Savage

Jess GR · Capítulo 33 de 118

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Savage

Capítulo 18

 

Brooke

 

—Brooke, ¿me estás escuchando?

—¿Perdón? —Miro hacia Andrew y este chasquea la lengua contrariado⁠—. Estaba distraída.

—Eso ya lo he notado —dice mostrando su sonrisa creída y petulante.

Le doy un trago a mi copa de champán y vuelvo a mirar el reloj. ¿Cuánto tiempo más tendré que quedarme? Ya terminamos de cenar hace más de una hora y ahora tengo que aguantar al hijo del socio de mi padre mientras ellos y nuestras madres parlotean sin parar.

Me pregunto qué estará haciendo Levi. ¿Estará en casa? ¿Pensará en mí? Mierda, lo he vuelto a hacer de nuevo. Se supone que no tendría que estar pensando en él, solo que no puedo evitarlo. Soy incapaz de sacarme de la cabeza nuestro encuentro de antes, lo que sentí, la forma en la que nos besamos, y cuando me confesó que alberga sentimientos hacia mí… Joder, tengo que parar ya mismo.

—¿Qué decías? —Intento centrar toda mi atención en Andrew, aunque no resulta sencillo. El pobre es más aburrido que una partida de ajedrez retransmitida por radio.

—Te preguntaba si este verano vendrás a navegar con nosotros. El año pasado te echamos de menos.

—No creo que pueda. Tengo que trabajar —contesto encogiéndome de hombros.

—Oh, sí, tu club —dice poniendo una mueca de desagrado⁠—. Podrías cogerte unas vacaciones.

—Es complicado, pero lo intentaré —respondo con una falsa sonrisa y él asiente.

Obviamente no voy a intentar nada. Con esta reunión familiar ya tengo suficiente para varios meses. Lo que menos me apetece es irme de vacaciones con mis padres y los Burke.

—Brooke, cielo, ven aquí un momento. —Aprovecho la oportunidad para poner algo de distancia entre Andrew y yo y voy rápidamente hacia mi madre. Me siento en el sofá a su lado e instalo mi sonrisa ensayada en mi cara⁠—. Cariño, le estaba comentando a Sarah que tal vez podríamos ir de compras un día de estos las tres juntas.

—Claro —susurro. Tengo tantas ganas de salir con mi madre y su amiga como de que me arranquen las uñas de los pies con unos alicates, pero lo que se espera de mí es que diga que sí⁠—. Cuando gustes, madre.

—Me sorprendió mucho verte esta noche, Brooke — ⁠señala Sarah Burke. Se atusa su pelo excesivamente repeinado hacia un lado y sonríe—. Últimamente andas desaparecida.

—Tengo mucho trabajo —contesto de manera evasiva ⁠—. Por cierto, creo que tengo que irme ya. Se está haciendo tarde y quiero aprovechar para descansar. Es mi única noche libre en la semana.

—Hija, ¿por qué no te quedas a dormir aquí? —⁠Aunque parece una pregunta, su tono de voz denota algo muy distinto. Mi madre prácticamente me está dando una orden.

Justo en ese momento, algo dentro de mí se rebela. Pienso en Levi, en la forma en la que me miró por última vez cuando me fui. Estaba dolido, torturado, suplicándome con los ojos que no me marchara, solo que en ese momento estaba demasiado asustada para hacerlo. Necesitaba huir de él y de lo que me hace sentir cuando me toca, cuando me mira, cuando estamos juntos.

—Gracias, madre, pero prefiero irme a mi casa —⁠digo con voz firme y segura.

A nadie le pasa desapercibido la mirada incrédula que me lanza, así que no le doy tiempo a replicar. Me despido con un par de besos y me acerco a mi padre que sigue hablando con su socio mientras beben y fuman.

—¿Ya te vas? —me pregunta frunciendo el ceño al darse cuenta de mis intenciones.

—Sí, tengo que descansar. Mañana trabajo toda la noche. —⁠Veo como aprieta los labios con fuerza y asiente contrariado, aunque no dice nada.

Tras despedirme de él, de Mathew y Andrew, salgo de la casa de mis padres y suspiro al entrar en el coche. Son casi las dos de la madrugada. Si no hubiese asistido a esta soporífera cena, ahora mismo podría estar en mi cama durmiendo, o quizás con Levi. Una vez más vuelvo a pensar en él. Antes me costaba acudir a estos eventos familiares y fingir que lo pasaba bien, sin embargo, ahora no soy capaz de mentir, no desde que lo conocí. En mí ha cambiado algo. Ahora ya no me basta con aparentar ser feliz, necesito sentirlo, y lo más cerca que he estado en muchos años de esa felicidad ha sido en dos ocasiones, el otro día en mi despacho con Levi y nuevamente con él, hace tan solo unas horas, encerrada en el cuarto de las lavadoras.

Resoplo y arranco el coche sin poder dejar de darle vueltas. Tal vez estoy loca, pero… ¿y si me estoy equivocando? ¿Podría darle un cambio tan radical a mi vida? No estoy pensando solo en acostarme con él, pienso en estar con él de todas las formas posibles, y eso es algo que me aterra. Siempre he pensado que las relaciones no son para mí, Harvey es la prueba de ello, ¿por qué con Levi sería distinto? Además, él también es un hombre complicado. Tiene mal carácter, es maleducado, grosero, irrespetuoso, no cumple ninguna norma y se ha tomado como un reto el sacarme de mis casillas, pero por otro lado me enciende como nadie jamás lo ha hecho. Cuando estoy con él me siento bien, segura. En realidad, creo que lo que siento es que puedo ser yo misma, sin falsas sonrisas ni cortesía fingida. Solo yo, Brooke, la verdadera.

«¡A la mierda!» pienso pisando a tope el acelerador y saliendo a toda velocidad. Conduzco como una autómata todo el camino hasta llegar a casa. Ni siquiera me detengo a cerrar el coche. Necesito verlo, decirle que yo también siento cosas por él, que me gusta. Me precipito hacia la entrada golpeando despreocupadamente el suelo con los tacones con la mirada gacha. Recito en mi mente los pasos a seguir, tocar a la puerta de la habitación de Levi, abrirla y decirle lo que siento. Solo que mis planes se ven truncados en cuanto alzo la mirada y lo veo frente a mí, apoyado en el marco de la puerta principal, con los brazos cruzados sobre el pecho y con gesto serio. Va descalzo y solo viste con un pantalón de algodón y una camiseta de tirantes que deja los músculos de sus brazos al descubierto.

Abrumada, su mera imagen me llena el pecho de tanta emoción que duele. Avanzo dando traspiés y mis zapatos pisan el umbral.

Levi no dice nada. Cada centímetro de él está rígido de tensión mientras me mira.

—Levi, yo… —Mis palabras son engullidas por el movimiento de su mano al sujetarme la muñeca, me ciñe a su cuerpo y pega su boca a la mía. Lo envuelvo al instante y enredo mis dedos en su nuca tirando de su cabeza hacia abajo para poder besarlo con más intensidad. Nuestras lenguas se enredan en un beso tan profundo que ni siquiera me había dado cuenta de que ya estamos dentro de casa hasta que oigo la puerta cerrarse. Levi interrumpe el beso, se retira un poco y me quita la chaqueta deslizándola por mis hombros. La dejo caer al suelo llena de ansiedad, con los pechos hinchados, la piel ardiendo… Me sorprende una vez más comprobar que, solo con un beso y las expectativas de placer, ya estoy húmeda—. Levi… —⁠susurro. Necesito que en todo momento me toque. Deslizo la mano por debajo de su camiseta y noto en la palma la piel sedosa, dura y caliente—. Yo también…

Su dedo índice cubre mis labios y asiente.

—Lo sé —murmura bajando las manos hacia mi cintura. Tira de mí. Mis senos rozan deliciosamente su pecho y un escalofrío recorre mi cuerpo. Levi sonríe, plenamente consciente del poder que tiene sobre mí. Como reacción a su petulancia, mi mano empieza a deslizarse por el firme abdomen y no interrumpe el descenso. Escucho como coge aire mientras acaricio su entrepierna por encima del pantalón—. Lo supe en cuanto te miré a los ojos nada más llegar —⁠gruñe.

—¿Estamos haciendo esto de veras? —susurro contra su boca.

Me estruja la cintura con las manos y yo alzo la mirada hacia sus ojos, normalmente de un color gris plateado, solo que ahora son más oscuros, más centelleantes de deseo.

—Estamos haciéndolo de veras. No hay vuelta atrás. —⁠Roza suavemente mi mandíbula con sus labios hasta llegar a mi oreja—. Te voy a follar con tanta fuerza, me voy a meter tan dentro de ti, que no vas a poder librarte de mí nunca. Nunca.

Ante esas palabras siento una descarga eléctrica de pies a cabeza. Alcanzo su boca. Me encanta la sensación. Su manera de besar, como espero que sea su manera de follar. Sí, definitivamente Levi Scott es una mala influencia. Le chupo la lengua con fuerza y noto como se estremece. Su gemido me insta a seguir hasta que nos damos el beso más húmedo y sucio que he experimentado en mi vida. Levi arremete contra mí y mi espalda golpea la pared.

—¡Dios! —exclamo. No sé muy bien si por dolor o placer.

—No puedo esperar —dice sin aliento.

Asiento con la cabeza. Con mi pecho palpitando contra el suyo, diciéndole en silencio que yo tampoco puedo esperar. Noto sus manos ásperas en mis muslos mientras me roza la piel subiendo la parte inferior del vestido hacia la cintura. Con un gruñido casi animal, agarra la tela de mis bragas y tira hacia abajo. El ruido de la tela rasgándose y el súbito aire entre mis piernas incrementan el ardor entre nosotros llevándolo a un nivel inflamable. ¡Acaba de arrancarme las bragas! ¡Por todos los demonios! Esto va en serio.

Creí que me sentiría vulnerable, incómoda, aquí de pie con el vestido subido hasta la cintura y mi parte más íntima a su disposición, pero nada de nada. Lo único que siento es apremio.

Nuestras bocas colisionan de nuevo, muerden, lamen, mientras ambos alcanzamos la cinturilla de su pantalón y tiramos hacia abajo junto a los bóxers hasta los tobillos, dejando su miembro liberado. Al mirar, ahogo un grito. Es grande, pero eso tampoco es nuevo para mí. Su anchura es la que me deja estupefacta.

—Madre mía —suelto, sintiendo que la humedad entre mis piernas estimula mi ya excitado estado.

—Vaya, gracias. —Me lanza una sonrisa chulesca que me hace reír. Una risa que termina en jadeos cuando me sujeta las piernas y me penetra de una sola estocada.

—¡Levi! —grito debido a la placentera impresión mientas su palpitante calor me abruma. Tengo todos mis pensamientos, sentimientos y atención centrados en la sensación de su grosor dentro de mí, y respiro a duras penas mientras mi cuerpo intenta adaptarse y relajarse. Es como si todos mis nervios estuvieran inflamados y un cambio minúsculo entre nosotros suscitara una sacudida de deliciosa tensión de la que inmediatamente quiero más.

Levi sigue pegado a mí, resoplando mientras trata de recuperar cierto control. Mi cuerpo no quiere eso. Quiere más y ahora mismo. Empujo con las caderas y él me sujeta los muslos con tanta fuerza que me hace daño, pero no me quejo.

—Espera —dice con voz ronca—. Dame un minuto. Llevo siglos deseando esto, y eres alucinante, joder. Dame solo un minuto. —⁠Al oír su erótica confesión, aprieto los músculos interiores alrededor de su miembro y él aspira con brusquedad. Cabecea sorprendido clavando sus ojos en los míos —. Niña de papá, si vuelves a hacer eso, no voy a durar nada.

Niego con la cabeza y hundo los dedos en los músculos de su espalda.

—No importa. Muévete y nada más, por favor. Solo muévete.

Se le acabó el control. En cuanto levanta mis piernas, mi cuerpo sigue el ejemplo y envuelvo su cintura. Apretándome a él con fuerza, jadeo excitada mientras él me machaca contra la pared, penetrándome con dureza, entrando y saliendo de mi interior. El húmedo contacto de nuestras carnes espoleándonos hasta el clímax.

Su mano se desliza hacia el vértice de mis piernas, su pulgar presiona mi clítoris y me desmorono. Mi grito de liberación provoca el suyo, echa la cabeza hacia atrás, los ojos fijos en mí, los músculos tensos al soltar un gruñido gutural, mi sexo latiendo a su alrededor mientras se estremece en mi interior al llegar al orgasmo.