El discurso vacío

Mario Levrero · Capítulo 80 de 84

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El discurso vacío

6 de septiembre

En estos momentos tendría que estar almorzando, pero considero estos ejercicios de aflojamiento y letra cuidada algo de vital importancia para mi salud psicosomática, de modo que, como más tarde me veré enredado como siempre en una cadena de acontecimientos ajenos a mí y no tendré unos minutos con la calma imprescindible/imprescindible (repito la palabra porque he notado que en las palabras largas tiendo a apresurarme y a descuidar la calidad del trazado de las letras); calma imprescindible, decía (y lo vuelvo a escribir: imprescindible) para la inmensa concentración mental exigida por este tipo de ejerc ejercicios, resolví darle prioridad a esta ocupación y postergar, no sin sacrificio, mi almuerzo. H H Ha sido una frase larga y compleja, la que termino de escribir. Noto, regocijado, que hoy me resulta más fácil mantener un cierto relax de los músculos de la mano y del brazo que no deben actuar mientras estoy escribiendo y que, al mismo tiempo, mi letra es bastante pareja (en relación relación a los días anteriores, cuando recién comenzaba esta nueva modalidad). Ahora debo extender el relax —poco a poco— al resto del cuerpo cuerpo cuerpo, lo cual no va a ser fácil.

 

7 de septiembre

Concentración. Relax. Atención al trazado de las letras y atención a los músculos. Deben trabajar solamente aquellos indispensables para sostener la birome y dirigir dirigirla en el trazo, es decir, los músculos del pulgar, índice y mayor de la mano derecha, de la muñeca (que afectan al parecer al dedo meñique) y del antebrazo, que debe deslizarse lentamente sobre la superficie del escritorio. Los bíceps también hacen alg algún trabajo (los siento), pero no sé hasta qué punto deben hacerlo, o si es sólo una contracción indebida. El resto de los músculos del cuerpo debería estar flojo, pero no lo está. Eso se llama tensión, y eso es lo que debo procurar corregir, mientras la mano se va va automatizando en su reposado accionar. Hace ya demasiados años que no consigo aflojarme, al menos no con la profundidad con que solía hacerlo.