El discurso vacío

Mario Levrero · Capítulo 40 de 84

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El discurso vacío

9 de diciembre

Creo que, sea lo que fuere, mi mal, si no es causado por, al menos se agrava con la hiperactividad de Alicia y sus ausencias, en los últimos tiempos cada vez más prolongadas (me refiero a sus ausencias de la relación conmigo, a su manera de rellenar el tiempo sin dejar resquicios, no necesariamente a las ausencias que implican estar fuera de casa). Cada vez más los plazos se estiran, y nunca llega el día de comenzar a «vivir juntos».

 

9 de diciembre

Sigo esperando los efectos del psicofármaco; si los hay en estos momentos, son por completo negativos. No me siento nada bien, y aun se han agravado síntomas y malestares. Veremos cómo evolucionan las cosas en los días siguientes, pero sigo pensando que las circunstancias tienen tanto peso en este asunto, que difícilmente pueda esperarse algo de un trabajo unilateral sobre mí mismo. Es como estar sumergido en un charco de agua venenosa. Si no cambia el entorno, es muy difícil que yo pueda encontrar fórmulas para superar mi estado. No sé por qué las cosas se dan así. Es posible que exista una incompatibilidad básica, que no podemos o no queremos ver. Pero el hecho es que pasa el tiempo y que las cosas, lejos de resolverse o de armonizarse, se complican y se extremizan más. La compra de la casa, los arreglos que debemos hacer en la casa, la mudanza próxima, exasperan más la situación. Sin embargo todo es subjetivo: no hay plazos impuestos desde afuera. Alicia imprime su propio ritmo a los pasos previos a la mudanza, un ritmo que yo no puedo seguir. Todavía no he podido poner en práctica mi sistema de «situarme» idealmente en la nueva casa e imaginar su funcionamiento. Para mí esta es una condición indispensable, pero no sé si ahora podré lograrlo porque todo está en marcha, porque Alicia tomó las riendas, porque la casa va tomando formas que no fueron «vividas» por mí (ni por nadie), porque todo eso se me impone —como también aquí, en esta casa, se me imponen ritos y formas de vida que yo no he tenido oportunidad de examinar—. Lo que se hace no surge de una necesidad real, no es necesario, sino que hay un patrón, una forma abstracta que se aplica como si fuera una fuerza sobrenatural operando en todos nosotros.