Savage
Capítulo 11
Brooke
En las agencias de viaje y folletos turísticos siempre se encargan de señalar las maravillas del clima primaveral de Florida. Lo que nunca mencionan es lo desquiciantes que resultan a veces ciertos cambios de temperatura drásticos, especialmente de marzo a mayo. Hoy es uno de esos días en los que no sabes si ponerte una chaqueta o directamente el traje de baño, y eso que apenas estamos a principios de marzo. Esta mañana creí que la temperatura se mantendría todo el día en unos veinte o veintidós grados, pero aquí estoy, tumbada en una de las sillas reclinables del jardín, tostándome al sol en pantalón corto y camiseta de tirantes.
—Chicas, os veo algo acaloradas. ¿Queréis un refresco o una cerveza fría? —pregunta Donovan tras darle la vuelta a las hamburguesas que está cocinando en la barbacoa. Él y Trish llegaron hace menos de una hora y poco después lo hizo Zane.
La barbacoa de los domingos en mi casa se ha convertido en una especie de costumbre o ritual, y admito me encanta. Yo no soy demasiado sociable. Al menos no de manera voluntaria. He aprendido a relacionarme con todo tipo de personas, aunque eso no significa que me agrade hacerlo. En el club siempre tengo que hacer uso de mi falsa sonrisa y perfectos modales, pero aquí, en mi casa, puedo ser yo misma y disfrutar de la compañía de las pocas personas a las que considero amigos y casi familia.
—Una cervecita me vendría genial, cielo —contesta mi amiga con una sonrisa coqueta. Al contrario de mí, ella no ha perdido la oportunidad de ponerse un bikini muy reducido para disfrutar del buen clima.
Desvío mi mirada hacia el final del jardín, cerca del embarcadero, y encuentro a Zane y Milo jugando con el perro. Ambos se turnan para lanzar un palo al agua y Zeus se zambulle para cogerlo y traerlo de vuelta de inmediato. Una de mis comisuras se alza al ver al pequeño reír a carcajadas.
—Esta noche caerá dormido de puro agotamiento —murmuro para mí.
—Se te cae la baba —dice mi amiga llamando mi atención. Alzo una ceja de manera interrogante y ella se encoge de hombros—. Admite que ese pequeño te ha robado el corazón. No pasa nada, ¿sabes? No vas a ser ni más ni menos dura por ello.
—Me gusta. Es un buen chico y creo que, si consigo mantenerlo alejado del mal camino, algún día llegará a ser un buen hombre.
—¿Y su hermano?
—¿Qué pasa con él? —pregunto desviando la mirada.
No quiero recordar lo que pasó esta mañana en la cocina. Aunque en realidad no sucedió nada, pero podría… Joder, yo estaba más que complacida con que pasara lo que fuera. No sé en qué demonios estaba pensando.
—No te hagas la tonta conmigo, Brooke. He notado cómo lo miras. El chico es guapo, pero ¿estás segura de lo que haces? Estás arriesgando mucho para ayudarlo, y si piensas cargarte todos nuestros esfuerzos por un polvo…
—Estás loca —sentencio frunciendo el ceño—. Eso no va a pasar. Admito que Levi está muy bueno y todo lo que quieras, pero no es mi tipo. Además, ni siquiera me soporta.
—Creo que no se soporta ni a sí mismo —murmura mi amiga poniendo los ojos en blanco—. Por cierto, ¿has tenido noticias de tus padres? —Niego con la cabeza—. Seguramente ya se han enterado de lo que estás haciendo y apuesto que no les hace ni puñetera gracia que hayas metido en tu casa a dos vagabundos.
—No los llames así —siseo.
—Oye, no lo he dicho con mala intención. Sabes que yo siempre estaré de tu parte, pero tu padre no tardará en complicarte la vida por las últimas decisiones que has tomado.
—Lo sé —resoplo moviendo mi cuello de un lado a otro para desentumecerlo—. Apuesto a que en un par de día me caerá otra inspección en el club. Solo es cuestión de tiempo.
Donovan regresa del interior de la casa con dos cervezas en la mano y nos tiende una a cada una antes de girarse para volver hacia la barbacoa, pero se detiene en seco al ver como Levi entra en el jardín por la puerta trasera. Este mira a su alrededor y puedo ver la sorpresa en su rostro al comprobar que estamos todos aquí fuera.
—¿Una cerveza? —le pregunta mi amigo.
Levi me mira y alza una ceja.