El discurso vacío
24 de diciembre
Ahora, después de muchos días complicados, estoy nuevamente tratando de encontrarme a mí mismo, mediante estos ejercicios. Sé que el intento es más bien inútil, porque «esta noche es Nochebuena y mañana es Navidad», como dice algún tango (y me parece oír la voz de Gardel). Eso significa una serie de compromisos, invasiones, ruidos molestos, comidas malsanas o poco apropiadas para la época del año. Siempre había logrado huir de estas cosas con bastante éxito; la mayoría de las veces me las he arreglado para estar a solas, leyendo una novela policial o escribiendo algo, y ocasionalmente recurriendo a algún amigo (habitualmente judío) para pasar juntos por este mal trago, comiendo razonablemente y manteniendo algún diálogo razonable. Pero actualmente no soy «el artífice de mi propio destino», como solían aconsejar los antiguos manuales para desarrollar la personalidad, sino que estoy atado a la voluntad omnipotente de una mujer a su vez totalmente atada a las convenciones sociales, una especie de militante de la vigilia, una mujer solar (yo soy un hombre lunar). Me pregunto cuánto tiempo más seguiré tolerando esta forma de «vida», en la cual se ven desplazadas, postergadas indefinidamente, olvidadas —cuando no maltratadas— las cuestiones esenciales, profundas, verdaderas, auténticas ——las razones por las cuales hemos sido creados. Me pregunto cuánto tiempo más seguiré esperando y desesperando. No estoy en una edad en que pueda permitirme el lujo de esperar demasiado —y hace ya demasiado tiempo que no me encuentro conmigo mismo. Felices Fiestas.