Savage

Jess GR · Capítulo 38 de 118

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Levi

—¡No seas bruta, Trish! —exclamo.

—Lo que tú digas. Ahora suéltalo todo. ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Cómo? ¿Es tan salvaje en la cama como me lo imagino? ¿Cómo de grande la tiene?

—¡Por Dios! —siseo. Veo como frunce el ceño y se cruza de brazos. No va a dejarme en paz hasta que consiga lo que quiere⁠—. Está bien, pesada. Fue anoche, en mi casa, de muchas formas distintas. Sí y… Vale, a la última pregunta no voy a contestar.

—¡Eres una perra! —grita entre carcajadas—. Sabía que algo te estabas guardando. ¿Fue solo sexo o te gusta de verdad? —Me muerdo el interior de la mejilla y agacho la mirada sin saber qué contestar a esa pregunta. ¿Me gusta? Por supuesto que sí, aunque también conozco los riesgos de iniciar una relación con Levi—. Vale, no es necesario que me contestes. Tu cara lo dice todo. —⁠Su mano sujeta la mía y busca mi mirada—. Brooke, eres mi mejor amiga y ya sabes que te adoro. En otras circunstancias te animaría a que saltaras de cabeza a esa piscina, pero…

—Lo sé, lo sé. —Resoplo y me peino hacia atrás con los dedos—. He intentado evitarlo, de verdad. Me resistí todo lo que pude. Sé que tú también te la estás jugando y te juro que hago lo posible por no fastidiarlo todo. —⁠Tomo aire y la miro fijamente—. Me he enamorado de él. Yo no quería que pasara, pero sucedió, y ahora no sé qué hacer. Yo me la estoy jugando, y tú también, es que no puedo evitar sentir lo que siento. ¿Me odias por ello?

Veo como sus comisuras se alzan y niega con la cabeza.

—Santo Dios, Brooke. Nunca te había escuchado hablar así, con esa emoción y sinceridad de nadie. Ni siquiera cuando salías con Harvey. Te brilla la mirada y pareces más… Humana.

—¿Eso es malo? —inquiero haciendo una mueca.

Trish tira de mi mano hacia ella y me abraza con fuerza.

—Eso es genial, amiga —susurra en mi oído. Se aparta de mí y vuelve a sonreír⁠—. No te preocupes por mí. Tú solo… intenta ser feliz, con todas tus fuerzas y sin pensar en las consecuencias. El resto ya vendrá cuando tenga que venir.

 

Levi

 

Mientras sirvo un par de copas, busco con la mirada a Brooke. Hace un buen rato que ella y Trish se marcharon hacia su despacho y no he vuelto a verlas.

—Atento al trabajo, Levi —advierte Zane a mi espalda. Me sobresalto al escucharlo y dejo caer la copa al suelo rompiéndola en mil pedazos⁠—. A esto me refiero. Estás tan pendiente de comerte a la jefa con los ojos que no eres capaz de centrarte en lo que estás haciendo.

—Déjalo ya —siseo intuyendo lo que viene a continuación.

Y no me equivoco, mi compañero sonríe de manera burlona y él mismo empieza a recoger el desastre que he montado sin dejar de mirarme.

—Oye, no te culpo. Brooke es una mujer preciosa y creo que no ha pasado desapercibida a nadie la sonrisa que traía al llegar. Incluso ha sido amable con Candy cuando normalmente la trata con indiferencia. No sé qué le has hecho, pero sigue así y todos te lo agradeceremos.

—No sigas —digo frunciendo el ceño.

Zane se levanta y tira los cristales en el cubo de reciclaje antes de girarse de nuevo hacia mí. Está a punto de decir algo más, sin embargo es interrumpido por Donovan, que se acerca a la barra con cara de mala leche.

—Zane —saluda. La sonrisa de mi compañero se esfuma en milésimas de segundo y asiente con la cabeza.

He notado la tirantez entre ambos en varias ocasiones. Cuando están todos juntos suelen comportarse de manera más afable, hasta bromear entre ellos, aunque se nota que solo es una fachada. No se caen bien. Lo que no entiendo es por qué siguen quedando para hacer barbacoas casi todos los domingos en la casa de Brooke y fingen una amistad que no existe.

—Hola —digo yo alzando una mano.

—Levi, ¿has visto a Brooke o a mi mujer? Llevo un buen rato buscándolas.

—Hace un momento se marcharon por el pasillo hacia el despacho —⁠contesto. Veo como él mira hacia allí y resopla—. ¿Pasa algo?

—Se avecinan problemas —sisea. Señala con la cabeza a cuatro hombres que están junto a la entrada.

—Mierda —dice Zane a mi espalda.

Me giro frunciendo el ceño y veo la preocupación reflejada en su mirada.

—¿Qué pasa? ¿Quiénes son esos hombres? —Vuelvo a mirar hacia ellos. No parecen distintos de los ricachones que vienen cada noche a emborracharse al Eternity. Bien vestidos, con trajes caros y zapatos de piel.

—Son inspectores —responde justo antes de pasar al otro lado de la barra de un salto y empezar a caminar hacia el pasillo.

—¿Inspectores? ¿Qué quieren? —Donovan, que aún sigue en el mismo lugar que antes, se encoge de hombros ante mi pregunta.

—Ni idea. Pueden ser inspectores de trabajo, de sanidad o de cualquier otra cosa. Es habitual que aparezcan por aquí. Creo que este es el club más legal de la ciudad, pero siguen viniendo como buitres.

Un cliente me llama desde el otro lado de la barra y me veo obligado a acudir. Donovan no tarda en seguir a Zane y ambos desaparecen durante un buen rato.

Al quedarme solo en la barra, le pido a otro camarero que me eche una mano y aun así tengo que trabajar el doble para suplir la ausencia de Zane. Ese hombre es una máquina de servir bebidas y si él no está, se nota mucho.

No puedo evitar mirar de reojo hacia el pasillo en cada segundo que tengo libre. Me preocupa lo que está pasando. ¿Es posible que Brooke tenga problemas con el club a causa de esta inspección? Joder, ¿por qué estoy tan nervioso? No es asunto mío. Aunque en el fondo sé perfectamente cuál es la respuesta a mi pregunta. Me inquieta porque sé lo que el Eternity significa para Brooke, y ella… Joder, ella es demasiado importante para mí.

Zane tarda más de una hora en aparecer, y cuando lo hace, no puedo preguntarle nada porque la gente decide que ese es el mejor momento para venir a pedir sus bebidas a la barra. El local está hasta los topes y no tengo ni un solo segundo de descanso hasta varias horas después.

—¿Qué ha pasado con los inspectores? —le pregunto a Zane cuando ya estamos recogiendo. Hace un rato que el club está cerrado y solo quedan en el interior los empleados y unos cuantos clientes rezagados⁠—. ¿Ya se han ido?

—Sí, hace un rato. Son inspectores de trabajo. ¿No los has visto salir? —⁠Niego con la cabeza y Zane resopla—. Bueno, no tardarán en volver. Supongo que el próximo mes estarán de vuelta.

—¿El próximo mes? ¿Es normal que hagan inspecciones tan seguido?

—Normal no es, pero Brooke tiene la mala suerte de ser una Daniels. —⁠Vuelve a resoplar y se pasa la mano por el rostro, frustrado—. Su padre es un mal bicho. Está empeñado en que ella trabaje en los negocios familiares y para eso usa todas las armas que están a su disposición para cerrar el Eternity. Si no hay club, Brooke tendrá que volver y convertirse en la persona que él quiere que sea.

—Espera… ¿Es su propio padre quién envía esas inspecciones?

—Ajá. Es un hombre muy influyente y sabe bien cómo usar sus contactos. Esos tipos que vinieron hoy buscaban el más mínimo fallo en el papeleo para poder abrir un expediente en contra de Brooke. La pobre ha aguantado como ha podido, pero seguramente estará exhausta. Tuvo que presentar los contratos y papeles de cada uno de los empleados y también de las finanzas del club. —⁠Se me queda mirando un rato y una de sus comisuras se alza—. ¿Sabes qué? Ya termino yo aquí. Ve a buscarla al despacho y llévatela a casa. Ahora lo que necesita es descansar.