Savage

Jess GR · Capítulo 99 de 118

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Savage

Capítulo 49

 

Levi

 

Me siento cansado. He trabajado ocho horas seguidas, y la verdad es que sienta… increíblemente bien. Echaba de menos el Eternity, lo olores, la música estridente, el bullicio. Aunque admito que es una putada no poder ver a Brooke pululando por el local. Ahora solo está Trish, y por la forma en la que se ha mantenido toda la noche alejada de la barra en la que Zane y yo hemos trabajado, juraría que no tiene demasiadas ganas de verme.

—¿Crees que algún día Trish volverá a tratarme como antes? —⁠le pregunto a Zane. Estamos terminando de recogerlo todo antes de marcharnos.

—¿Por qué dices eso? Ya sabes que se hace la dura, pero en el fondo ella sabe que tú no tuviste la culpa de lo que le pasó a Donovan.

—No es eso lo que parece —murmuro señalándola.

Zane la sigue con la mirada y comprueba por sí mismo cómo se escaquea entre el resto de empleados y sale del club sin ni siquiera despedirse.

—No te lo tomes como algo personal —comenta tras resoplar—. Es de mí de quien huye. —⁠Eso llama mi atención. Me giro hacia él y lo miro expectante cruzándome de brazos—. ¿Qué? Sigue trabajando.

—No hasta que me lo cuentes. ¿Qué ha pasado con Trish?

—Ha pasado que eres una mierda de amigo dando consejos. Hice lo que sugeriste y me lancé.

—¿Y? ¿Qué pasó? ¿Cómo reaccionó?

—¿No la has visto? —Señala hacia la puerta por donde acaba de salir la pelirroja⁠—. No me habla, ni siquiera me mira. La he cagado, y todo por hacerte caso.

—Vale, antes de mandarme a la horca, ¿puedes explicarme qué fue exactamente lo que hiciste?

—Pues lo que tú sugeriste. Esta mañana, después de estar contigo, fui directamente a su casa. Nada más abrir la puerta me abalancé sobre ella y la besé. Al principio todo fue genial, ella cooperaba, me devolvió el beso. Sin embargo, no tardó en apartarme y mirarme como si me hubiese vuelto completamente loco.

—Cuando dije que te lanzaras no me refería a que lo hicieras tan literal. ¿Le dijiste al menos lo que sientes por ella?

—Sí. —Resopla y se muerde el interior de la mejilla de manera nerviosa⁠—. Empecé a vomitar palabras. Se lo dije todo, que la quiero desde siempre, que quiero pasar el resto de mi vida con ella… Todo.

—Mierda, no me extraña que esté tan esquiva. La has asustado. Creí que yo era la persona menos sutil del universo, pero ya veo que tú me ganas.

—Es que no pude evitarlo. Llevaba tanto tiempo guardándome todo eso, que salió todo junto.

—¿Y ella qué hizo?

—Me cerró la puerta en la cara. —Aprieto los labios para contener una carcajada y Zane me señala con el dedo de manera amenazante⁠—. No tiene ni puta gracia. No supe qué hacer, así que me marché, y ahora no me habla.

—Es que ni siquiera llegaste a entrar en su casa —⁠le digo, dejando por fin que la risa se apodere de mí—. Tienes el tacto de una estampida de rinocerontes. Vale, ahora déjala en paz unos días para que digiera toda esa información y después vuelves a la carga.

—¿Carga? ¿De qué hablas? ¡Pasa de mí! No siente lo mismo que yo, y no voy a seguir haciendo el ridículo.

—No digas tonterías. Ridículo es no tener pelotas para hacerte cargo de lo que sientes. No te rindas ahora. Deja que sea ella quien te diga si tienes o no posibilidades.

—Bueno, ¿y tú desde cuando eres el doctor Amor? Te recuerdo que tu única relación seria te encargaste de cargártela a base de mierda.

—Eso ya lo sé, pero aquí estoy, luchando por recuperar a la mujer que amo. Si yo no me rindo, tú tampoco. ¿Entendido?

—¿Cómo lo llevas? ¿Has hecho algún avance?

—Oh sí, hoy he conseguido que me amenace con mandarme a la mierda si sigo intentando un acercamiento entre ambos.

—¿Y vas a hacerle caso? —inquiere alzando una ceja.

—¿Tú qué crees? —Niego con la cabeza sonriendo de medio lado⁠—. Voy a hacer que me ame de nuevo. Me va a costar, pero sé que al final lo conseguiré. Solo es cuestión de tiempo y constancia, y a cabezota no me gana nadie.

—Estás muy jodido, tío —dice palmeando mi hombro⁠—. Al menos me queda la satisfacción de saber que tú estás peor que yo.

—Serás cabrón… —señalo entre risas.

Volvemos a nuestras tareas y no tardamos en dejarlo todo listo. Poco a poco todos los empleados se marchan y Zane y yo nos encargamos de cerrar el local.

Estamos caminando por el aparcamiento a punto de llegar a su coche, y seguimos comentando nuestros próximos movimientos con las chicas, cuando veo a Tobby dirigirse hacia mí escoltado por dos de los matones de Jax.

—¿Ese es…? —susurra mi amigo.

—No. Es uno de sus hombres. Espérame en el coche. Iré enseguida.

—¿Estás seguro? Puedo quedarme contigo si quieres.

—Sí, tranquilo. No pasará nada —afirmo.

Tras echar un último vistazo a Tobby, que casi ha llegado a mi lado, Zane se marcha en dirección al coche.

—Hola de nuevo, Savage —saluda Tobby.

—¿Le diste mi mensaje a Jax? —Asiente—. ¿Y? ¿Cuándo podré verlo?

—Me ha pedido que te entregue esto. —Me tiende un sobre.

Al abrirlo, compruebo que está lleno de bolsas transparentes rellenas de polvo blanco, seguramente cocaína.

—Mis socios quieren mucho más que unos gramos. ¿Qué se supone que voy a hacer con esto?

—Vas a llevarlo a un lugar específico. ¿Tienes teléfono móvil? — ⁠Asiento —. Bien, en el interior del sobre también hay una tarjeta SIM, ponla en el teléfono y espera instrucciones. Te enviaré el lugar y la hora donde tienes que hacer la entrega.

—Espera… Creo que no me has entendido. Yo no quiero ser el puto recadero de Jax. Le estoy ofreciendo un negocio muy lucrativo para ambas partes.

—No, el que no lo entiende eres tú. Jax no se fía de ti. Si quieres trabajar con él, debes probar tu lealtad. Recuerda que la última vez estuviste a punto de delatarlo.

—Pero no lo hice. Me comí seis putos años de cárcel sin abrir la boca. Creo que eso ya prueba mi lealtad.

—En realidad, no. Si mantuviste la boca cerrada fue porque él amenazó a tu chica. Ahora no hay nada que le impida ir a por ella, así que ten mucho cuidado con lo haces. —⁠Tobby resopla y se acerca más a mí para que los dos gorilas no puedan escucharlo—. Ten cuidado, muchacho. La única razón por la cual la rubia, el crío y las dos niñas siguen respirando, es porque has despertado la curiosidad de Jax con ese supuesto negocio. No te confíes y ante todo, no cometas ningún error o tú y toda tu familia terminaréis en el fondo del mar atados a un jodido bloque de cemento.