El discurso vacío
2 de octubre
Dejémoslo así. Yo creo que esto me hace bien, me afirma. Por eso me alegro y extraigo nuevas fuerzas para seguir luchando por mi recuperación, eso que parece tan distante y difícil, si no imposible de lograr. Desde luego, avanzaría mucho más rápido si no encontrara tajantes oposiciones en ciertos núcleos del mundo exterior; bien sé que cada paso que doy tendiente a afirmarme, es severamente castigado desde afuera. Pero sigo luchando, y triunfaré.
2 de octubre
Me sigue preocupando el problema de la fabricación de sonido en la computadora. Es un problema doble. Por un lado, no termino de comprender la función de cada uno de los tres valores que intervienen en la producción de cada sonido; por otro lado, aun dominando la selección de notas, no consigo hacer con ellas verdadera música, ni siquiera una melodía muy sencilla. Tampoco manejo los ritmos, ni desde el punto de vista de la técnica de la computadora, ni desde el punto de vista musical.
3 de octubre
Hoy es un día de plafón bajo. Alicia no se siente bien, y es comprensible, ya que su empleada doméstica anunció abruptamente que hoy era su último día de trabajo aquí en la casa, pues había conseguido un empleo de oficina donde pasa a cobrar inicialmente casi dos veces y media lo que cobraba aquí. Esto es para nosotros una verdadera tragedia, similar a la muerte de un pariente o de un amigo íntimo. En fin, espero que el tiempo, que todo sabe cubrirlo con un manto de olvido, vaya poco a poco limando el dolor de esta enorme pérdida, aunque bien es sabido que no hay en este mundo ser nacido de mujer que pueda compararse a la buena, eficaz, sumisa, taciturna, inefable Antonieta.