Pelham 123

John Godey · Capítulo 80 de 120

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Pelham 123

El Centro de Control

En el Centro de Control se produjo una gran excitación cuando un operador, sentado a una mesa del IND, declaró tranquilamente que creía saber cómo pensaban evadirse los secuestradores.

—Emplearán el viejo túnel de Beach —dijo.

Esta declaración despertó inmediatamente el interés de sus compañeros. En atención a quienes querían saber qué diablos era el viejo túnel de Beach, el hombre se pasó el cigarro a una comisura de la boca, para poder hablar con claridad, y lo explicó. En 1867, un tal Alfred Ely Beach, provisto de una licencia de ferrocarriles o de otros requisitos legales, arrendó los sótanos de un edificio de Broadway y Murray Street y procedió a construir el primer Metro de Nueva York, un túnel que se extendía sobre una distancia de 94 metros hasta Warren Street. Metió un solo vagón en el túnel y lo hizo funcionar arriba y abajo, por medio de aire comprimido. El público fue invitado a dar un paseo, pero mostró poco interés, y el proyecto no siguió adelante.

—El tren local de Lex pasa precisamente junto al viejo túnel —dijo el operador —. Esos tipos se meten en él, se esconden y...

El jefe de servicios del IND, que había estado escuchando, se llevó también el cigarro a un lado de la boca y dijo:

—Ese viejo túnel desapareció hace por lo menos setenta años. Lo destruyeron cuando empezaron a construir el primer Metro de verdad, en 1900, poco más o menos. No parece una teoría muy probable.

—Lo admito —dijo el operador—. Pero el hecho de que no sea probable no quiere decir que no sea posible. ¿Tiene pruebas de lo que ha dicho?

—¡Pruebas! —exclamó el jefe, de servicios—. Algunos de los ladrillos auténticos del viejo túnel de Beach se utilizaron en la construcción de la pared del túnel del IRT. La próxima vez que pase por allí, mire por la ventanilla, y verá les viejos ladrillos.

—Jamás he mirado por la ventanilla de un Metro —dijo el operador—. ¿Qué se puede ver?

—Los ladrillos del viejo túnel de Beach.

—Bueno, fue una idea —dijo el operador, pasándose de nuevo el cigarro al centro de la boca.

—Lo mejor es que vuelva a su trabajo —dijo el jefe de servicios.