El discurso vacío
8 de diciembre
El tema de la percepción de mi cuerpo es muy antiguo; arranca de la inmovilidad forzosa que tuve desde los tres años hasta los ocho o nueve, y en esa época aprendí a separarme del cuerpo y vivir en la mente. Eso se complicó más tarde con otros accidentes, y cada tanto he pasado por largos períodos de «vivir en la mente». En estos períodos el cuerpo parece existir sólo cuando duele, y aun así sé que tengo muchos trucos para eludir el dolor. Por ejemplo, cuando me quedo leyendo como anoche, recién al terminar de leer el libro comienzo a sentir los dolores y las contracturas de una mala posición prolongada. Entonces me siento culpable —por la hora que se ha hecho, porque sé que al otro día voy a estar con sueño y dolores, porque cada día veo menos y ya me supuran los ojos por el cansancio, y sobre todo por la conciencia de haber caído en esa especie de trance, de carecer de la fuerza de voluntad necesaria para producir un cambio en mis malos hábitos—. ¿Será realmente demasiado tarde para mejorar las cosas? Pienso que actualmente tengo escasos recursos; vendrían bien las famosas «motivaciones», pero por desgracia no las encuentro dentro de mí —y de afuera no cabe ya esperar ninguna.
8 de diciembre
Hoy leí en un periódico una nota acerca del «mal de la década del 90», el síndrome de fatiga crónica (SFC). Si bien no tengo todos los síntomas descriptos, tengo algunos de ellos. Se supone que el síndrome tiene relación con algún tipo de virus. De lo que no tengo dudas es de mi fatiga crónica, y con el SFC que describe la nota descubro similitudes especialmente en el terreno psíquico, en las modalidades que lo distinguen de una depresión común (por ejemplo, las ganas de realizar cosas, que no se pueden realizar por esa fatiga que lo ataca a uno desde que comienza a encarar la jornada, ya desde el momento de despertar). Como esto ha sido descubierto muy recientemente, no tengo forma de afinar el diagnóstico; deberé seguir tratándome como si lo que tengo fuera una depresión. Ayer comencé a tomar un antidepresivo. No he observado todavía ningún resultado, ni esperaba observarlo porque sé que demora unos días en hacer un efecto perceptible. La verdad es que quisiera salir de este estado de aplastamiento de una vez por todas. Puede ser que el psicofármaco ayude, pero ahora no veo un futuro claro, ni siquiera encuentro momentos de un presente aceptable.