Savage

Jess GR · Capítulo 30 de 118

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Levi

—¿Qué? Yo no… Eso no tiene por qué ser así. Yo no quiero evitarte. Podemos tener una buena relación. Es más, llegué a pensar que ya la teníamos.

Su mirada se clava en la mía y niega con la cabeza.

—Yo no puedo ser tu amigo, Brooke —afirma.

Algo en mi pecho se contrae y me aplasta impidiéndome respirar. No quiere ni ser mi amigo. Eso es un rechazo en toda regla.

—Bien. —Carraspeo para aclarar mi garganta y desvío la mirada. No quiero que vea que estoy a punto de romper a llorar. ¡Seré idiota!⁠—. Supongo que en ese caso ya está todo dicho. No sé qué es lo que podemos hacer para arreglar esta situación, pero pensaré en ello.

—Brooke —lo escucho llamarme, pero no me giro⁠—. Brooke.

—Ahora te agradecería que me dejaras sola. Tengo que cambiarme para una cena importante.

—Brooke, mírame.

—Vete, Levi, por favor —murmuro con un hilo de voz.

—¡Maldita sea! —Siento sus dedos rodeando mi muñeca y me gira dando un fuerte tirón—. ¡Te estoy hablando, joder! —Alzo la cabeza de golpe y veo cómo se echa hacia atrás como si acabara de darle un puñetazo en la cara—. ¿Estás llorando? Yo no… —Sus manos cubren mis mejillas y secan el rastro de las lágrimas que he sido incapaz de contener—. Joder, niña de papá, no llores. Yo no merezco ni una de tus lágrimas. —Se acerca aún más mientras yo me mantengo inmóvil y pega su frente a la mía—. No soy bueno para ti. Soy un jodido delincuente y un egoísta, y tú eres… —⁠Cierra los ojos y mueve la cabeza unos centímetros para oler mi pelo—. Mierda, tú eres perfecta.

Trago con fuerza el nudo de emociones que se ha formado en mi garganta y coloco una mano sobre su pecho. Está caliente, noto como su corazón palpita con fuerza golpeando su caja torácica.

—Vete —repito.

Tras soltar un último suspiro, se aparta de mí y retrocede de espaldas sin dejar de mirarme. Nada más llegar a la puerta, cierra los ojos y aprieta la mandíbula, justo antes de dar media vuelta y salir a toda prisa de mi habitación.

 

Levi La he cagado. ¡Joder! ¡La he cagado, pero bien! Me he enamorado de ella. ¡¿Cómo ha pasado?! ¡¿Por qué?! No tengo ni idea, lo que tengo muy claro es que ha ocurrido. Lo supe en el mismo momento que vi sus ojos bañados en lágrimas y el dolor en su mirada. Lo que sentí… La presión en el pecho, las ganas de darme una paliza a mí mismo por haberla hecho sentir así… Mierda, no hay dudas al respecto. No sé cómo, pero esa rubia, la niña de papá, se me ha metido tan dentro de la piel que no creo ser capaz de sacarla jamás.

—Levi, ¿estás bien? —Alzo la mirada al escuchar a mi hermano. Miro a mi alrededor confundido. Estaba tan perdido en mis propios pensamientos que ni siquiera pensé hacia dónde estaba caminando y terminé en su habitación⁠—. ¿Se lo has preguntado a Brooke?

—¿Qué? ¿Preguntarle?

—Sí, lo del grafiti. —Señala la pared y yo niego con la cabeza.

—No, lo siento. No le he dicho nada. —Me rasco la nuca y él chasquea la lengua contrariado.

—¿Quieres que se lo pregunte yo? Si no lo hacemos ahora, ella se irá a la cena con sus padres y se supone que lo vamos a empezar mañana.

—¿Va a cenar con sus padres? —pregunto frunciendo el ceño.

—Sí, ¿no te lo ha dicho? —Niego con la cabeza⁠—. Da igual. Yo le diré que…

—No, yo me encargo. Tú comprueba que llevas todo en la mochila.

—¿Irás a comprar hoy la pintura? —Asiento⁠—. ¿Cómo? La tienda está lejos.

—Iré en taxi o le pediré a Zane que me acompañe, pero antes hay que hablar con Brooke.

—Se supone que para eso te quedaste solo con ella hace un rato —⁠replica haciendo aspavientos con los brazos—. ¿De qué habéis estado hablando tanto tiempo?

«He empezado por confesar lo mucho que me pone verla cabreada, después la he hecho llorar, y finalmente he huido como un cobarde al darme cuenta de que estoy completamente enamorado de ella», pienso. Sacudo la cabeza y resoplo de nuevo.

—De nada importante —contesto—. Termina con eso. Yo voy a hablar de nuevo con Brooke, ¿vale?

—Vale, pero esta vez no te vayas por las ramas. Solo pregúntale si no le importa que pintes la pared de mi habitación y listo.

—Sí, sí, yo me encargo —murmuro saliendo del cuarto. En cuanto estoy en el pasillo, respiro hondo y me acerco a su puerta armándome de valor, toco suavemente, pero no recibo ninguna respuesta por su parte, así que decido abrir y echar un vistazo. El vestido sigue sobre la cama, aunque no puedo verla por ningún sitio—. ¿Brooke? —⁠susurro. Escucho el sonido de la ducha proveniente del baño y suspiro de alivio.

Tras pasar un par de minutos debatiéndome entre esperarla o irme, me decanto por la segunda opción.