El discurso vacío
27 de marzo
En este ejercicio de hoy he puesto cuidado en hacer una letra legible, pero todavía estoy muy lejos de la paciencia y de la capacidad de concentración necesarias para alcanzar el resultado que me he propuesto.
27 de marzo
Volvió el zumbido, con su máxima intensidad. Es algo muy curioso. Ya es la segunda vez que sucede: vienen los operarios y arreglan las cosas, y ese arreglo dura exactamente veinticuatro horas. Lo único que se me ocurre es asemejar esto con el problema del ruido de la heladera de casa. A veces, una chapa suelta comienza a vibrar con el movimiento del motor, y multiplica hasta hacerlo intolerable lo que habitualmente es un suave ronroneo. Entonces voy y coloco un cartón, en una posición adecuada entre la chapa suelta y el cuerpo de la heladera, de modo de impedir el golpeteo. Pero después de unos días o de unas horas, la propia vibración va corriendo de lugar ese cartón que puse, y finalmente queda en un lugar donde ya no tiene ninguna utilidad para impedir el ruido, y todo recomienza. Se me ocurre que algo similar debe suceder con estas máquinas de la subestación; los obreros deben venir y hacer un arreglo chapucero, no muy distinto del mío en la heladera; luego, las mismas vibraciones anulan el arreglo. La solución debe ser definitiva; en la heladera bastaría con colocar unos tornillos. Con estas máquinas, no sé cuál será la solución, pero debemos insistir en reclamar. No es posible vivir en estas condiciones.
1.° de abril
Ahora Juan Ignacio está en la práctica de fútbol, Alicia trabajando, la empleada en su casa (o donde sea; por lo menos no está aquí); ahora los invitados de Semana Santa se han retirado; ahora son las 19:30 y no hay zumbido que brote de las paredes, y he logrado dormitar unos minutos; ahora ya he caminado por la playa con Alicia, y sentido el deterioro de mi cuerpo; y he desayunado y almorzado y tomado la merienda y me he lavado los dientes tres veces; ahora está fresco, agradablemente fresco; ahora el perro no ladra y nadie llama a la puerta; ahora la jornada culmina, o está por culminar, para mucha gente; ahora puedo sentarme a mi escritorio y, después de tantos días de inactividad total, puedo intentar de nuevo estos ejercicios.