El discurso vacío
5 de septiembre
Esta historia desvió mi atención de los músculos y del dibujo dib dibujo cuidadoso de las letras; no debo apasionarme con el afán de relatar, sino dar prioridad a lo que constituye la razón de ser de estos ejercicios. Por lo menos hoy he logrado aflojar bastante los músculos y comenzar la percepción discriminada de aquellos que deben aflojarse y aquellos que no.
5 de septiembre
Tengo una buena excusa para el hecho de haber abandonado durante unos días estos ejercicios (en su atractiva, promisoria nueva modalidad relajada), ya que debía preparar de urgencia el armado de un libro de relatos —pero me estoy distrayendo del correcto dibujo de las letras.
Preparar este libro de relatos, estaba por decir, significó un absorbente y casi diría angustiante trabajo de selección de materiales, algunos perdidos desde hace años en sobres que contienen otras cosas; de toma de decisiones (este va, este no va; prefiero esta versión que esta otra, etcétera), de búsqueda de datos de publicaciones anteriores (si las hubo), de fotocopiado de la forma final que di a algunos textos, etcétera: todo ello en un plazo mínimo, algo así como tres días. Pero ya me distraje otra vez del trazado de la letra.
Ahora debo prestar cuidadosa atención a la letra —por favor: a cada una de las letras— y al mismo tiempo atender a los músculos que debo tensar y a los que debo aflojar. Como me resulta imposible atender simultáneamente a todo, debo conseguir una atención oscilante, entre entre una y otra cosa ——hasta que un día, digo yo, las acciones se vuelvan automáticas (es decir, la letra pareja y el relax relax selectivo). Mientras tanto se trata de practicar y practicar, y aunque no creo poder hacer hacer más que mi habitual hoja diaria, por lo menos que sea diaria, sin saltarme ningún día, como suelo hacer hacer ante la solicitud de cosas exteriores que muchas veces se presentan como urgentes e imprescindibles, y que desde luego rara vez lo son. Por hoy, suficiente; pero volveré.