Pelham 123
Clive Prescott
En cuento al propio Berry, esperaba que apareciese el jefe. Cuando éste salió de la cabina, se limitó a ponerle una zancadilla, y el jefe rodó por el suelo, soltando el arma. Él alargó una mano para cogerla, pero el viejo fue más rápido. Levantó la metralleta y apuntó al pecho del jefe.
—No dispare —le dijo Berry, con voz pausada—. Déjelo para mí.
El jefe se levantó y arremetió contra él, blandiendo los puños. Berry midió fríamente la distancia y le largó un derechazo perfecto. El jefe se derrumbó, dio un par de vueltas y permaneció inmóvil. Los pasajeros aclamaron a Berry y lo llevaron en hombros, en un desfile triunfal, por el pasillo del vagón...
Berry respiró profundamente, agotado por la turbulenta acción, y pensó: «La fantasía es buena para la supervivencia. Un hombre es hombre, sin que tenga que enfrentarse con la muerte para demostrarlo.»
Clive Prescott
—Pelham Uno Dos Tres. Hable, Pelham Uno Dos Tres —dijo Prescott, con voz temblorosa por la emoción.
—Pelham Uno Dos Tres a Centro de Control. Le escucho.
La voz del jefe era tranquila y pausada, como siempre.
—El dinero ha llegado —dijo Prescott—. Repito: el dinero ha llegado.
—Sí. Está bien. —Pausa—. Ha llegado en el último segundo.
La simple declaración de un hecho. Sin la menor emoción. Prescott se irritó al recordar el temblor de la voz del subinspector jefe al darle la información y de su propio sentimiento de alivio, que le había dejado tembloroso. Pero el jefe estaba inmunizado contra los sentimientos. Tenía agua helada en vez de sangre. O era un psicópata. Tenía que ser un psicópata.
—Si hubiésemos tardado otro segundo —dijo Prescott—, ¿habría matado a una persona inocente?
—Sí.
—Por un segundo. ¿Tan poco vale una vida?
—Ahora le daré instrucciones para la entrega del dinero. Tienen que seguirlas al pie de la letra. Responda.
—Le escucho.
—Quiero que dos policías vengan por el túnel. Uno de ellos, traerá el saco con el dinero; el otro, una linterna encendida. Repita.
—Dos policías; uno, con el dinero, y el otro. con una linterna. ¿Qué clase de policías? ¿De Tráfico, o del DPNY?
—Lo mismo da. El que lleve la linterna la hará oscilar continuamente a un lado y otro. Cuando lleguen al vagón, se abrirá la puerta posterior. El que lleve el dinero, arrojará el saco sobre la plataforma del vagón. Después, ambos volverán andando a la estación. ¿Entendido?