Savage

Jess GR · Capítulo 113 de 118

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Savage

Capítulo 57

 

Brooke

 

Me despierto sola en la cama, aunque sé que Levi estuvo a mi lado en algún momento. Sentí sus brazos rodeándome y su respiración en mi nuca, pero estaba demasiado agotada como para abrir los ojos. No sé cuántas horas he dormido. Las cortinas dejan pasar algo de claridad, así que supongo que aún es de día. Intento incorporarme en la cama y un dolor punzante se instala en mi costado. Siento la cara hinchada y la boca seca. Me levanto con cuidado, completamente desnuda, y me visto con un pantalón de algodón y una camiseta.

Nada más cruzar la puerta de mi habitación, escucho voces y el olor a café inunda mi nariz. Me asomo al salón y compruebo que Harvey está ahí, Trish, Zane, mi padre, Levi, Milo, las niñas… Todos están aquí.

—Hola —susurro caminando hacia ellos.

Mis pequeñas son las primeras en venir corriendo hacia mí.

—¡Mami! —grita Kiara—. Quisimos despertarte, pero papá dijo que estabas malita. ¿Ya estás mejor?

Me agacho para quedar a su altura y aprieto los dientes aguantando el dolor.

—Sí, princesa. Estoy mejor —contesto colocando uno de sus rizos tras su oreja.

Leisha se pega a mí mirándome con los ojos entrecerrados.

—No lo parece. Tienes la cara como esos luchadores de las jaulas que ve Milo por la tele —⁠dice haciendo gala de su habitual sinceridad—. ¿Qué te ha pasado?

Alzo la mirada y mis ojos se encuentran con los de Levi. Él se encoge de hombros dejándome a mí la decisión de lo que voy a permitir que ellas sepan o no.

—Tuve un pequeño accidente, pero me voy a poner bien. ¿Vosotras como estáis? ¿Lo habéis pasado bien en casa de la tía Trish?

—Sí, y hoy no hemos ido al colegio —informa Kiara sonriendo de oreja a oreja.

—Espera… ¿Qué? ¿Hoy no es domingo?

—Has dormido muchas horas —informa Levi.

—¿Cuántas? ¿Qué día es hoy?

—Lunes. Dormiste la tarde de ayer y toda la noche. Son las diez de la mañana. Pensé en despertarte para comer algo, pero el médico dijo que era mejor que te dejásemos descansar.

—¿Médico? —pregunto perpleja.

—Sí. Te revisó y dijo que no cree que tengas nada roto. Solo contusiones que se curarán en unos días. Ha dejado unas pastillas para el dolor. Debes tomarlas dos veces al día.

Asiento enderezándome y no puedo evitar hacer una mueca cuando, una vez más, siento una punzada en mi costado.

—Ven, siéntate aquí —dice Zane señalándome el sofá.

Hago lo que me sugiere, y al pasar acaricio los rizos de Milo. Él me sonríe, aunque no es una sonrisa completa. Sigue preocupado por mí.

—¿Tú tampoco has ido a clases? —inquiero—. ¿Qué ocurre? ¿Acaso es fiesta y no me he enterado? —⁠Consigo que su sonrisa se amplíe y niega con la cabeza.

—¿Cómo te encuentras, hija? —pregunta mi padre.

—Bien. —Suspiro y me peino hacia atrás con los dedos, pero arrugo la nariz en un gesto de dolor cuando toco un bulto en mi frente. Todos me miran con lástima⁠—. No me miréis así. Estoy bien. Solo un poco dolorida y hambrienta.

—Te prepararé algo para desayunar —se ofrece Levi.

Le sonrío en agradecimiento y se marcha a la cocina. Harvey es el primero en romper el silencio que ha dejado Levi con su partida.

—Justo estaba hablando con Levi, intentaba convencerlo para que te despertara. Es necesario que hablemos.

—Sí, lo entiendo. Yo también quiero hablar contigo. —⁠Echo un vistazo a mis hijas que no se pierden detalle de la conversación y miro de nuevo a Harvey—. En un ratito.

—Sí, claro. Desayuna primero. Mi compañero estará al llegar.

—¿Tu compañero? —pregunto extrañada.

—Mike. Él se va a encargar de tomarte declaración — ⁠susurra mirando a las pequeñas de reojo.

Veo como Milo se levanta y da una palmada.

—Chicas, vamos a vuestra habitación a jugar un rato — ⁠le dice a sus hermanas.

Kiara empieza a dar saltitos de alegría y Leisha frunce el ceño mirándome de manera suspicaz.

—Vamos, que no podemos escuchar las conversaciones de mayores —⁠discurre, demostrándome una vez más que no se le escapa ni una. Chasquea la lengua y pone los brazos en jarra alzando la barbilla—. No haré preguntas si dejas que Kia y yo te maquillemos.

—Eso es chantaje —se queja Milo.

—La vida es dura, nene —replica ella con su habitual desparpajo ⁠—. ¿Lo tomas o lo dejas?

Tras resoplar, Milo asiente y le tiende su mano.

—Está bien, pequeño demonio. Solo por esta vez, y sin que sirva de precedente, podéis hacer lo que queráis conmigo.

Los tres se pierden por el pasillo discutiendo y Levi llega cargando con una bandeja repleta de comida, café, zumo de naranja y un par de comprimidos. La deja sobre la mesa de café y me mira.

—¿No había nada más en la cocina? —pregunto alzando una ceja.

—Has pasado dos días sin comer. Necesitas alimentarte bien —⁠aclara cruzándose de brazos.

Me encojo de hombros y cojo la taza de café y las pastillas. Tras darle un trago largo, suspiro y vuelvo a mirar a mi familia. Todos me observan sin perder detalle de cada movimiento que hago.

—Me estáis poniendo de los nervios. ¿Podéis actuar con algo más de normalidad? No voy a morirme ni tengo una enfermedad incurable. Estoy bien.

—Nos has dado un susto de muerte —señala Trish.

—Lo siento. La próxima vez que me secuestren, prometo llamarte antes para avisar —⁠bromeo.

—Brooke, eso no ha tenido gracia —comenta Zane.

Bufo y dejo la taza de nuevo en la bandeja.

—Vale, me he pasado. Perdón, es que solo quiero relajar un poco el ambiente. Todos me miráis como si me hubiesen salido tres cabezas, y eso me pone nerviosa. Vale. —⁠Respiro hondo y dirijo mi mirada hacia Harvey—. ¿Qué estabas diciendo de ese tal Mike? Tu compañero, ¿cierto?

—Sí. Me han apartado del caso y él se hará cargo de todo en mi lugar —⁠aclara.

—Espera… ¿Por qué te han apartado del caso? —⁠inquiero.

—Bueno. Resulta que a mis jefes no les sentó demasiado bien que me metiera en un rescate de rehenes sin autorización y en un lugar donde la policía de Miami no tiene jurisdicción. El único motivo por el cual aceptaron la detención de Jax, fue porque había una orden previa de búsqueda y captura a su nombre.

—¿Eso quiere decir que lo han detenido?

—Está en el hospital. Tiene varias fracturas y posiblemente no vuelva a mover el brazo derecho. Su nariz también está completamente destrozada y es probable que pierda el ojo izquierdo.

Miro hacia Levi y este se encoge de hombros demostrando que no siente ningún tipo de remordimiento por lo que le hizo a ese cabrón.

—¿Levi tendrá problemas por esto?

—Es posible, pero poco probable. Es mi compañero quien tiene que valorar si su participación en el caso es más importante que la agresión a un criminal buscado por la ley. Eso dando por hecho que Jax no presente cargos en su contra.

—No lo hará —afirma Levi.

—¿Cómo estás tan seguro? —le pregunta Zane.

—Porque sabe que, si habla, buscaré la forma de encontrarlo y terminar lo que empecé. Ahora ya no tiene nada con lo que mantenerme bajo su control.

—Entiendo —murmura Zane—. Le ha quitado el bozal al tigre y este le ha mordido en el culo.

—Si tienes algún problema, mis abogados te ayudarán —⁠le dice mi padre a Levi—. No vas a volver a la cárcel, hijo. De eso me encargo yo.

Levi asiente tragando saliva con dificultad y desvía la mirada. No está acostumbrado a aceptar la ayuda de nadie.

—Pero, Jackson irá a prisión, ¿verdad? —inquiero volviendo al tema central de la conversación.

Harvey asiente y sonríe de oreja a oreja.

—No hay milagro que pueda salvarlo de pasar unos buenos años encerrado. La droga en su casa, la libreta con las pruebas, secuestro, agresión… Lo mínimo que pedirá la fiscalía serán veinte años. —⁠Respiro aliviada y Levi coloca su mano sobre mi muslo en señal de apoyo—. No podrá volver a hacerte daño, Brooke.

El timbre suena y es Zane quien va a abrir. Al regresar, un hombre joven y moreno llega con él. Es Mike, el compañero de Harvey. Se sienta con nosotros y me pide que cuente todo lo que sucedió desde el momento en el que me llevaron por la fuerza. Se ve que Levi ya ha declarado lo que sucedió hasta ese momento.

Frente a mis amigos empiezo a relatar todo lo que sucedió. Mi voz se quiebra en el momento que menciono que estuvo a punto de violarme, y una vez más siento la mano de Levi apretando mi muslo con delicadeza. Al terminar, el compañero de Harvey cierra la libreta en la que ha estado escribiendo lo que le decía y se levanta.

—Bien, creo que esto es todo. Al señor Brady le darán el alta en unos días y será trasladado al centro penitenciario de Miami a la espera de juicio. Aún no he tenido oportunidad de hablar con el fiscal, pero lo más probable es que lo condenen a no menos de veinte años en la prisión estatal de Florida. —⁠Mike mira a Levi alzando una ceja—. Señor Scott, supongo que sabe de qué prisión hablo.

—Me suena de algo —farfulla Levi en tono sarcástico.

—Tras leer su expediente, tuve mis dudas acerca de su participación en este caso. Me alegra saber que haya sabido encauzar su agresividad hacia algo bueno en esta ocasión. —⁠Me mira a mí y sonríe—. Siento mucho lo que le ha pasado, señorita Daniels. Espero que se recupere pronto.

—Gracias. Si necesita algo más…

—Me pondré en contacto con usted. Que tengan un buen día.

Harvey acompaña a su colega a la puerta y los demás nos quedamos en silencio. Al volver, mi ex coge una de las tostadas que Levi ha preparado para mí y le pega un mordisco.

—Oye, poli, eso es para Brooke —se queja Levi.

Harv se encoge de hombros con una sonrisa burlona en los labios.

—Ups. ¿Me haces alguna más, pandillero? Se te da bien cocinar. ¿Qué tal llevas el resto de tareas domésticas? Si te aburres, yo tengo falta de hacer la colada.

—Si me aburro, me entretendré metiendo mi bota en tu culo, capullo —⁠replica.

—¿Quieres decírmelo desde más cerca? —increpa Harvey.

—Vale, chicos —Trish se levanta y media entre ambos ⁠—. Ahora que todo ha vuelto a la normalidad, hay algo que tengo que deciros.

—¡Mierda! ¿Estás preñada? —inquiere Harvey.

Todos miramos a Trish sorprendidos y ella pone cara de circunstancias.

—¡¿Qué?! —Zane salta de sofá y la mira fijamente—. ¿Estás…? —⁠Señala su vientre y ella rueda los ojos de manera teatral.

—¡No! ¡¿Por qué demonios pensáis eso?! —Todos nos encogemos de hombros y ella resopla cogiendo la mano de Zane⁠—. Solo quería informaros que Zane y yo estamos juntos.

Se escuchan comentarios, bufidos y veo unos cuantos pares de ojos en blanco.

—Nena, no son imbéciles —susurra Zane abrazándola por los hombros⁠—. Eso ya lo saben.

—Bueno, pero de todos modos quise anunciarlo. ¿Algún problema?

—Ninguno —responde alzando las manos en son de paz.

—Bien, ahora que Trish ya ha dado la noticia que todos ya sabíamos, creo que es hora de irse —⁠sugiere Harvey.

Todos asienten y mi padre se acerca a mí cabizbajo.

—Hija, yo… Siento mucho todo lo que ha pasado.

—No es culpa tuya, papá —contesto.

—En realidad, sí lo es. Si yo no hubiese…

Me levanto del sofá aguantando el dolor de mi costado y lo abrazo sorprendiéndolo.

—No has hecho nada malo —susurro sintiendo como sus brazos rodean mi cuerpo—. Intentaste protegerme, y lo hiciste, me sacaste de ese lugar y alejaste a Jackson de mí. —⁠Me aparto de él y lo miro a los ojos—. A pesar de todo, sé que me quieres.

—Más que a nada en el mundo —confiesa con lágrimas en los ojos.

—Yo también te quiero, papá. Ahora vete a casa y descansa. Tienes un aspecto horrible. —⁠Señalo su corbata desabrochada y el traje arrugado y él sonríe—. Tu mujer no te dejará entrar en casa con esas pintas.

—Si no le gusta puede hacer las maletas y marcharse —⁠contesta encogiéndose de hombros.

Besa mi frente con delicadeza y tras despedirse de Levi con un gesto de cabeza, se une a mis amigos en la puerta y todos se marchan dejándonos solos a Levi y a mí.

Me dejo caer de nuevo en el sofá y gimo echando la cabeza hacia atrás.

—¿Te duele mucho? —pregunta cogiendo mi mano y acariciando el interior de mi muñeca con un dedo.

—Ahora menos. Los comprimidos están haciendo su trabajo. ¿Tú cómo estás? —⁠inquiero.

Levi respira hondo y clava sus ojos en los míos.

—Preocupado, supongo. No soporto verte tan dolorida y no poder hacer nada para remediarlo.

—Levi Scott, tienes muchos talentos, pero lo de curandero milagroso te queda un poco grande —⁠bromeo arrancándole una sonrisa—. Estoy bien, de verdad.

—No has desayunado —murmura desviando la mirada hacia la bandeja que sigue intacta a excepción del café que me he tomado y la tostada que se ha comido Harvey⁠—. ¿Quieres que te prepare otra cosa? Puedo hacer huevos o…

Intenta levantarse, pero sujeto su mano impidiéndole marcharse.

—No quiero nada —afirmo. Busco su mirada y veo como resopla de nuevo⁠—. Sabes que tenemos que hablar, ¿cierto?

—¿Es realmente necesario? Aún estás convaleciente. Deberías descansar un poco más.

—Ya he descansado. Ahora quiero que hablemos. ¿Estás preparado para esto? —Niega con la cabeza—. Levi —⁠digo en tono de advertencia.

—Está bien. Hablemos.