Savage

Jess GR · Capítulo 109 de 118

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Savage

Levi

La revelación de mi propio pensamiento me golpea como si un puñetazo en mi estómago se tratase. Lo amo, claro que sí. Se acabaron las autonegaciones. Definitivamente no lo he superado ni mucho menos olvidado. Eso solo eran mentiras inventadas por mí misma para protegerme de él y de lo que esos sentimientos pueden hacerme. Destrozarme, eso fue lo que ya hicieron una vez. Levi llegó a mi vida y derrumbó todas mis defensas, y tras romperme el corazón, se marchó de nuevo dejándome sola y herida. ¿Y si vuelve a hacerlo? ¿Es posible que haya un futuro para nosotros? ¿Realmente ha cambiado? Todo son incógnitas y la verdad es que no tengo ninguna certeza. Bueno, sí, solo una… No confío en él.

 

Levi

 

Algo ha cambiado, lo noto por la forma en la que su cuerpo reacciona a mi tacto. Hace un rato estaba jadeando mi nombre, completamente receptiva, y ahora está fría, inmóvil. Aún sigo alojado en su interior y temo moverme porque sé lo que va a pasar. Tengo que buscar la forma de prolongar esto un poco más. No quiero que me rechace de nuevo.

Poso mis labios en su espalda, justo bajo su nuca y dejo un reguero de besos a lo largo de su columna.

—No lo hagas —susurro en tono suplicante. Entonces, como si mi voz activara un disparador en su cerebro, Brooke se incorpora obligándome a salir de ella y empieza a colocarse la ropa a toda velocidad—. Brooke, espera. — Intento tocarla, pero se aparta de mí y sigue recomponiendo su vestido sin mirarme. Resoplo y me subo el bóxer y el pantalón, lo abrocho y vuelvo a intentar un acercamiento. Ni siquiera llego a rozar su brazo cuando ella se mueve por el despacho peinándose hacia atrás con los dedos y buscando a su alrededor—. ¿Qué haces? Detente un momento. Hablemos de esto, ¿quieres? —⁠Veo como coge sus llaves y el móvil y las introduce en el bolso—. Brooke, ¿dónde vas?

—Yo… —Resopla y vuelve a acomodarse el pelo. Tiene los labios hinchados por mis besos y el cuello rojo y con marcas de dientes, mis dientes. Todo su cuerpo tiembla⁠—. Tengo que irme. No puedo con esto.

—Está bien, te llevaré a donde quieras. Solo tranquilízate, por favor.

Niega con la cabeza y antes de que pueda alcanzarla, sale corriendo del despacho. Tardo unos segundos en reaccionar. Me quedo atónito. ¿Dónde demonios va? Echo a correr tras ella gritando su nombre. Es increíble lo rápido que puede caminar una mujer sobre tacones. Cuando casi consigo alcanzarla, veo como se adentra entre la multitud que baila en el centro de la pista. Mis gritos quedan ahogados por la estridente música electrónica y la pierdo de vista.

Corro hacia la barra con la esperanza de que Zane la haya visto pasar. Al llegar a su lado, estoy jadeando en busca de aire.

—¡¿Has visto a Brooke?! —pregunto a gritos. Mi amigo me mira y hace un gesto con su mano señalando su oreja. No me escucha debido al volumen de la música—. ¡Brooke! ¡¿La has visto?! —⁠Deja la cerveza de barril que estaba sirviendo sobre la barra y camina hacia mí con cara de preocupación.

—¿Qué sucede? —pregunta.

—¿Has visto a Brooke? —repito.

—Eh… No. Estaba contigo en el despacho. ¿Ha pasado algo?

—¡Mierda! —exclamo. Me llevo las manos a la cabeza y vuelvo a echar otro vistazo al local. Entonces la veo, está saliendo por la puerta principal del club. Salgo corriendo, chocando con los clientes y ganándome más de un insulto. Al llegar fuera, la veo al fondo de la calle, caminando por la acera—. ¡Brooke! —⁠grito.

Se gira y me mira. Empiezo a ir hacia ella y de pronto veo como una furgoneta se detiene a su lado, la puerta se abre y unas manos sujetan a Brooke por los hombros y tiran de ella hacia el interior del vehículo. Corro todo lo que mis piernas me permiten, incluso cuando la furgoneta se pone en marcha y acelera calle arriba, yo sigo corriendo y gritando su nombre, pero no consigo alcanzarla.

Al ver como se pierde a lo lejos, me detengo y me doblo sobre mí mismo intentando llenar mi pecho de aire. Brooke, se la han llevado. Tengo que recuperarla como sea.

Mi teléfono empieza a sonar en mi bolsillo y me apresuro a sacarlo, es Harvey. Las palabras que pronuncia en cuanto descuelgo la llamada, provoca que mi corazón se detenga.

—Ha huido, Levi. Cuando llegamos a la casa ya no estaban allí. Tenemos la droga y una orden de búsqueda y captura, pero Jax ha escapado.

Dejo caer el teléfono y me arrodillo en mitad de la carretera llorando como un niño pequeño. Ese hijo de puta la tiene. Le va a hacer daño y yo no puedo hacer nada por evitarlo.