Savage

Jess GR · Capítulo 92 de 118

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Brooke

 

Miro a mi padre sin ser capaz de asimilar lo que acaba de decir. ¿Es mi padre de verdad? Eso no tiene sentido.

—¿Es alguna especie de broma o algo así? —⁠inquiero alzando una ceja.

—No, cariño. Es la verdad, mi verdad, y quiero que tú también seas participe de ella. Yo soy el hombre que te engendró.

—Eso… —Me levanto del sofá y vuelvo a moverme por el salón bajo la atenta mirada de mis amigos⁠—. ¿Cómo es posible? Te conocí a los catorce.

—Sí, y yo estuve buscándote mucho tiempo antes de eso. —⁠Suspira y vuelve a peinarse hacia atrás con los dedos—. Conocí a Erika en la universidad, era una mujer preciosa, muy parecida a ti. Me enamoré perdidamente de ella. Sin embargo, mi familia no vio nuestra relación con buenos ojos. Ella era una chica sencilla, estudiaba con una beca y trabajaba de camarera en sus horas libres. Mi madre fue la primera en exigirme que la abandonara. Ellos ya tenían una mujer en mente para mí, alguien de mi clase social y de buena familia.

—Christine —susurro el nombre de mi madre adoptiva como si de repente todo tuviese sentido.

Si de verdad él es mi padre biológico, entiendo por qué ella jamás me ha querido ni aceptado. Me odia porque soy la hija bastarda de su marido.

—Exacto. Yo intenté huir de mi destino, hice de todo para conservar a Erika. No obstante, nada fue suficiente. Tu abuela Josephine se encargó de que lo nuestro se terminara para siempre. Lo último que supe de tu madre fue que había dejado la universidad. Yo me casé con Christine, y no fue hasta que tuve el suficiente poder en mis manos para desafiar a mis padres que volví a buscarla. Ya habían pasado diez años desde que nos tuvimos que separar, pero yo estaba dispuesto a encontrarla, mandar todo al diablo y recuperar a la mujer que amaba. Lo que jamás imaginé fue que ella habría fallecido.

—Por Dios —susurro incrédula. Todo esto es surrealista.

—Hija, te juro que yo no supe de tu existencia hasta ese momento. Cuando me dijeron que Erika había tenido una hija y su edad, el mundo se me vino encima. Empecé a buscarte por todos lados, pero era como si te hubiese tragado la tierra. Entonces supe que te habían incluido en el sistema de acogida del Estado. Nadie quiso decirme dónde estabas ni con quién. Con el tiempo conseguí ganarme el afecto de gente importante, gente que me abrió puertas, y así fue como te encontré en la casa de los Brady.

—¿Por qué no me lo dijiste? ¿No crees que hubiese sido más sencillo decirme la verdad que mantenerme engañada durante casi toda mi vida?

—Tu madre… Christine —se corrige—, me pidió que no te dijera nada. Nosotros llevábamos años intentando tener hijos sin éxito. En la sociedad en la que vivimos está muy bien visto adoptar un niño. Tener un hijo fuera del matrimonio y que tu esposa lo críe como suyo, no tanto. Decidimos guardar silencio al respecto. Le prometí que jamás te contaría la verdad y que serías nuestra hija. A mí lo único que me importaba era tenerte a mi lado, llevarte a casa conmigo.

Resoplo y entierro la cara en mis manos. Es demasiada información para gestionar de golpe. Aunque… Eso no explica lo del traficante.

—¿Qué tiene que ver el tal Jax con todo esto? —inquiero. Mi padre busca la mirada de Levi y este asiente. ¿Desde cuándo se llevan bien? Ni siquiera sabía que se conocían. Yo jamás los presenté formalmente—. ¡Que alguien hable de una puta vez! —⁠exijo.

—Hija, siéntate, por favor.

—Estoy bien de pie. Sigue hablando.

—Bien. —Respira hondo—. Desde que viniste a vivir conmigo supe que algo raro te había pasado. Me temías, a mí y a cualquiera que se acercara demasiado. Aunque intentabas disimularlo, era obvio que rechazabas cualquier contacto físico. —Mierda, ¿lo sabe? ¿Sabe lo que viví en la casa de los Brady?—. Esa fue una de las razones por las que te envié a terapia. Quise que te desahogaras con alguien y que te ayudaran a superar ese trauma que te negabas a reconocer. —⁠Me mira y agacha la mirada—. Vi los videos de tus sesiones con la psicóloga. Escuché lo que ese hijo de puta te hizo.

—Joder —murmuro sentándome de nuevo—. Eso era algo privado. No tenías ningún derecho.

—Lo sé, pero necesitaba saberlo, y cuando finalmente tuve esa información, no supe qué hacer con ella. Al principio pensé en ir a buscar a ese desgraciado y matarlo con mis propias manos. Sin embargo, supe que no era la mejor idea, así que volví a pedir favores y conseguí que lo metieran en la cárcel.

—¿Jackson fue a prisión? ¿Por lo que me hizo?

—No, no quise involucrarte en eso. Ya lo habías pasado muy mal y parecía que lo ibas superando poco a poco. Yo solo… Busqué la forma de encerrarlo sin exponerte a una denuncia, declaraciones, un juicio y todo eso.

—¿Qué hiciste?

—Ordené que hicieran una redada en su casa, y los mismos policías que fueron a buscarlo le cargaron la culpa de un delito de tráfico de drogas.

—Le tendiste una trampa —murmuro empezando a encajar las piezas. Sin embargo, algo sigue fallando.

—Sigo sin entender qué tiene que ver Levi y ese traficante con todo esto —⁠señalo.

—Ya eso es… Verás… No sé ni cómo decirlo.

—Suéltalo de una vez, papá —demando.

—Jackson, el hombre que te acogió en su casa, el que abusó de ti cuando eras solo una niña, y Jax, el traficante que amenaza y chantajea a Levi… Ellos… Son la misma persona.

¡¿Qué?! ¡¿Qué?! ¡¿Qué?! Me levanto de un salto y muevo la cabeza con violencia de un lado a otro. ¡No puede ser!

—¡¿Jackson y Jax?! ¡Es una locura! —Me llevo las manos a la cabeza y tiro de mi pelo⁠—. ¡¿Cómo es posible?!

Empiezo a enloquecer. Esto es demasiado. Lloro hiperventilando y sigo negando con la cabeza.

—Brooke, Brooke. —Siento unas manos sobre mi rostro—. ¡Vamos, niña de papá! ¡Mírame, Brooke! —⁠El grito de Levi me obliga a alzar la mirada y mis ojos van a parar a los suyos

—¿Por qué? —pregunto sollozando—. ¿Por qué la vida se empeña en joderme una y otra vez? ¡Maldita sea, no soy una mala persona! ¡Mi vida está llena de mentiras y engaños!

—Lo sé. Tienes todas las razones del mundo para estar cabreada. Grita, llora, haz lo que sientas que tienes que hacer. Te juro que por mi parte no habrá ni una sola mentira más.

Aparto sus manos de mi cara y respiro hondo. Tengo que tranquilizarme. Aún hay muchas incógnitas que despejar.

—Quiero saberlo todo —afirmo secando mis mejillas de un manotazo.