Savage
Capítulo 4
Brooke
Dos meses después
Cierro el coche con el mando a distancia y espero a que Milo me alcance antes de entrar en el club. Aún es temprano y no estamos abiertos, pero tengo que encargarme de unos papeleos y he decidido traerlo conmigo tras recogerlo en la escuela.
—Hola —saludo dejando mi bolso sobre la barra.
Zane asoma la cabeza de debajo del mostrador y sonríe al ver a Milo.
—Hola, jefa —saluda—. Oye, chaval, ¿qué haces tú aquí? — Milo se encoge de hombros y se sienta sobre un taburete—. ¿Has vuelto a meterte en líos en el cole? Ya sabes que eso de agenciarte lo ajeno no te trae nada bueno.
—No he hecho nada —susurra agachando la mirada.
Me acerco a él y acaricio su pelo corto y rizado negando con la cabeza.
—Está siendo un buen chico —aclaro. Frunzo el ceño mirando a mi amigo y me cruzo de brazos—. ¿Qué haces tú aquí? Aún es pronto.
—Ayer esto quedó hecho un asco y he venido a poner orden. ¿Cuál es tu excusa?
—Tengo unas facturas que firmar y hablar con el proveedor de cerveza. Creo que estamos gastando más de lo habitual.
—Sí, lo he notado. Solo queda media docena en el almacén.
—Intentaré que nos los traigan hoy mismo o nos quedaremos cortos. ¿Urge algo más?
—No, andamos justos de un par de marcas de ginebra, pero ya me he encargado yo.
—Genial. No sé qué haría sin ti —murmuro.
Mi amigo se cruza de brazos mostrando los tatuajes que los cubren en su totalidad y sonríe. Una de esas sonrisas que deja a las jovencitas babeando y que conmigo no funciona. Admito que Zane es un hombre muy guapo. Rubio, de ojos castaños, barba corta y con ese aire de chico malo que le dan los tatuajes a juego con su cuerpo fornido, pero yo jamás podré verlo como algo más que un amigo.
—¿Puedo quedarme con Zane mientras trabajas? —pregunta Milo.
Miro hacia mi amigo y este asiente de inmediato.
—Vete tranquila. Yo me encargo de este pequeño ratero —dice metiéndose con el chico.
Zane no pierde la ocasión de molestarlo recordándole las dos veces que lo pillaron robando en el colegio. Por suerte, eso ya quedó atrás. Fue durante la primera semana tras venirse a vivir conmigo. Me costó hacerle entender que no estaba bien tomar lo que no es suyo y que, si necesitaba algo, solo tenía que pedírmelo y yo me encargaba de comprarlo. Fue difícil que lo aceptara. Supongo que las viejas costumbres cuesta olvidarlas, aunque al fin parece haberlo logrado.
Me encierro en mi despacho y paso un par de horas inmersa en una montaña de facturas y papeleo. Este es mi trabajo, dirigir un club nocturno, para desgracia de mi padre. Él preferiría que estuviese dirigiendo su cadena de hoteles y restaurantes, o más bien que estuviese a su sombra, sirviéndolo en todo, mientras él lleva los negocios.
Mi teléfono empieza a sonar y descuelgo la llamada sin apartar la mirada de los papeles que estoy revisando.
—¿Señorita Daniels?
—Sí, soy yo —contesto.
—Buenas tardes, le llamo del hospital Jackson Memorial. Soy el doctor Broderick.
—Hola, doctor. Justo pensaba pasar en un rato por el hospital con Milo. ¿Hay alguna novedad?
—Sí, justo por eso llamo. —Dejo los documentos sobre la mesa para prestar atención a la conversación—. El señor Scott, Levi, ha despertado.
Suelto una bocanada de aire y cierro los ojos con fuerza. Milo se va a poner eufórico cuando se entere. En estos dos meses lo he llevado a visitar a su hermano casi todos los días. A pesar de que las posibilidades de que despertara sin ninguna secuela eran cada vez más escasas según los días iban transcurriendo, él no ha perdido la esperanza en ningún momento.
—¿Cómo está? —pregunto abriendo los ojos de nuevo.
—Aparentemente bien. No hay ninguna secuela significativa, aunque aún es pronto. Despertó hace un par de horas y no ha dejado de preguntar por su hermano pequeño. Y bueno… digamos que se ha puesto un poco nervioso.