Savage

Jess GR · Capítulo 49 de 118

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Savage

Capítulo 26

 

Brooke

 

Le doy un nuevo sorbo a mi taza de café y miro de nuevo hacia el reloj de la pared. Son las nueve de la mañana, y Levi aún no ha llegado. Anoche llegué sobre las tres y ya no estaba. Zane me dijo que se había marchado del trabajo porque no se encontraba bien, aunque supe de inmediato que era mentira, que algo extraño había sucedido. Mis sospechas se confirmaron cuando llegué a casa y Helen me dijo que no había vuelto. Eso me dejó preocupada, y así he estado toda la noche. Ni siquiera he ido a llevar a Milo al colegio, ha sido Helen quién se ha encargado de ello.

Ahora la preocupación ha dado paso al cabreo. ¿Dónde está? ¿Por qué no ha venido a dormir? Intento encontrar miles de razones que puedan justificar su ausencia, pero termino descartándolas enseguida. La verdad es que desde la otra noche supe que algo andaba mal. Solo espero que no haya cometido ninguna locura.

Exhalo un suspiro y me peino el cabello hacia atrás con los dedos. Me duele la cabeza por la falta de sueño, y estoy algo mareada. Normalmente, como algo al volver del Eternity de madrugada, pero anoche no pude hacerlo. Tenía el estómago cerrado y hasta ahora no he probado bocado. Helen insistió en que desayunara, solo que no tengo apetito. Solo quiero que Levi vuelva a casa de una vez para comprobar que está bien. Si no tengo noticias suyas en el plazo de una hora, llamaré a la policía y a los hospitales cercanos. Necesito saber si algo malo le ha pasado. También me he planteado llamar a Harvey y pedir su ayuda. Él es inspector de policía y podría aconsejarme qué hacer, sin embargo, tras el conflicto de la semana pasada, y a pesar de que hemos hablado y él se ha disculpado por su comportamiento, he creído que no era conveniente inmiscuirlo en esto.

Sigo esperando durante lo que me parece una eternidad. Cada minuto se siente como una hora entera y cada vez estoy más nerviosa. Desesperada, me levanto del sofá donde he estado sentada durante las últimas horas y empiezo a caminar de un lado a otro del salón. No puedo dejar de echar vistazos hacia la puerta principal, deseando que se abra en cualquier momento y que Levi entre en casa y me dé una explicación perfectamente racional, pero eso no ocurre y el tiempo sigue pasando lentamente.

Cuando estoy a punto de descolgar el teléfono para hablar con la policía, escucho el motor de un coche en el exterior y salgo corriendo hacia la puerta. Nada más abrirla, veo como un taxi se aleja y Levi camina hacia mí con la cabeza gacha.

—¿Estás bien? —pregunto saliendo de casa a pesar de estar descalza y en pijama. Su cabeza se alza y me mira, solo durante una milésima de segundo antes de desviar de nuevo la mirada hacia el suelo. Parece decaído, ojeroso. Lleva puesta la camiseta negra del Eternity, está completamente arrugada al igual que sus vaqueros. Sigue caminando en silencio con la chaqueta colgada del brazo, y entra en casa sin ni siquiera dirigirme una sola mirada. Entro tras él y me doy cuenta de que su ropa está húmeda por la parte trasera y las deportivas están manchadas de barro o arena seca. Cierro la puerta e intento tranquilizarme. Está bien, está en casa y eso es lo único que debería importarme, pero no es así. Siento un enorme alivio, sin embargo, no puedo dejar de sentir rabia. ¿Por qué ha hecho esto? ¿Qué es lo que le pasa? ¿Por qué no me mira a la cara?—. Levi, te he hecho una pregunta. ¿No vas a decir nada? —⁠inquiero.

Lo escucho resoplar y deja la chaqueta sobre el respaldo del sofá antes de ir hacia la cocina. Lo sigo sin entender a qué demonios viene todo esto. ¿Está enfadado? ¿He hecho algo para que se sienta mal? ¡¿Qué demonios está pasando?! Veo como se sirve una taza de café con parsimonia y empieza a beber. Mientras me mantengo a su lado, observándolo en silencio, la rabia en mi interior va creciendo, como un volcán de furia que apenas soy capaz de contener. Entonces, deja su taza sobre la encimera y, lentamente, alza la mirada hacia mí.

—Lo siento —susurra.

—¿Perdón? —Lo miro sin poder creérmelo. ¿Eso es lo único que va a decir?

—He dicho que lo siento —repite.

—Te he escuchado perfectamente, Levi, lo que intento averiguar es si esa es la única explicación que piensas darme. ¿Sabes el infierno que me has hecho pasar? Necesito mucho más que un «lo siento». ¿Dónde estabas? ¿Por qué no viniste a dormir? ¿Por qué te fuiste del Eternity sin avisarme?

Resopla con fuerza y se sujeta la cabeza con ambas manos. Cuando vuelve a mirarme, compruebo que sus ojos están enrojecidos y no parece estar de muy buen humor. Sujeta la taza con fuerza entre su mano, hasta que sus nudillos se vuelven blancos y después la deja de nuevo en la encimera con un golpe seco que la hace estallar en mil pedazos.

—¡No tengo por qué darte explicaciones de cada paso que doy, Brooke! ¡Tú misma dijiste que no estoy en una cárcel, de modo que deja de comportarte como mi maldita carcelera! —⁠grita.

Doy un paso hacia atrás sin poder creerlo. ¿Dónde demonios está el Levi tierno y cariñoso que estaba conmigo en la cama ayer? Miro a este hombre furioso y descontrolado y no soy capaz de reconocerlo. Por costumbre, agacho la cabeza, pero enseguida la levanto de nuevo. Él siempre dice que quiere que sea yo misma, pues muy bien, quiere a la verdadera Brooke y eso es lo que va a tener.

Alzo la barbilla y me cruzo de brazos mirándolo fijamente.

—Muy bien, Levi, te dejo en paz, como tu maldita carcelera y como cualquier otra cosa que pueda ser para ti, pero te recuerdo que esta es mi casa, y tú estás bajo mi responsabilidad. —Me acerco más a él y clavo mi dedo índice en su pecho, él se aparta de inmediato como si mi contacto le resultara repulsivo y no puedo evitar que un par de lágrimas traicioneras salgan de mis ojos—. ¡Durante un jodido segundo creí que tú podrías valer la pena, que todo lo que estábamos viviendo era real, pero por lo visto me equivocaba! —⁠Me seco las mejillas de un manotazo y él me mira sin pestañear. Ya no parece asustado, creo que ahora está sorprendido y también puedo ver una pizca de temor en su mirada—. Fallo mío, pero tranquilo, no volveré a molestarte más. En definitiva, solo me preocupaba por ti, algo que no creo que haga demasiada gente. Puede que estés acostumbrado a tratar a la gente del mismo modo que te tratan a ti, como escoria, pero yo jamás te he visto ni tratado de esa forma. Si hay algo que me debes es respeto, el mismo que yo te he tenido siempre a ti.

—Mierda, Brooke, lo siento mucho —murmura frotándose la nuca. Intenta acercarse a mí, pero esta vez soy yo la que recula un par de pasos. El temor en su mirada se intensifica y frunce el ceño—. No vas a hacerlo. Quítatelo de la cabeza, ¿entendido? Soy un jodido cabronazo, lo sé. Tú eres la persona que mejor me ha tratado en mi vida, la única capaz de verme realmente y no al vagabundo o al delincuente. Por supuesto que te debo respeto, y lo hago. ¡Joder, yo te respeto más que a nadie en el mundo! —⁠Se deja caer en un taburete y hunde la cara entre sus manos—. Perdóname. Haré lo que quieras, pero no me dejes. No te rindas conmigo, por favor.

Respiro hondo y tomo asiento en el taburete contiguo. No sé cómo reaccionar ante él. Parece devastado, pero al mismo tiempo no se abre a mí. Sé que algo le pasa y debe ser lo suficientemente grave como para que no pueda compartirlo conmigo.

—Levi, ¿qué te está pasando? —pregunto con cautela⁠—. Si he hecho algo… Si esto es por lo que me dijiste, eso de que no estás acostumbrado a que las cosas te salgan bien… Yo puedo entender que te sientas presionado a vivir una vida que no es la tuya. Lo nuestro va muy deprisa y…

—Eh, no lo hagas, ¿vale? No pienses ni por un segundo que esto tiene algo que ver contigo o con lo que hay entre nosotros. —⁠Suspira y cierra los ojos con fuerza, cuando los vuelve a abrir, puedo ver como intenta contener las lágrimas—. Tú eres lo mejor que me ha pasado nunca, y sé que soy un egoísta hijo de perra por querer mantenerte a mi lado a pesar de saber que jamás podré estar a tu altura ni merecerte. Si fuese un buen hombre, uno decente, nunca me habría acercado a ti, pero no lo soy. Durante toda mi vida he querido tener algo valioso que fuese solo mío, y ahora que lo encontrado, que tengo a mi lado el mayor tesoro que alguien puede poseer, no soy capaz de renunciar a él. Te quiero demasiado, niña de papá. Necesito que entiendas eso. No dudo de lo nuestro. Solo quiero librarme de cualquier cosa que pueda llegar a apartarte de mí.

—No te entiendo —murmuro. Niego con la cabeza y estiro la mano para tocar la suya, aunque una vez más, él se aparta en cuanto se da cuenta de mis intenciones⁠—. Vale, si no es eso. ¿Qué es lo que ocurre? ¿Dónde has pasado la noche?

—En la playa —contesta apartando la mirada hacia sus manos sobre su regazo.

—¿Por qué has dormido en la playa?

—No he dormido. Necesitaba pensar. Estar solo unas horas.

—¿Pensar en qué? —Intento sonsacarle información, pero creo que sería más fácil hacer maullar a un perro a que Levi finalmente se abra conmigo.

—En muchas cosas. Te prometo que no volverá a pasar. Y siento mucho haberte gritado.

Pongo los ojos en blanco por su evasiva y sigo insistiendo.

—Levi, no quiero que te disculpes, lo que necesito son respuestas. No entiendo nada. Hace un par de días estábamos bien y de pronto todo cambió. Te estás encerrando en ti mismo y no me dejas entrar. Mírame, por favor. —⁠Sus ojos se clavan en los míos—. Te quiero más de lo que jamás creí que podría llegar a querer a nadie, pero solo sexo no es suficiente para mí, no contigo. Te quiero a ti por completo, y no aceptaré menos que eso.

—Lo entiendo, y te juro que te daré lo que me pides, pero no aún. Necesito algo de tiempo para poner mis asuntos en orden y después de eso, soy todo tuyo. Solo necesito tiempo, nada más.

—¡Dios Santo, Levi! ¡¿Tiempo para qué?! Tienes problemas, ¿es eso? ¿Acaso hay otra mujer? ¿Alguien de tu pasado quizás?

—No, Brooke. Te prometo que no hay nadie más. Te pido por favor que no me hagas preguntas que no puedo contestar. —⁠Por primera vez desde que ha llegado, coge mi mano y la acaricia con suavidad—. No me obligues a mentirte. Solo te pido que tengas un poco más de paciencia conmigo y que confíes en mí. ¿Puedes hacer eso?

¿Puedo? ¿Qué otra opción tengo? Sé que si sigo presionando solo conseguiré que se encierre más en sí mismo. No voy a rendirme, aunque reconozco un caso perdido cuando lo veo, al menos por el momento lo es.

—Está bien —susurro tras suspirar—. Ahora la que tiene un pedido soy yo. Jamás vuelvas a desaparecer así. Si tienes que ir a algún lado y no quieres decirme donde, podré aceptarlo, aunque no me guste, pero al menos hazme saber que estás bien. Creí que algo malo podría haberte pasado. Cuando llegaste estaba a punto de llamar a la policía.

Recorre el interior de mi muñeca con el dedo pulgar y dibuja en su rostro una sonrisa triste.

—Lo siento. No quise asustarte. No volverá a pasar, te lo prometo. —⁠Sin poder evitarlo, suelto un bostezo y Levi alza una ceja—. No has dormido mucho, ¿verdad?

—Más bien nada. Ni siquiera me acosté.

—Una vez más, lo siento —susurra apesadumbrado⁠—. ¿Milo?

—En el colegio. Helen lo llevó. Esta mañana preguntó por ti. Le dije que habías salido a correr temprano. No quise preocuparlo.

—Lo dicho, no te merezco —dice acercando su mano a mi rostro, aunque antes de llegar a tocarme, se mira la mano y hace una mueca de asco⁠—. Voy a darme una ducha y a dormir un rato. ¿Te veo en la cama?

Me cruzo de brazos y frunzo el ceño.

—¿Qué te hace pensar que voy a dormir contigo? Sigo cabreada, Levi.

Resopla y se frota el rostro con las manos.

—Me da igual lo cabreada que estés. No voy a permitir que te alejes. Romperé todas las jodidas puertas de esta casa si hace falta, pero no voy a dejar que te alejes de mí.