Pelham 123

John Godey · Capítulo 99 de 120

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Pelham 123

El comisario del distrito

Steever sostenía a Longman, rodeándole la cintura con un brazo, y limpiaba con un pañuelo la parte delantera de su abrigo. Longman parecía enfermo. Su cara había palidecido, y tenía los ojos irritados y llorosos.

—Desabróchale el abrigo —ordenó Ryder.

Longman se había quedado sin fuerzas, y Steever le desabrochó los botones de su abrigo. Cuando Ryder se acercó a él con el chaleco, pareció como aterrorizado.

—¿Yo? —dijo Longman—. ¿Por qué yo?

Y Ryder se dio cuenta de que su miedo ya no era racional y de que el hombre se asustaba de cualquier cosa.

—Eres el más delgado. Dos chalecos debajo de tu abrigo no se notarán. Separa los brazos.

Al pasar el cinturón y sujetarlo, Ryder casi no pudo soportar el hedor del vómito y el pánico del otro. Pero siguió trabajando metódicamente, percibiendo el temblor del sudoroso cuerpo de Longman. Cuando hubo asegurado el chaleco, abrochó el abrigo de su compañero.

Steever dijo, como sin darle importancia:

—El tren ha saltado.

—Sí —dijo Ryder. Miró a Longman—. Está bien. Creo que podemos subir.

 

El comisario del distrito

—Ese breve recorrido que hicieron en dirección a Union Square —dijo el comisario del distrito— no estaba en el programa. Me preocupa.

Corrían hacia la parte baja de la ciudad, con la sirena aullando, mientras el tráfico se desviaba hacia las aceras.

El jefe de Policía seguía su propio razonamiento:

—Saben que podemos seguir todos los movimientos del tren. Saben que cubrimos el terreno palmo a palmo en la superficie. Pero esto no parece preocuparles. No pueden ser tan estúpidos; por consiguiente, deben de ser muy listos.

—Sí —dijo el comisario del distrito—. Lo mismo pienso yo. Ese movimiento hacia Union Square... Dijeron que lo hacían para alejarse de la Policía apostada en el túnel. ¿Qué puede significar?

—Que no les gustan los policías.

—Sabían que estábamos en el túnel y no parecía preocuparles. ¿Por qué había de inquietarles después?

El comisario del distrito hizo una pausa tan larga, que el jefe de Policía dijo, con impaciencia: