Savage
Capítulo 43
Brooke
Me levanto de la cama sin apenas haber dormido nada. No he podido dejar de darle vueltas a la visita de Levi en el club. No lo esperaba, y aunque me mate admitirlo, me ha afectado. No es justo. Creí que ya lo había superado. Lo pasé muy mal, y después pude seguir adelante. ¿Por qué tiene que suceder esto ahora?
Resoplando, salgo de la habitación y cruzo el pasillo para despertar al resto de la casa. Es domingo, y eso significa día de desayuno con los chicos y almuerzo con toda la familia. Tras la tormenta de hace unos días, ahora el clima es agradable. Al menos todo lo agradable que puede ser en el mes de mayo. Días calurosos y muchas probabilidades de lluvia. Tanto es así que dudo en arriesgarme a comer al aire libre. Tal vez sea mejor cocinar fuera y comer en el interior.
Golpeo la puerta de la habitación de Milo con los nudillos y la abro.
—Buenos días —canturreo. Milo me mira con ojos somnolientos y se tapa los ojos con la mano—. Arriba, chaval. Voy a preparar el desayuno. —Zeus levanta la cabeza desde su lugar en los pies de la cama y bosteza—. Vamos, chico, te daré de comer. —Espero a que el perro se estire y se sacuda, y sale lentamente de la habitación. Cierro la puerta de nuevo y sigo mi recorrido hacia la habitación de las pequeñas—. Buenos días, chicas —digo abriendo las cortinas para dejar entrar el sol.
—Buenos días, mami —contesta Kiara sonriendo. Siempre se despierta de buen humor, todo lo contrario a su hermana. Lo máximo que consigo de ella es un par de gruñidos y una mirada adormilada.
Salgo de la habitación seguida por Zeus y nada más llegar a la cocina, enciendo la cafetera y pongo unas cuantas rebanadas de pan en la tostadora. Milo es el primero en llegar, justo cuando estoy terminando de cocinar el beicon y los huevos. Se sirve una taza de café y se desploma sobre un taburete.
—¿Cansado? —pregunto colocando los cuatro platos sobre la barra. Asiente y yo sonrío—. ¿Qué se supone que hiciste anoche para no haber dormido?
—Estuve hablando con Ashley hasta bien entrada la madrugada —contesta empezando a comer.
—¿Vas en serio con esa chica? —Me siento a su lado y clavo el tenedor en los huevos.
—Sí, creo. —Se rasca la nuca y se encoge de hombros —. Me gusta.
Escucho a las niñas acercarse, ya que vienen chillándose la una a la otra. Veo como Milo rueda los ojos al verlas llegar.
—Hola, Milo. ¿Cómo estás hoy? —le pregunta Leisha con una sonrisa pilla—. ¿Te siguen doliendo las piernas?
—Serás… Mamá, ¿sabes que ayer este monstruo me dejó inmóvil durante más de una hora? —informa Milo. Las niñas empiezan a reír a carcajadas y yo niego con la cabeza dándolas por imposibles.
—Sentaos a desayunar —ordeno.
—Yo quiero cereales —dice Kiara.
—Y yo tortitas —secunda su hermana.
—Pues hay huevos y beicon. Si queréis comer, adelante, si no esperáis hasta el almuerzo —replico.
—Jo, qué rollo —se queja Leisha empezando a comer de mal humor.
—Mamá, ¿a que es verdad que hoy viene el abuelo? —señala Kiara.
—No, vino la semana pasada —apunta su hermana.
—Dijo que vendría —contesto.
—¿Ves? —Kiara saca la lengua burlándose de Leisha y esta pone mala cara.
—Eres imbécil —masculla.
—¡No! ¡Tú eres imbécil! ¡Mamá, Leisha me ha insultado! —se queja.
—Mimi, Lishi mi i insiltidi —se burla su hermana.
—Ya está bien, niñas —intervengo antes de que la situación se desmadre y Kiara termine llorando y Leisha haciendo uno de sus numeritos.
—Son una pesadilla por la mañana —murmura Milo.
—Eh, no hables así de tus hermanas —demando golpeando su brazo con suavidad.
—Tú sí que eres una pesadilla. —Como siempre, Leisha no pierde la oportunidad de seguir discutiendo.
—¡Ya está bien! —llamo al orden en tono de regaño—. ¿No podemos desayunar un día tranquilos?
—Ha sido ella —dice Kiara señalando a su hermana.
—Me da igual quién ha empezado. Esto se termina aquí, ¿entendido? —Tras varios gruñidos y quejas entre susurros, los tres asienten y seguimos comiendo con tranquilidad.
Al terminar, las gemelas recogen los platos y Milo se encarga de meterlo en el lavavajillas. Eso es algo que hacen siempre. En esta casa todos ponemos de nuestra parte. Aunque admito que la mayoría del trabajo recae en Helen, intentamos ayudarla en la medida de lo posible.
Mientras ellos terminan de recoger, yo aprovecho para darme una ducha y cambiarme de ropa. Al salir, encuentro a Milo en el salón jugando con Kiara y a Leisha inmóvil en la cocina.
—¿Ya te has vengado de ella? —le pregunto a Milo.
—Oh, sí. Esa enana va a pensárselo bien antes de volver a meterse conmigo —responde Milo con una sonrisa maliciosa.
—Sabes que te estás ganando una enemiga peligrosa, ¿verdad? —Se encoge de hombros como si no le diera importancia—. Tú mismo. Después no digas que no te avisé.
—Tranquila, solo la dejaré unos minutos más. Por cierto, ¿te importa si voy ya a recoger a Ashley a su casa? Me gustaría pasar el resto de la mañana con ella y después traerla al almuerzo.
—¿En serio? ¿Piensas presentarla como tu novia formal o algo así? —inquiero conteniendo la risa.
—Brooke, no te burles. Por ahora somos amigos.
—Está bien. No me burlo. —Me muerdo el interior de la mejilla intentando decidir si este es el mejor momento para soltar la bomba. Milo tiene que saber que su hermano ha salido de la cárcel y quiere verlo. No sé cómo se lo va a tomar. Podría apostar que no muy bien—. Cielo, antes de que te vayas. ¿Podemos hablar un momento?
Arruga el entrecejo con gesto extrañado y asiente. Veo que Kiara está acribillando a mimos al pobre Zeus sin prestarnos atención y Leisha sigue en la cocina en modo Stop.
—¿Qué pasa, Brooke? —pregunta.
Respiro hondo y me giro hacia él.
—Verás, ayer recibí una visita inesperada en el club. No quiero ocultarte nada, cielo, pero tampoco deseo preocuparte o inquietarte con esto.
—Brooke, suéltalo de una vez.
—Ya. Sí, eh…
El timbre empieza a sonar y Kiara sale disparada hacia la puerta.
—¡Abro yo! —grita.
—¿Quién es? —inquiere Milo. Me encojo de hombros. Supongo que puede ser Harvey, Trish o tal vez mi padre.
Ambos miramos hacia la puerta y nada más abrirse, se me corta la respiración. Es él.
—No puede ser —susurra Milo mirando a su hermano con los ojos muy abiertos.
Me levanto a toda prisa y veo que Leisha deja su posición inmóvil, y empieza a caminar hacia la puerta mirando a Levi fijamente.
—¿Papá? —murmura alucinada.
Levi la mira y después a Kiara que parece estar en estado de shock al reconocerlo.
—Son dos —masculla Levi en tono incrédulo.
Entonces, todo se descontrola. Kiara se abalanza sobre él y se abraza a su cintura mientras Leisha se acerca con cautela y Milo bufa repetidamente.
—¡Papá, has venido! —grita mi pequeña rebosante de felicidad mientas sigue aferrándose a sus piernas.
Levi la mira y empieza a hiperventilar. Su pecho sube y baja con violencia y es incapaz de dejar de mirar a una y a otra repetidamente. Entonces desvía la mirada hacia Milo y sus ojos se abren aún más si eso es posible.
—¿Mamá? —Leisha me mira a mí pidiendo una explicación, pero no sé qué decir.
Joder, no esperaba esto. ¿Por qué este hombre no puede hacer lo que le pido al menos una vez? ¿Cómo voy a explicar esto a las niñas?
Levi empieza a reaccionar y posa su mano sobre el cabello de Kiara, la aparta un poco para poder mirarla y sonríe de oreja a oreja.
—Hola, pequeña —susurra acariciando su mejilla.
—Ni de coña —farfulla Milo temblando de rabia. Soy incapaz de detenerlo cuando sale corriendo hacia Levi y aparta a su hermana de él con un tirón. Me apresuro a llegar junto a ellos, pero no lo suficiente. Cuando llego, Milo ya tiene a su hermano empotrado en la pared y sujeta su camiseta con los puños a la altura del cuello—. ¡¿Qué mierda haces aquí?! —sisea en su cara.
—Milo, yo… —Levi intenta apartarlo, y al ver que tocar a su hermano aún lo altera más, decide levantar las manos a modo de rendición—. Tranquilo, colega. No pretendo haceros daño.
—¡¿Más?! ¡¿Qué coño haces aquí, Levi?! —brama Milo ejerciendo más presión en el pecho de su hermano.
Veo como Kiara empieza a llorar y Leisha se acerca de inmediato para abrazarla por los hombros.
—¡Eh! ¡Ya basta! —grito sujetando a Milo por los hombros y tirando de él, pero soy incapaz de moverlo. Es demasiado fuerte—. Milo, suéltalo —ordeno.
—¡No! ¡Voy a hacer lo que tendría que haber hecho hace seis putos años! —Tira de su hermano y vuelve a empujarlo haciendo que su espalda golpee la pared con fuerza—. ¡No voy a dejar que te acerques a ellas!
—¡Milo! ¡Déjalo! —Vuelvo a intentar apartarlo y una vez más no lo consigo—. ¡Maldita sea, Milo! ¡He dicho que lo sueltes! ¡Ahora mismo!
El muchacho resopla y le da un último empujón antes de soltarlo, se coloca a mi lado, protegiéndome con su cuerpo y señala la puerta abierta.
—¡Fuera! ¡Lárgate de aquí! —ordena.
Levi lo mira incrédulo y veo como sus ojos se empañan.
—Milo, lo siento mucho —susurra con un hilo de voz.
Veo como intenta abalanzarse de nuevo sobre su hermano y esta vez me interpongo entre ambos.
—¡Quieto! —Le señalo con el dedo y él se detiene de inmediato. Sigue mirando a su hermano con furia y este le devuelve una mirada triste. Me giro hacia Levi y resoplo—. ¿Qué demonios haces tú aquí? Te dije que te vería esta noche en club. ¿Por qué has venido?
—¡¿Qué?! —exclama Milo. Me mira y niega con la cabeza—. ¡¿Tú lo sabías?! —Asiento—. ¡¿Por qué no me lo dijiste?!
—Era justo lo que intentaba hacer antes de que todo esto sucediera. Milo…
—¡¿Y por qué mierda quedaste con él anoche?!
—¡Eh, a mí no me hables así, muchacho! —le reprendo—. Es tu hermano y…
—¡¿Lo defiendes?! —Expulsa una gran bocanada de aire por la boca y se lleva las manos a la cabeza—. ¡¿Qué demonios?! ¡Este cabrón no solo te hizo la vida imposible, también te abandonó! ¡Nos abandonó a todos! ¡¿Cómo puedes hablar con él como si nada hubiera pasado?!
—Milo, escucha… —Intento tocarlo, pero él se aparta de mí como si mi contacto le quemara.
—Yo… Esto es una mierda, Brooke. No puedo… —Bufa y vuelve a negar con la cabeza—. No puedo con esto. —Veo cómo sale corriendo de casa como si le persiguiese el mismísimo diablo.
—¡Milo! ¡Milo! —grito saliendo tras él.
No consigo alcanzarlo y vuelvo a entrar en casa cabreada y agobiada a partes iguales. Mi enfado de deshincha al ver como Kiara llora desconsolada abrazando a su hermana. Levi las mira fijamente, sin embargo no hace amago de acercarse a ellas.
—Eh, cariño. —Me agacho frente a mi pequeña y limpio su rostro. Ella se abraza a mi cuello y me levanto cogiéndola en brazos. Siento como Leisha rodea mi cintura abrazándome y la atraigo a mi costado—. No pasa nada, chicas —susurro caminando hacia el sofá con ellas. Dejo a Kiara sentada y vuelvo a secar sus mejillas. Leisha se mantiene de pie a mi lado, con los ojos rojos y húmedos por contener el llanto.
—¿Por qué se enfada Milo? —pregunta Kiara entre sollozos.
—Voy a buscarlo —dice Levi.
Le lanzo una mirada fulminante y él se queda inmóvil.
—No vas a ningún lado. Cierra la puerta —ordeno.
Sin rechistar, hace lo que le digo y empieza a caminar hacia nosotras. Solo necesito una mirada más para que se detenga en seco y asienta entendiendo de inmediato que no quiero que se acerque más.
Leisha lo observa con el ceño fruncido mientras yo intento tranquilizar a su hermana.
—Ya está, cariño. No ha pasado nada. Milo volverá enseguida, ya lo verás.
—¿Por qué Milo no quiere a papá? —inquiere frotándose los ojos.
Respiro hondo y miro hacia Levi, veo como cierra los ojos y se lleva la mano a la nuca.
—Creo que es papá el que no quiere a Milo —responde Leisha sin dejar de mirar a Levi—. Ha dicho que nos abandonó. No nos quiere a ninguno de nosotros.
Levi abre los ojos de golpe y da un par de pasos en su dirección. Se detiene, abre la boca y vuelve a cerrarla sin decir absolutamente nada.
—¿Es verdad, papá? —le pregunta Kiara girándose hacia él—. ¿Es verdad que no nos quieres?
Mi pequeña empieza a sollozar de nuevo, partiéndome el corazón. Levi me mira y aprieta los puños a ambos lados de su cuerpo, como si intentara contenerse.
—¡A la mierda! —exclama cerrando los pasos que le separan del sofá, se acerca a Kiara y la abraza con fuerza. Mi niña hunde la cara en su cuello y vuelve a llorar con fuerza—. Ya está, pequeña —susurra acariciando su espalda con la palma de la mano mientras besa su pelo. Se deja caer en el sofá y Kiara se sienta sobre sus piernas sin soltarlo en ningún momento—. Claro que te quiero. —No puedo respirar. Levi me mira y una lágrima solitaria recorre su mejilla. Desvía la mirada hacia Leisha y veo como el labio de mi pequeña tiembla y sigue intentando retener el llanto—. Os quiero a las dos. —Levi estira el brazo y Leisha también se abalanza sobre él—. Dios Santo, ni siquiera os conozco y os amo con todo mi corazón.
Me veo obligada a apartar la mirada. Mi corazón late con tanta fuerza que resulta doloroso. Jamás pensé vivir algo así, y sé a ciencia cierta que ahora no podré mantener a Levi alejado de nosotros. Ha venido para quedarse, y eso me asusta.