La maquilladora

Andrea Semple · Capítulo 46 de 86

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La maquilladora

Capítulo 52

–El condón -digo, esquiva.

–Ah, sí -dice, y, sin ganas, busca por el suelo su cartera, entre la ropa tirada.

Entonces me acuerdo de otra cosa.

–Mejor, eh… corro las cortinas.

Capítulo 52

A la mañana siguiente me despierto y me vuelvo para abrazar a mi guapísimo novio, apto para madres, y descubro que se ha vuelto invisible durante la noche. Entonces me acuerdo: tenía que irse temprano a trabajar.

A las ocho en punto o a alguna hora ridícula de esas.

Decido abrazar la almohada en su lugar, y empiezo a deslizarme en ese sueño profundo y satisfecho que jamás tuve cuando estaba soltera. Pero, entonces, empieza a sonar el teléfono. Y a sonar. Y a sonar.

Suena de manera tan persistente, que sé que solo puede ser una persona.

Lo ignoro, y meto la cabeza debajo de la almohada.

Pero sé que seguirá sonando hasta que salga de esta maravillosa y cálida cama para cogerlo. Porque no trabajo hasta media mañana. Porque son las siete y media de la mañana. Porque mi madre es una sádica, cuyo método preferido de tortura es interrumpir el sueño ajeno.

Hay una pausa. Una pausa que sé que durará lo que tarde en colgar el teléfono, volver a cogerlo y volver a marcar el número. Esa lúgubre