El discurso vacío

Mario Levrero · Capítulo 68 de 84

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El discurso vacío

25 de marzo

Ayer me he saltado los ejercicios. Hoy resuelvo retomarlos a pesar de las condiciones climáticas, aun peores que las de ayer —pero en este momento no hay zumbido perceptible, salvo el de mis propios oídos, un zumbido chillón que percibo a menudo dentro de mi cabeza cuando estoy falto de descanso—. En cuanto al descanso, desde que comenzó el zumbido proveniente de la vecina subestación, se me ha hecho bastante difícil e irregular. Esto me vuelve sumamente irritable y malhumorado, desganado e incapacitado para realizar las cosas más sencillas.

También me he tenido que conformar con dormir a salto de mata, cuando algún lugar libre de zumbido queda a su vez libre de gente. Todo esto es muy perjudicial para la salud. Mi principal refugio es la lectura, la mayor parte de ella libros que ya he leído varias veces. La lectura me permite aislarme un poco del zumbido y eludir la percepción de mi propio malestar; también debo aislarme del bullicio y el desorden de esta casa, la que, por causa entre otras cosas de mi pobre estado de ánimo, no ha podido ser organizada mínimamente, y tampoco lo han hecho los otros que habitan o trabajan aquí. Anoche soñé que vivía y dormía en un ómnibus interdepartamental, lo cual no es una mala imagen de mi inestabilidad, de la inseguridad que me provoca esta situación. Y ahora viene la Semana Santa, o de Turismo, y desde luego toda la actividad del país queda paralizada, de modo que la persecución de soluciones también entra en receso.

 

25 de marzo

Hoy es un día raro, en muchos sentidos. Por ejemplo, el clima atmosférico, muy revuelto e inestable, como si coexistiera el verano con el otoño; hay frío y calor, diferentes presiones, todas cosas que desconciertan al cuerpo y producen un malestar indefinido. Por otra parte, hoy me desperté con la noticia de que se ha cometido un asesinato en Colonia, en uno de los amables parajes que solemos frecuentar. Una cosa es el asesinato en la novela policial, y muy otra cosa en la vida llamada real. No es agradable la idea de estar viviendo en una ciudad pequeña y confiada, muy desprotegida, con un asesino suelto. O con varios, ya que la víctima es una mujer y se sospecha violación. Otro de los motivos que vuelven raro al día es la noticia de que probablemente se publique un libro mío en Bélgica, y más rara aún la noticia de que tal vez paguen un interesante adelanto por los derechos.