Savage

Jess GR · Capítulo 69 de 118

Páginas del PDF

Savage

Brooke

—No, está bien. Con todo lo que pasó, dudo que haya salido. Ve sin problema.

—¿Segura? No quiero que pienses que me estoy marchando para huir de ti o de lo que tengas que decirme.

—No lo pienso, Levi. No soy tu dueña, ni tengo que darte permiso para hacer nada. Si lo que quieres es huir de esa conversación, yo no voy a impedirlo ni correré detrás de ti. Eres un adulto y tomas tus propias decisiones, no obstante, yo tomaré las mías en consecuencia.

—Eso suena a amenaza —murmuro frunciendo el ceño.

—Pues no lo es. Solo te estoy dando la opción de decidir tu propio destino. Si lo que deseas es seguir viviendo por tu cuenta, como has hecho las últimas semanas, lo aceptaré sin ningún tipo de reproche ni discusión.

—Lo que deseo es que tú y yo podamos arreglarnos, Brooke. Lo único que me importa es que me perdones todas mis meteduras de pata.

Suspira y asiente con la cabeza.

—Entonces ve a pasear a Zeus mientras me ducho. Después hablamos.

 

Brooke

 

Me quedo mirando el espacio vacío que ha dejado Levi al irse. No sé qué es lo que va a pasar con nosotros de ahora en adelante. Lo que sí tengo muy claro es que no podemos seguir así. Vamos a hablar, poner las cartas sobre la mesa, y decidir si queremos seguir junto o tomar caminos separados.

Me meto en la ducha y dejo que el agua caliente me despeje la cabeza. Me duele un poco la parte superior del ojo y es probable que tenga que cambiarme el apósito, pero más que nada, estoy cansada, física y mentalmente. Necesito tomar una decisión y saber qué es lo que va a pasar con mi vida. Llevo las manos a mi vientre plano y cierro los ojos. Embarazada, aún no me lo creo. Ni siquiera sé qué voy a hacer con esta información. Levi tiene que saberlo. Sin embargo, temo asustarlo aún más. Si a todos los problemas que arrastramos, le sumamos un bebé, esto puede convertirse en una bomba nuclear a punto de estallar.

Paso un rato más bajo el agua, pensando, imaginando distintos escenarios. Por mi mente cruza la imagen de Levi y yo juntos, con Milo y un pequeñín de piel canela y ojos grises. Nunca he tenido deseos de formar una familia, al menos hasta este momento. Sinceramente, ni siquiera sé si es un deseo real o solo el anhelo de algo que yo jamás tuve en mi infancia.

Tras darme cuenta de que por mucho más tiempo que pase en la ducha, no voy a poder llegar a ninguna conclusión, decido salir y enfrentarme de una vez por todas a esta situación. Lo necesito para poder seguir mi vida, con o sin Levi.

Me visto con un pantalón y una camiseta, ambos de algodón, y camino hacia el salón descalza. No encuentro a Levi. Así que me siento en el sofá a esperarlo. No tengo que hacerlo durante demasiado tiempo ya que pocos minutos después, la puerta principal se abre y Zeus entra en casa a la carrera seguido por Levi. Tras cerrar la puerta, me mira y suspira.

—Ha llegado el momento, ¿verdad? —pregunta en un susurro.

Asiento y señalo el lugar vacío a mi lado.

—Siéntate, por favor —demando.

Levi camina hacia mí con paso lento y toma asiento en el sofá a mi lado, pero dejando más de medio metro de separación entre nosotros. Se frota la nuca como siempre hace cuando está nervioso, y exhala una gran bocanada de aire.

—Si vas a dejarme, hazlo ya —musita.

—Levi, si quisiera rendirme y dejarte, ya lo hubiese hecho —⁠replico—. Tenemos que hablar, y necesito que por una vez seas totalmente sincero conmigo. No más mentiras ni engaños. Tampoco quiero que te guardes nada. Yo te ofrezco exactamente lo mismo. ¿Te parece bien?

—¿Qué pasa si yo no puedo ser sincero? —pregunta.

—Tenemos dos opciones aquí. La primera es hablar, decirnos a la cara todo lo que nos hemos guardado hasta ahora e intentar salir adelante juntos. Tal vez podamos superarlo o tal vez no. Eso es algo que tendremos que decidir sobre la marcha.

—¿Y la otra opción?

—Puedo pedir algún favor, buscarte otro trabajo y nuevo lugar donde vivir. Milo es tu hermano y siempre podrás verlo y estar con él, pero tú y yo jamás volveremos a estar juntos.

Levi cierra los ojos con fuerza y niega con la cabeza mientras una lágrima solitaria corre por su mejilla.

—Eso no es una opción para mí —sisea—. Te amo demasiado como para no luchar por lo nuestro. Si voy a perderte, lo haré sabiendo que lo intenté al menos.

Sus palabras aceleran mi corazón. El muy estúpido no entiende que son solo palabras, y de las palabras no se vive. Necesito hechos.

—¿Vas a ser sincero conmigo, Levi? —pregunto mirándole a los ojos. Él asiente y contengo la respiración⁠—. ¿Eres un adicto?

—No —responde con tono calmado.

—Entonces, ¿cómo explicas lo de la droga? Estaba entre tu ropa. Nadie pudo haberla puesto ahí. Aunque no admitas que tienes un problema, puedes al menos…

—No tengo ningún problema de adicción, Brooke. La última vez que me metí algo de esa mierda fue hace varios años, y te aseguro que jamás lo hice de manera regular. Nunca fui un adicto, y definitivamente no lo soy ahora.

Entrecierro los ojos y sacudo la cabeza. Parece estar siendo sincero. Pero entonces… Nada tiene sentido.

—Si no tienes un problema con las drogas, ¿por qué las tenías? ¿Qué es lo que me ocultas, Levi? ¿Dónde vas cuando desapareces y por qué? ¿Qué hay mal entre nosotros?

—¿Entre nosotros? —Niega con la cabeza—. No hay nada mal contigo, niña de papá. Todo es culpa mía. Tengo problemas, pero no tienen nada que ver contigo ni con nuestra relación.

—Te escucho —susurro instándole a seguir.

Levi se frota la cara con las palmas de las manos y vuelve a mirarme.

—Debo dinero a alguien. El día del accidente, antes de que tú me atropellaras, un traficante peligroso me pidió que le guardara una mochila con bastante droga. —⁠Asiento e intento asimilar toda la información que me está revelando—. Cuando salí del hospital fui al lugar donde escondí la mochila, pero ya no estaba allí. Alguien la encontró. Después de eso decidí olvidarme del tema. Nadie sabía dónde estaba yo ni qué hacía, así que estaba seguro, pero hace unas semanas el traficante dio conmigo. Me reclama esa deuda y he estado haciendo de todo para intentar pagarle, incluso cosas de las que me avergüenzo.

—¿Cuánto dinero le debes? —pregunto alzando una ceja.

—Cincuenta de los grandes —contesta desviando la mirada.

—¡¿Cincuenta mil?! ¿Qué demonios había en esa mochila?

—Cocaína. No tanta como para deberle esa cantidad. Sin embargo, la deuda aumentó debido a que pensó que yo le había robado la mercancía.

—Vale, me estás diciendo que no consumes drogas, pero que antes te dedicabas a venderlas o a guardarlas…

—Ambas cosas —aclara.

—Bien, y el traficante que te proporcionaba esa droga, te reclama una deuda por haber perdido su mercancía. ¿Lo he entendido bien? —⁠Levi asiente —. ¿Por qué no hablaste conmigo?

—Es complicado —afirma.

—No, en realidad no lo es. Si me lo hubieses contado antes, nada de esto habría pasado. Yo podría haber cubierto esa deuda.

—¿Pedirte dinero? No, gracias —sisea.

—Vamos, que puedes meterte entre mis piernas, pero no pedirme dinero. ¿Es eso?

—Sí, Brooke, es justo eso. Exactamente porque me meto entre tus piernas no quise pedirte dinero. No es como si te pido veinte pavos para tomarme una cerveza, estamos hablando de cincuenta mil dólares. Además, no quería involucrarte en todo esto. Este tipo es muy peligroso y amenazó con haceros daño a ti y a Milo. Yo solo intentaba salir de ese barrizal, pero a cada paso que daba, iba hundiéndome más y más. He hecho cosas… —Resopla y hunde el rostro en sus manos. Cuando me mira otra vez, tiene las mejillas cubiertas de lágrimas—. Quiero contártelo todo, de verdad que sí, pero me aterra que te des cuenta de lo mierda que soy y no me perdones —⁠solloza.

Respiro hondo y sujeto su cara con ambas manos.

—Levi, yo te amo. Solo quiero la verdad. ¡Maldita sea! Solo tenías que hablar conmigo y juntos podríamos haberlo solucionado.

—Lo sé. Ahora lo sé, sin embargo, ya es demasiado tarde. La he cagado tanto… Os he puesto a ti y a mi hermano en peligro, te he mentido… No sé cómo salir de esto, Brooke.

Suspiro y busco su mirada.

—Cuéntamelo, todo… No te dejes ni un solo detalle —⁠pido.