Savage

Jess GR · Capítulo 67 de 118

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Brooke

Zane sonríe de medio lado y asiente.

—Aún hay esperanza para ti, colega. —Me lanza una bolsa de tela y señala la puerta⁠—. Vámonos de una puta vez.

 

Brooke

 

Me levanto de la camilla y compruebo que estoy descalza, además, solo llevo puesto el camisón y la bata, y ambos están salpicados de sangre.

—¿Cómo voy a salir de aquí con estas pintas? —⁠pregunto haciendo una mueca.

—Tranquila, he llamado a Zane para que te traiga algo de ropa limpia y calzado —⁠contesta Trish—. Donovan se ha llevado a Milo a casa. El crío estaba muy nervioso ahí fuera.

—Pobre chico —murmuro—. Espero que todo esto no le afecte demasiado.

—¿Que su hermano sea drogadicto? Es un palo, pero Milo es un niño fuerte, podrá superarlo. ¿Has pensado qué vas a hacer con Levi?

—Más o menos —susurro.

—¿Vas a contarle lo del bebé? Es el padre. Por muy mal que me caiga ahora mismo, tiene derecho a saberlo.

—Estoy de acuerdo contigo, pero antes tenemos muchas cosas de las que hablar.

Antes de que mi amiga pueda decir nada más, las cortinas se abren y Zane entra en el pequeño compartimento en el que estamos luciendo su sonrisa rompebragas.

—Jefa, ese apósito en la ceja te da un aire de malote muy sexi —bromea. Pongo los ojos en blanco y veo como se acerca a mí, sujeta mi rostro entre sus manos y me mira fijamente—. ¿Cómo estás? —⁠pregunta perdiendo la sonrisa.

—Bien, estoy bien —contesto.

—Me alegro. Hemos traído la ropa que pediste. Te quedará enorme, pero al menos no irás descalza y en lencería por la calle.

—¡No voy en lencería! —exclamo cerrando la bata sobre mi pecho todo lo que da de sí⁠—. Espera… has dicho «hemos». ¿Con quién has venido?

Zane señala con el pulgar por encima de su hombro y desvío la mirada hacia allí. Cierro los ojos durante un par de segundos y respiro hondo. Al abrirlos de nuevo, él sigue ahí, de pie, en la misma postura. Tiene una bolsa entre las manos y la estruja con tanta fuerza que la piel de sus nudillos se ha vuelto blanca. Me mira y agacha la cabeza.

—Bueno, mejor nosotros nos vamos para que Brooke pueda vestirse —⁠dice Trish tirando de Zane hacia afuera.

En cuanto nos quedamos solos, Levi alza la mirada y da un paso titubeante hacia mí.

—Hola —susurra con un hilo de voz.

—Hola —contesto.

Cambia el peso de una pierna a la otra y retuerce la tela de la bolsa sin parar.

—Yo… Eh… Te he traído esto —murmura dejando la bolsa sobre la camilla a mi lado.

—Gracias.

Su mirada se clava en la mía y veo como intenta contener las lágrimas.

—No me las des. Estás aquí por mi culpa, Brooke. —Una lágrima solitaria cruza su mejilla y su pecho tiembla—. Lo siento tanto… —⁠solloza. Otra lágrima sigue el recorrido de la primera, y después de esa, otra. Ante mí tengo a un hombre destrozado, y verlo así me parte el corazón—. Te juro que no quise hacerte daño. Tienes que creerme, fue un accidente.

—Lo sé —digo tras carraspear.

Sus ojos se abren de par en par e intenta secarse las mejillas, pero le resulta una tarea complicada, ya que es como si hubiese abierto la compuerta de una presa y ahora es incapaz de cerrarla. Más lágrimas caen en cascada por su rostro.

—¿Lo sabes? —Asiento—. No dejo de cagarla, niña de papá. Lo estoy haciendo fatal. Yo nunca he tenido una relación. No sé cómo comportarme. En toda mi vida solo he tenido que preocuparme por mí mismo y por mi hermano, y ahora has llegado tú a mi vida y… —⁠Toma una gran bocanada de aire y su voz se quiebra—. No sé qué hacer o decir para que me perdones.

Yo también seco mis mejillas húmedas. Tenemos que decirnos tantas cosas… Pero este no es el momento ni el lugar. Ahora solo quiero irme a casa. Me levanto y señalo la cortina.

—¿Puedes cerrarla, por favor? —Me mira confundido, así que vuelvo a señalar en la misma dirección⁠—. La cortina, Levi. Quiero cambiarme de ropa sin que todo el hospital me vea en pelotas.

Sacude la cabeza y se pasa la mano por la cara antes de girarse y cerrar la cortina con un movimiento rápido.

Me deshago de la bata y me quito el camisón por la cabeza antes de sacar la ropa de Zane de la bolsa y vestirme bajo la atenta mirada de Levi. Cuando termino, meto mi ropa sucia en la bolsa e intento arreglarme lo mejor posible. Resulta una tarea complicada cuando el chándal que llevo puesto es cinco o seis tallas más grandes que la mía. Y las deportivas son el doble de mi pie.

—¿No vas a decir nada? —pregunta Levi sin dejar de observarme.

Suspiro y me peino hacia atrás con los dedos. Hago una mueca por el dolor y el asco al notar algo de sangre seca en el pelo.

—Voy a decir muchas cosas, pero no ahora ni aquí. Ahora mismo solo quiero irme a casa y darme una ducha caliente, después de eso, tú y yo nos sentaremos el uno frente al otro y hablaremos como los adultos que somos.

—¿Vas a dejarme? —pregunta con la mirada en el suelo.

Respiro hondo y me enderezo.

—En casa, Levi —repito.

—Al menos dime cómo te encuentras. ¿Estás bien? ¿Qué te ha pasado? No debí marcharme.

—No, no debiste hacerlo, pero ahora ya no hay vuelta atrás. Cuando alguien toma una decisión, debe acarrear con las consecuencias de la misma.

Su mirada se clava en la mía y sorbe por la nariz. Es notorio el esfuerzo que está haciendo para contener el llanto.

—Voy a pasar el resto de mi vida arrepintiéndome por todos los errores que he cometido, Brooke.

—Sí, es muy probable que eso pase. —Me cuelgo la bolsa del hombro y respiro hondo una vez más⁠—. Ahora vámonos de aquí.