El discurso vacío

Mario Levrero · Capítulo 56 de 84

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El discurso vacío

6 de enero

Los Reyes Magos no me trajeron un carajo. Tendré que arreglármelas solo en la vida. (Esta frase esconde, tras su apariencia chusca, una profunda verdad.)

Anoche tuve un sueño de lo que ahora es ya innegablemente una auténtica serie —la serie de los sueños con grupos de personas desconocidas. El primero fue en Buenos Aires, los demás, dos o tres más, aquí en Colonia. Creo que todos ellos refieren, entre otras cosas por supuesto, al hecho real de vivir entre extraños, como en un exilio.

Se trataba de una excursión. Salíamos de cierto lugar, y me presentaban a una joven desconocida, llamada Cristina. Luego, junto a una cantidad de gente, nos trasladábamos en un carro tirado por un caballo. La única persona que yo conocía de todas las que viajaban (siete, ocho o más) era Jorge, un profesional amigo de Alicia, y él parecía ser un invitado especial en este viaje. De ahí en adelante yo tenía un papel secundario en el sueño, como en último plano. Todos parecían tener un propósito definido, que yo ignoraba.

 

(segunda hoja)

Yo mismo me quedaba en ese segundo plano, sin preguntar, dejándome llevar y cumpliendo además un papel protector hacia la tal Cristina, quien por momentos aparecía muy joven, casi una niña.