiga.
Capítulo 86
Cuando vuelvo a Leeds, me paso a ver a Frank.
De hecho, todos los días anteriores a la boda de mi hermana me paso a ver a Frank. Como Alice está tan ocupada con las matronas y los grupos de madres y bebés (tan ocupada que no ha tenido un ataque de pánico desde el incidente de John Sampson), y con mi madre concentrada únicamente en la boda de Hope, Frank es la única persona con la que realmente puedo hablar.
Y cada día nos acerca más. De hecho, nos acerca tanto, que me empiezan a pasar cosas extrañas.
Frank, el hombre al que devolví a la vida, está haciendo ahora lo mismo por mí.
Es verdad. Realmente me siento viva. Creo que, por primera vez en mi vida, mi existencia significa realmente algo para alguien. Alguien que no es ni mi madre, ni Alice. Alguien que me gusta, me gusta mucho y al que, además, le gusto, y es una agradable sensación. De repente, siento que merece la pena ser yo. No tanto como ser Nelson Mandela, o Gandi, o Beyoncé Knowles, pero merece la pena igualmente.
Me gustaría poder envasar esta sensación. Quiero almacenarla y guardarla para un día lluvioso. Pero ni los días lluviosos son ya lo que eran. Solo parecen el telón de fondo de un vídeo pop que nunca acaba. Y es un vídeo pop de los Carpenters. O de Sister Sledge. Frankie sería adecuado, supongo.
Porque el mundo parece diferente. Lo suficientemente diferente como para hacerme creer que Frank podría ser más que un buen amigo. Todo tiene sentido. Los árboles, las carreteras, los coches, los edificios, todos forman parte unos de otros, igual que los labios y los ojos son parte de la misma cara. Puedo ver la belleza de todo. El mundo entero se ha sometido a una sesión de belleza.
Pero entonces, la tarde antes de la boda, Frank me cuenta que también lo ha