Savage
Capítulo 16
Brooke
Siempre he sido una mujer fuerte. Desde niña aprendí que nada es regalado y si quiero algo tengo que conseguirlo y mantenerlo por mí misma. Cuando surge la oportunidad de cambiar tu vida para mejor, te aferras a ella como a un salvavidas en mitad del océano. Lo importante es sobrevivir, a cualquier coste. Supongo que esa fue una de las razones por las que cambié. Dejé de ser Brooke la luchadora, la niña huérfana que siempre se defendía con puños y dientes, para convertirme en la sumisa, la que siempre asiente y sonríe falsamente para evitar conflictos.
Hasta que Levi apareció en mi vida no fui realmente consciente de ese cambio. Sabía que una parte de mí había sido enterrada el día en que William Daniels me sacó de aquel lugar infernal y llenó mis días de lujos y facilidades, aunque no pensé que el cambio había sido tan notorio. Ahora, cuando esa parte de mí que tanto me empeño en ocultar lucha por salir a la luz cada vez que él me provoca y me enerva, me planteo si debería dejar de fingir que soy alguien que no soy. Aunque, sinceramente, no sé si podría hacerlo.
—Brooke, ¿de verdad no te importa que me quede a dormir en la casa de Justin? —me pregunta Milo mientras yo miro fijamente hacia la fila de vestidos perfectamente planchados que tengo estirados sobre la cama.
—No, cielo. Pásalo bien. Yo también tengo que salir esta noche. Ya he hablado con la madre de tu amigo y ella te llevará mañana a clase.
—¿Levi se va a quedar solo en casa? —inquiere.
Me encojo de hombros ya que no tengo respuesta a su pregunta. Casi no lo he visto desde nuestra conversación en la madrugada del viernes. Durante el día de ayer evité todo contacto con él. Por la noche no tuve más remedio que llevarlo en mi coche al club, ninguno de los dos dijo ni una sola palabra durante el trayecto y nos ignoramos hasta que yo volví a casa. Le escuché llegar bien entrada la madrugada, pero no salí de mi habitación. Supongo que Zane lo acercó. Por suerte esta mañana ya había salido a correr por el barrio cuando me desperté. Él y Milo comieron juntos, y yo no me asomé por la cocina. Decidí prepararme un sándwich y permanecer en mi habitación para no forzar un encuentro incómodo. Hasta hace un rato que Milo vino a pedirme si puede quedarse a dormir en la casa de uno de sus amigos del colegio.
—¿Te gusta más este vestido o este otro? —Alzo ambos, uno en cada mano. Milo señala uno largo, de color gris, que sostengo en mi mano izquierda. Lanzo el otro sobre la cama de cualquier manera y sonrío levemente colocando el elegido frente a mi cuerpo para poder verme en el espejo. Me gusta este vestido. A primera vista parece bastante recatado, pero lleva la espalda totalmente al descubierto dándole un aspecto sexi, además de una abertura lateral en la falda que llega hasta el muslo—. Buena elección, pequeño saltamontes —digo sonriendo.
—¿Tengo que llevarme los deberes a casa de Justin?
—Sí.
—Pero mañana tengo tiempo de hacerlos en clase a primera hora.
—O también puedes hacerlos hoy y te lo quitas de encima ya —replico.
Veo como se queda pensativo durante unos segundos y después vuelve a la carga.
—Brooke…
—Dime —murmuro buscando en la estantería superior del vestidor unos zapatos negros que sé que guardé ahí hace un par de semanas.
—¿Es posible culpar a una persona por algo que no hizo?
—No.
—Entonces si no hago los deberes, no vas a regañarme, ¿verdad?
Reprimo una carcajada e intento mirarle lo más seria que soy capaz. Aún sigo sin acostumbrarme a las ingeniosas salidas de este pequeño demonio.
—Buen intento, listillo. ¿Tienes lista la mochila con tu pijama y la ropa de mañana? —Asiente—. Te dejaré en la casa de Justin de camino a la cena con mis padres.
—¿Algún día los conoceré? Me refiero a tus padres.
Asiento levemente y desvío la mirada. No creo que eso suceda. Ni siquiera puedo imaginar lo grosero que sería mi padre con él y con Levi. Prefiero no tentar la suerte.
Escucho un carraspeo y me giro de golpe. Levi está de pie en mi habitación, justo frente a la puerta del vestidor.
—Perdón, he llamado a la puerta, pero no me escuchasteis. —Mira hacia el vestido que tengo en la mano y frunce el ceño—. ¿Vas a salir? —Asiento sin más explicaciones. Como él dijo la otra noche, no tengo por qué dárselas. Veo como desvía la mirada con cara de mala leche, pero no insiste en el tema —. ¿Le has peguntado a Brooke si puedes quedarte a dormir fuera?
—Sí, y ella ha aceptado, pero tengo que llevarme los deberes y acabarlos hoy —contesta Milo haciendo una mueca.
Finalmente encuentro los zapatos y me dirijo de vuelta a la zona principal de mi cuarto pasando justo al lado de Levi. No hago contacto visual con sus ojos, ni ninguna otra parte de su rostro.
Tras nuestra charla de la otra noche comprendí que tengo que sacármelo de la cabeza. Levi Scott no es bueno para mí ni para mi salud mental. Estoy sintiendo demasiado por él en un espacio muy corto de tiempo y eso me asusta. Además, ni siquiera sé si estamos en la misma línea, si él también siente lo mismo. Tengo claro que me desea, pero solo eso, nada de sentimientos, al contrario de mí, que a cada minuto que paso a su lado me convenzo de que me estoy enamorando de este complicado y salvaje hombre.
—¿Lo vas a llevar tú? —me pregunta. Siento su presencia a mi espalda, pero no me giro. Sigo recogiendo los vestidos que hay tirados sobre la cama para devolverlos a su lugar.
—Sí, tengo que salir de todos modos.
—Yo puedo recogerlo mañana. —Escucho su voz cada vez más cerca, como si estuviese acechándome.
—Me parece bien —murmuro.
—Quería preguntarte algo más.
—Dime.
Pasan unos segundos antes de que vuelva a hablar. Mientras, yo sigo moviéndome por la habitación en un intento de ignorar su presencia. Como si eso fuese posible.
—Brooke, ¿te importa parar un segundo y mirarme? Estoy intentando hablar contigo. —Su tono de voz es tranquilo, pero puedo notar como se está conteniendo.
Suspiro y me giro cruzándome de brazos. Levi me mira frunciendo el ceño y tras él, Milo nos observa a ambos sin decir ni una sola palabra.
—¿En qué puedo ayudarte, Levi? —pregunto arqueando una ceja.
—Para empezar, me encantaría saber por qué me ignoras. — Hago un gesto con la cabeza señalando a Milo y él aprieta los puños con fuerza y asiente. Entiende que no quiera hablar de esto delante de su hermano—. ¿Podemos hablar un segundo?
—¿Eso significa que yo tengo que irme? —inquiere Milo alzando la palma de su mano.
—¿Puedes esperarme en tu cuarto? Voy enseguida —le dice Levi.
—Vale, pero pregúntale tú a Brooke si puedes…
—Lo haré —le corta.
Tras echar un último vistazo en mi dirección, Milo se marcha de la habitación. Levi no tarda ni un segundo en acercarse a la puerta y cerrarla. Cuando se gira, veo como la vena de su frente vuelve a estar hinchada, signo inequívoco de que está muy cabreado, para no variar.
—¿Qué? —pregunto alzando la barbilla.
—Tú y yo tenemos una conversación pendiente.
—Creo que ya está todo dicho, Levi —replico.
—Te equivocas. No puedes soltar lo que me dijiste la otra noche y pretender que no haga nada al respecto. ¿A qué vino eso de terminar con el corazón roto? Necesito una explicación, Brooke. Te he dado un par de días de margen. Creí que cuando se te pasara el cabreo lo hablarías conmigo, pero tú no has hecho más que evitarme e ignorarme en todo momento.
Carraspeo y afianzo el agarre de mis brazos cruzados sobre el pecho. Veo como se acerca cada vez más a mí y eso me pone muy nerviosa, pero no puedo ceder ahora. Me he prometido a mí misma mantenerme alejada de él y voy a conseguirlo.
—No sé qué me hablas. Era tarde y estaba cansada. Ahora, si no tienes nada más que decir… —Señalo la puerta y su frente se arruga aún más.
—¿Me estás echando?
—¿Tan obvio resulta?
—Brooke, ¿puedo saber qué es lo que he hecho para que me trates así? No entiendo…
—¿Qué es lo que no entiendes? ¿Es que solo tú tienes derecho a cabrearte por tonterías? ¡Pues ahora me cabreo yo, hala! —Levanto aún más la barbilla de manera desafiante y veo como una de sus comisuras se alza un par de centímetros.
—¿Sabes que estás muy sexi cuando te enfadas? — pregunta mirándome intensamente. Sigue acercándose de manera pausada y sigilosa, como un león a punto de abalanzarse sobre su presa—. Se me pone dura solo con ver esa chispa de fiereza en tus ojos.
Mierda, sigue acercándose y aunque intento recular, mi trasero choca con la cómoda dejándome sin escapatoria. Podría salir corriendo y encerrarme en el baño, pero eso no sería muy maduro. Aunque la otra opción… ¿Podré resistir el impulso de saltarle encima y suplicarle que deje de jugar conmigo y me folle de una maldita vez? Oye, ¿desde cuándo uso yo la palabra follar? Creo que Levi está siendo muy mala influencia para mí.
—Detente —ordeno alzando mi mano a modo de barrera. Un temblor recorre su mandíbula apretada, pero obedece.
—Soy un imbécil —sisea. Suelta una gran bocanada de aire que baña mi rostro de un olor mentolado delicioso y veo cómo se lleva las manos a la cabeza—. Ni siquiera sé qué estoy haciendo.
Su forma de actuar me cabrea. ¿Por qué tiene que ponerse siempre a la defensiva?
—Si vas a soltarme otra vez lo de «no soy lo suficientemente bueno para ti» —imito su voz ronca haciendo muecas—, puedes ahorrártelo. No tengo ganas de escuchar tus dramas adolescentes ahora mismo. Tú no me conoces, Levi.
Resopla con fuerza y niega con la cabeza.
—Creo que no me estás entendiendo. Cuando me cabreo digo cosas, muchas de ellas sin sentido, pero salen de mi boca sin que pueda detenerlas. Busco hacer daño, y me jode, porque lo que menos quiero es hacerte daño a ti.
Su declaración me deja completamente descolocada. No esperaba que dijese eso.
—¿Esto es algo así como una disculpa? —pregunto en un susurro.
Vuelve a frotarse la cabeza y asiente.
—Es lo máximo que vas a tener de mí. Soy un hombre complicado, niña de papá. Hago y digo cosas que los demás no entienden, a veces ni yo las entiendo, pero esa es mi forma de ser. No puedo ni quiero cambiar quien soy.
—Y yo no pretendo que eso pase. —Suspiro y esta vez soy yo la que da un paso en su dirección—. Lo que pasó la otra noche en mi despacho no puede volver a ocurrir.
—¿Por qué? —inquiere volviendo a ponerse a la defensiva.
—Pues, porque… Porque… Porque no. Se supone que intentamos hacer de esta convivencia algo fácil y un acercamiento de ese tipo lo complicaría todo.
—A ver si lo entiendo, ¿estás diciendo que no quieres que follemos porque complicaría las cosas? —Asiento—. Entonces, ¿crees que es mejor que nos mantengamos alejados? —Vuelvo a afirmar—. ¿Te parece que han sido sencillos estos dos días contigo ignorándome y evitándome?