El discurso vacío
21 de noviembre
Ya que he recibido justas críticas a mi letra de los últimos días, hoy trato de poner lo mejor de mí mismo para conseguir una letra elegante, esbelta, grande y legible. Hay algo en el clima de Colonia que es verdaderamente maligno y desorganiza el sistema nervioso. Hoy me levanté temprano y salí antes del mediodía a hacer unos mandados y (esto lo traigo a colación por lo de la letra «esbelta») sentí el cuerpo monstruoso y desorganizado, como si me hubiera transformado en una especie de sapo con la barriga horriblemente hinchada, movido trabajosamente por unas patas cortas y gruesas aunque débiles. Caminar tres o cuatro cuadras en este clima tormentoso y en esta ciudad es una tarea de cíclopes. La desesperación se pega a la piel, como el calor pegajoso. No se puede pensar en otra cosa que en encontrar algún lugar oscuro y fresco para tirarse allí y dejar que pase la vida. Como dice Juan Ignacio, «es una lucha».
Pero ya no estoy poniendo lo mejor de mí mismo en la letra; me distraigo con los temas y me olvido del dibujo. No puedo atender ambas cosas al mismo tiempo. Ahora sí, estoy pensando exclusivamente en las palabras que dibujo. De modo que no intentaré otra cosa que dibujar. Nada de dejar entrar pensamientos ajenos a lo que es el dibujo de la letra. Es aburrido. No se me ocurre qué escribir, como no se le ocurre a uno qué decir cuando le ponen un micrófono por delante y le piden que diga cualquier cosa. Parece que la función de escribir o de hablar es por completo dependiente de los significados, del pensar, y no se puede pensar conscientemente en el pensar mismo; de igual modo no se puede escribir por escribir o hablar por hablar, sin significados.
22 de noviembre
Ayer pude advertir que los días en que la letra se me desarregla coinciden con un notable incremento en la cantidad de cigarrillos que fumo; conclusión, la mala letra se debe a la ansiedad. Queda por averiguar ahora las causas de la ansiedad, cosa que no sería fácil de no mediar un sueño que tuve el otro día. Hay en ese sueño, en algún tramo del sueño, una historia borrosa que tiene relación con la guerra y con soldados o policías de los cuales yo debía ocultarme. Pero la trama principal se desarrolla en torno al tema de unas bicicletas que mis padres estaban dispuestos a vender, y que eran mías.