Savage
Capítulo 47
Levi
Suelto el cuerpo inerte de mi hermano sobre la cama y él gruñe sin llegar a despertarse. Lo observo en silencio. Ha cambiado mucho en estos años. Ya no es un niño.
Salgo de la habitación y recorro una parte de la casa que no conozco y ayudo a Brooke a sacar a las niñas del coche. Las pobres criaturas se quedaron dormidas en la parte trasera y no se han enterado de nada de lo que ha pasado.
—¿Siguen sin despertarse? —pregunto viendo como Brooke acomoda a Kiara sobre su hombro.
—Sí, duermen como piedras. Puedes hacer todo el ruido que quieras, no se despertarán. ¿Coges a Leisha?
Asiento y mientras ella se mete en casa yo me encargo de desabrochar el cinturón que sujeta a mi hija al asiento adaptado y cogerla en brazos. Aprovecho para hundir mi nariz en su pelo rizado y aspirar con fuerza. Huele fenomenal, a niño, a inocencia, a pureza. Jamás pensé que podría tener a mi hija en brazos. Eso es algo que ya había dado por perdido.
Sigo a Brooke hasta el cuarto de las niñas y dejo a Leisha en su cama. Me quedo de pie viendo como mi rubia se mueve por la habitación, las arropa y besa con sumo cuidado. Cuando se da cuenta de mi escrutinio, se gira hacia mí con una ceja en alto.
—¿Qué? —pregunta.
—Nada, se te da bien eso de ser madre. ¿Quién lo iba a decir? Tú te convenciste de que no había ni una pizca de instinto maternal en tu interior, y ahora mírate.
—Bueno, tuve que ajustarme a la situación. De la noche a la mañana me vi sola y con tres niños dependiendo de mí. Fue adaptarse o morir —contesta encogiéndose de hombros—. Vamos.
La sigo al exterior, y tras echarles un último vistazo a las pequeñas, Brooke cierra la puerta. Caminamos a la par por el pasillo que es más largo de lo que recuerdo.
—Las obras de la casa han quedado muy bien —comento.
—Sí, se nos quedó un poco pequeña.
Entramos en la habitación de Milo. Él sigue durmiendo en la misma posición en la que lo dejé hace un rato y ronca con la boca abierta. Al verme entrar, Zeus se levanta de la alfombra y viene hacia mí caminando con lentitud.
—Oye, chucho, me alegra que sigas vivo —susurro acariciando su cabeza.
—¿Desde cuándo sois amigos Zeus y tú? —inquiere Brooke tirando de la pierna de Milo para quitarle las deportivas.
Me acerco para ayudarla y el perro vuelve a tumbarse.
—Nos respetamos —contesto.
Ella me mira de reojo y veo como una de sus comisuras se alza de manera casi imperceptible. ¿Eso ha sido una sonrisa?
—Ya está. Mañana se despertará con una resaca impresionante, pero al menos ya está en casa. Dejémoslo descansar.
Brooke acaricia el morro del perro antes de salir de la habitación y yo la sigo hasta llegar al salón. Me mira cruzándose de brazos.
—Ya, sí es tarde, ¿verdad? Debería irme. —Me rasco la nuca mirándola —. Por cierto, en el garaje he visto un lote de cajas con mi nombre escrito.
—Son tus cosas. Pensé en donarlas a la beneficencia, pero al final se quedaron ahí tiradas.
—¿Podría recuperar algo de ropa? Solo tengo esto. — Señalo el pantalón de algodón gastado y una camiseta raída que llevo puestos.
—Claro. —Brooke suspira y murmura algo que no puedo entender. Chasquea la lengua y me mira a los ojos—. ¿Dónde vas a dormir esta noche?
—En el mismo lugar que dormí ayer. Tengo un sitio en la playa esperándome —contesto.
—Supongo que querrás darte una ducha y cambiarte de ropa. Las cajas que están en el garaje llevan años cogiendo polvo. Tendrías que lavar toda la ropa antes de usarla.
—No creo que en mi hotel de techo descubierto haya alguna lavadora —bromeo.
—Usa la mía. Deja lo que quieras usar mañana en el cesto, y Helen la lavará por la mañana. Del resto puedes encargarte tú mismo.
Intento contener la sonrisa que lucha por acomodarse en mis labios.
—Niña de papá, ¿me estás invitando a quedarme? —pregunto.
—Solo de manera temporal. Hablaré con Zane para que recuperes tu empleo en el Eternity. Pero te lo advierto, no quiero ni una sola tontería. En cuanto encuentres un lugar donde quedarte y otro trabajo, te vas. ¿Está claro?
—Cristalino. Gracias.
—No lo hago por ti, Levi. Aún no sé qué voy a decirles a las niñas. Todo esto, tu aparición… Va a trastocarlas por completo. Eso por no hablar de Milo. No aceptará que te quedes aquí sin presentar lucha.
—Lo sé. Hablaré con él. Te prometo que voy a arreglar las cosas.
—No prometas. He perdido la cuenta de las promesas que jamás has cumplido.
Respiro hondo y doy un par de pasos en su dirección.
—Lo siento mucho, Brooke. Voy a pasar el resto de mi vida pidiéndote perdón por todo el daño que te hice —susurro.
—No lo hagas —replica—. Eso sería una total pérdida de tiempo. Aún no sé qué pensar de todo esto que está pasando, pero si algo tengo claro es que no me fío de ti. —Esta vez es ella la que se acerca a mí. Nuestros cuerpos están tan cerca el uno del otro que solo tendría que mover mi mano unos centímetros para tocarla. Me muero de ganas de hacerlo. Sin embargo, su mirada es dura, fría, como si nuestra cercanía no le afectara como a mí. Tal vez sea justo eso. Me ha olvidado. Yo le pedí que lo hiciera, y ahora tengo que asumir las consecuencias—. Toma este consejo, Levi: coge lo poco que puedo ofrecerte y no pidas más.
—¿Y si lo que puedes ofrecerme no es suficiente para mí? —susurro bebiendo de su aliento.
—En ese caso no obtendrás nada. —Retrocede y alza la barbilla de manera desafiante—. Una persona lista sabría cuándo algo está completamente perdido. Ahora me voy a dormir. Usa la habitación del fondo, la que está junto a la de Milo. Hasta mañana.
Mientras se gira y sale del salón, no puedo dejar de pensar en lo que ha dicho, y casi sin querer, las palabras salen de mi boca.
—Brooke. —Se gira para mirarme—. Yo nunca he sido una persona lista. Eso lo sabes, ¿verdad? —Su ceño se frunce y sonrío—. Buenas noches, niña de papá.
Sin contestar, se pierde por el pasillo y cierro los ojos sonriendo de oreja a oreja. Puede que me haya olvidado, pero eso no significa que no vaya a intentarlo. Se enamoró de mí una vez. Quizá pueda lograr que vuelva a sentir lo mismo ahora.