El discurso vacío
El discurso
Es indudable que la modalidad de Alicia la hace mucho más eficaz que yo. A menudo la envidio por esa aparente facilidad para resolver imposibles. Ahora bien: de los momentos de mi vida en que yo he desarrollado similar modalidad y similar eficacia, he extraído la experiencia de que esa eficacia práctica tiene un alto precio espiritual. … (interrupción)…
La modalidad eficaz implica desarrollar demasiado el sector práctico de la mente, en una especie de militarización del ser. Los problemas pasan a ser enemigos que enfrentar (y eventualmente destruir), y no amigos que incorporar. Los problemas, en esta modalidad, son encarados frontalmente y resueltos, no de la manera que conviene naturalmente al problema, sino de la manera que «a mí» me parece más rápida, económica y conveniente en ese momento. Hay como una falta de respeto por el problema —como esa falta de respeto que hay por la naturaleza cuando se poda la copa de un árbol en forma geométrica.
Esto no es bueno para el espíritu y, tampoco, a la larga, esa eficacia es auténtica eficacia. Cortamos el hilo en lugar de desatar pacientemente el nudo; luego, ese hilo no lo podemos volver a utilizar. La modalidad práctica irrita a la modalidad zen, y viceversa. Así es como vivimos con Alicia irritándonos mutuamente, y las cosas se van haciendo de cualquier manera, y ninguno de los dos tiene al fin una idea clara de cómo se tienen que hacer las cosas. Alicia piensa que debemos mudarnos lo antes posible, y yo pienso que debemos mudarnos en las mejores condiciones posibles, y esta contradicción crea el torbellino.
EL DISCURSO
4 de diciembre