Savage

Jess GR · Capítulo 25 de 118

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Levi

—¿Qué pasa aquí? —pregunta Milo mirándonos a uno y a otro con desconfianza.

—Eh… Eh… —Miro hacia Levi y lo veo girarse para apagar el fuego. La sartén estaba a punto de prender en llamas y ni siquiera me había dado cuenta. En mi defensa tengo que decir que estaba demasiado ocupada como para pensar en otra cosa que no fuese saborear su boca. Sacudo la cabeza para dejar de pensar en ello y pongo mi atención en el pequeño. Necesito encontrar una buena excusa que contarle⁠—. Eh… Tu hermano tenía un problema y yo estaba intentando ayudarlo.

Sus ojos se entrecierran y vuelve a mirar a Levi que sigue de espaldas toqueteando los botones de la cocina.

—¿Se ahogaba y tú estabas tratando de resucitarlo con la lengua? —⁠inquiere alzando una ceja con una sonrisa de medio lado.

—Cuida tu boca, pequeño sabelotodo —dice Levi girándose para mirarlo con el ceño fruncido.

La sonrisa de Milo se expande y cruza los brazos sobre su pecho de manera chulesca. Cada día se notan más las semejanzas entre los dos hermanos.

—Te diría que cuides la tuya, pero parece que Brooke ya ha aceptado ese trabajo —⁠rebate.

—Ya, bueno, eh… Yo me tengo que ir —murmuro rodeando la isla de la cocina.

Necesito salir de esta casa para poder ver todo con otra perspectiva. Ahora mismo no soy capaz de asimilar que mis labios y los de Levi han estado pegados durante unos cuantos segundos, y mucho menos que he sentido el calor de su lengua acariciando la mía. Es de locos.

—Aún no hemos desayunado —murmura Milo perdiendo la sonrisa.

—Ya, pero… Yo… Tengo que ir al club. Ayer tuvimos una inspección sorpresa y necesito saber que todo salió bien.

—¿Cuándo? —inquiere Levi volviendo a arrugar el entrecejo.

—Justo después de que nos fuimos. Zane me informó esta mañana. Eh… ¿puedes encargarte de llevar a Milo al colegio? —⁠Asiente y yo recojo mi bolso y las llaves antes de despedirme con la mano y salir de la casa a toda prisa.

 

Levi La he cagado. Durante todo el día no he sido capaz de pensar en otra cosa que no sea lo que pasó esta mañana. Aún no me creo que nos hayamos besado. Fue un beso corto, no por ello menos placentero, y si mi hermano no nos hubiese interrumpido… Joder, creo que podría haberla follado justo allí, en la cocina. Habría sido una auténtica locura, pero de las buenas. Mierda, estoy muy jodido, lo sé. Deseo a Brooke Daniels más de lo que nunca he deseado a una mujer, solo que no puedo tenerla. ¿O sí? Ya no estoy seguro de nada.

Hace unas semanas creí que no sería capaz de adaptarme a vivir en una casa con un trabajo legal, y me equivocaba. Vivir con Brooke es fácil e incluso disfruto trabajando en el Eternity. Zane se ha convertido en un buen amigo, y tras la regañina de Brooke, Candy no volvió a acorralarme en el almacén ni en ningún otro lado. Sigue coqueteando conmigo, aunque creo que lo hace porque esa es su personalidad. Le gusta gustar y no se avergüenza de ello. Donovan tampoco ha resultado ser mal tipo y su mujer, Trish, ella me cae bien, siempre tiene una sonrisa que regalar y me trata con respeto y camaradería. El único al que no soporto es al poli. Tal vez es porque sé a ciencia cierta que él tuvo o tiene algo que yo deseo y jamás podré tener: a Brooke.

—¡Levi! —Alzo la cabeza como un resorte y miro hacia Zane⁠—. ¿Estás aquí, tío? Llevo llamándote un buen rato.

—Sí, solo estaba algo distraído —contesto cogiendo el barril de cerveza que me tiende y colocándolo en su lugar bajo la barra.

—Espabila, colega. Después de la inspección de ayer la jefa está de un humor de perros. Se ha pasado todo el día de morros.

—¿Brooke? —pregunto extrañado.

—Sí, ¿acaso tenemos otra jefa que yo no conozco? Está insoportable, y la verdad es que no la culpo. Ya van tres inspecciones sorpresa este mes.

—¿Por qué? ¿Qué es lo que buscan en esas inspecciones?

—Cualquier cosa —contesta encogiéndose de hombros ⁠—. Solo quieren un motivo para cerrarle el local.

—¿Quién?

Zane echa un vistazo a nuestro alrededor. Ya han llegado la mayoría de los trabajadores, pero todos están atareados preparándolo todo para que podamos abrir las puertas en menos de media hora.

—Su padre —susurra acercándose a mí para que nadie nos escuche—. ¿Conoces a William Daniels? —⁠Niego con la cabeza—. ¿Te suena Daniels & Burke?

—¿Los de los hoteles? —inquiero.

—Exacto. William Daniels es el padre adoptivo de Brooke, él y su socio, Mathew Burke, son los dueños de una de las mayores cadenas hoteleras del mundo.

Desvío mi mirada hacia el pasillo que lleva al despacho de Brooke justo cuando escucho como sus tacones resuenan al golpear el suelo. Está preciosa, con su melena rubia por encima de los hombros, suelta y revuelta, como si alguien hubiese estado tirando de su pelo con saña. Solo de pensar en que podría haber sido yo quien lo hiciera esta mañana, siento un tirón en mi entrepierna. Lleva puestos unos vaqueros ajustados y una camiseta de tirantes anchos de un color negro brillante que hace que las luces del techo se reflejen en ella.

Justo cuando estoy dejándome llevar de nuevo por mi imaginación y fantaseando con hundir mi boca en su escote, su cabeza se gira hacia mí y me quedo prendado por su mirada.

—¡Abrimos en veinte minutos! —grita para que todos la escuchemos. Tras echar un último vistazo en mi dirección, se pierde de nuevo por el pasillo.

—¿Estás listo? —me pregunta Zane palmeando mi hombro. Asiento y recibo una sonrisa ladeada por su parte⁠—. ¡Pues vamos allá!

Tres horas después estoy sudando mientras intento memorizar los pedidos de todos los camareros y servirlos correctamente. Mis habilidades como barman han mejorado bastante desde mi primera noche en el Eternity, pero admito que aún no tengo tanta soltura en la barra como Zane, y me temo que jamás la tendré. Él es capaz de trabajar sin parar durante horas sin tan siquiera despeinarse.

—¿Cómo vas por aquí? —pregunto acercándome a él cuando finalmente consigo tener unos segundos de paz.

—Todo controlado —contesta—. Tomate un descanso si quieres, yo me hago cargo. —⁠Me mira sonriendo mientras sostiene un vaso vacío bajo el grifo de cerveza.

—¿Estás seguro?

—Claro. Ve al almacén a por un par de cajas de Moonshine y aprovecha para sentarte un rato y beber algo.

Asiento y palmeo su espalda al pasar a su lado. Voy directamente hacia el almacén, pero no puedo evitar buscar a Brooke con la mirada. ¿Será que sigue de mal humor? Es extraño en ella, siempre tiene buenas palabras y sonrisas, aunque sean falsas, para todo el mundo. No he podido dejar de pensar en lo que dijo antes Zane. Sabía que Brooke es adoptada, pero jamás imaginé que su padre fuese alguien tan influyente. Además, no entiendo qué gana él intentando cerrarle el negocio a su propia hija, o al menos fue eso lo que entendí.

Estoy a punto de entrar en el almacén de bebidas cuando escucho su voz, se está riendo. Me detengo frente a la puerta y la observo. No está sola, el poli también ríe y rodea su cintura con un brazo.

La rabia se apodera de mí y aprieto los puños con fuerza. Zane dijo que ella estaba de mal humor, aunque parece ser que el puto poli ya le ha quitado la mala leche. No quiero ni saber cómo. Será que… ¡Joder! Espero que no sea eso. En realidad no tendría que importarme. Brooke y yo no somos nada, pero lo hace, me importa más de lo que soy capaz de admitir.

Antes de que pueda darle la orden contraria a mi cerebro, mis pies se mueven por el pasillo en dirección a la parejita que sigue hablando en susurros y riendo.

—Buenas noches —digo en voz alta para hacerme escuchar sobre el ensordecedor ruido de la música. La canción Faded del DJ Alan Walker. Nunca he sido muy fan de la música electrónica, pero admito que desde que la escucho casi todas las noches me he dado cuenta de que no está tan mal. Intento centrarme en la letra de la canción para no pensar en las enormes ganas que tengo de reventar la perfecta e impoluta cara del poli con mis puños —. ¿Interrumpo algo? —⁠pregunto alzando una ceja.

—¿No tienes nada que hacer? —inquiere el poli con su habitual pose arrogante de niño estirado.

—Me estoy tomando un descanso y he aprovechado para venir a hablar con la jefa. —⁠Señalo a Brooke con la cabeza y veo como él aprieta la mandíbula con fuerza.

—Ahora está ocupada —sisea.

—¿Qué ocurre, Levi? —me pregunta Brooke ignorando la cara de cabreo de su amiguito.

—Tenemos que hablar —digo clavando mi mirada en la suya.

—¿Sobre qué?

—Es privado. ¿Entramos en tu despacho? —Doy un paso hacia ella, pero veo que retrocede de inmediato.

—No es un buen momento. Estoy ocupada. Vuelve al trabajo y, sea lo que sea, lo hablaremos más tarde.

¿Acaba de darme una orden? ¿Quién demonios se cree que es? Veo como el poli sonríe de medio lado y vuelve a rodearla con su brazo pegándola a su costado. Hijo de puta. Lo voy a matar como no le saque las manos de encima en los próximos cinco segundos.

—Tú y yo, en la cocina, esta mañana —siseo con furia. Brooke me mira abriendo los ojos como platos—. Puedo seguir hablando contigo aquí mismo, delante de tu… amigo —⁠miro de reojo al poli sonriendo de manera cínica—, o puedes entrar conmigo en el despacho y lo resolvemos de manera más privada. Tú decides, niña de papá.

—Ha dicho que no va a hablar contigo ahora — ⁠intercede el poli dando un paso hacia mí de manera amenazante.

Aprieto los puños a ambos lados de mi cuerpo y resoplo por la nariz.

—Poli, te juro que como te acerques un centímetro más, te voy a dar una hostia tan fuerte que tendrán que buscar tu cabeza en dos kilómetros a la redonda.

—¿Me estás amenazando? —Su cara se pega a la mía y tengo que hacer un esfuerzo titánico para mantener el autocontrol.

—¡Ya vale! —Brooke se cuela entre ambos y nos separa de un empujón —. ¡¿A vosotros dos qué mierda os pasa?! —Resopla y se echa el pelo hacia atrás con los dedos. Veo como el poli la mira con sorpresa, como si estuviese conociendo una faceta de la rubia desconocida para él hasta hoy—. ¡En serio, estoy harta de ver cómo os comportáis como dos críos! ¡Madurad de una jodida vez! —⁠Tras soltar un nuevo resoplido, se gira y se mete en su despacho cerrando de un portazo.

En cuanto nos quedamos solos, el poli y yo nos miramos fijamente.

—No vas a tenerla. Lo sabes, ¿verdad? Ella es demasiado buena para ti.

—¿Estás seguro de eso? —inquiero alzando una ceja⁠—. ¿Qué te hace pensar que no la he tenido ya?

Una sonrisa arrogante vuelve a aparecer en su rostro.

—Brooke es demasiado lista como para dejarse enredar por un maleante como tú. Merece algo mucho mejor, y si no puedes ver eso, es que no la conoces en absoluto.

Esta vez soy yo el que me acerco a él de manera amenazante.

—¿Crees que yo no la conozco? Se supone que tú saliste con ella y ni siquiera sabes cómo es en realidad. No tienes ni puta idea, poli. Si no quieres problemas, deja de tocarme las narices.

—Lo que tú digas —murmura pasando por mi lado para marcharse.

Cuando desaparece por el pasillo, suspiro y me giro hacia la puerta del despacho, estoy a punto de alzar la mano para llamar, aunque en el último segundo cambio de idea y abro la puerta de un tirón.