Savage

Jess GR · Capítulo 16 de 118

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Levi

Nos quedamos mirándonos fijamente durante un tiempo que se me hace eterno. Ninguno de los dos pestañea siquiera. Su aliento mentolado impacta en mi rostro cada vez que exhala una bocanada de aire, pero no me muevo ni un centímetro. Sé lo que está haciendo, intenta intimidarme, amedrentarme para que recule, sin embargo no pienso hacerlo. Si cree que puede conmigo, se equivoca. He tenido delante a tipos mucho más grandes y peligrosos y sobreviví, pasé por un infierno y aquí estoy, viva y entera.

Nuestra batalla de miradas continúa durante un rato más, y justo cuando estoy esperando que él alce la voz y se ponga a gritar o amenazarme, hace algo que me deja completamente descolocada, sonríe. Una sonrisa completa y genuina que provoca que mi corazón empiece a latir con fuerza en el interior de mi pecho.

—Has dicho tacos —susurra sin dejar de mirarme ni cambiar su expresión.

Resoplo apartando la mirada y me enderezo volviendo a cruzar los brazos.

—¿Y? —pregunto alzando la barbilla—. A veces hay que hacerse entender de maneras un poco más radicales.

Veo como alza las manos con las palmas hacia mí e intenta contener la risa.

—Tú mandas, niña de papá.

¡¿Eh?! ¡¿Yo mando?! No puedo creerlo. Esto ha sido demasiado fácil, pero por el momento me conformo. Además, necesito salir de este lugar. Me estoy asfixiando al pasar tanto tiempo encerrada con este hombre en un sitio tan pequeño.

Carraspeo y aliso mi vestido recomponiéndome un poco.

—Nos vamos. Ya ha sido suficiente para ser tu primera jornada. Mañana el club no abre, así que tenemos la noche libre. El lunes volvemos al trabajo y espero no volver a encontrarte de nuevo en una situación similar.

 

Levi Camino tras ella intentando tapar la parte delantera de mi pantalón. Joder, estoy empalmado, mucho. Ya lo estaba antes de que esta pequeña e irritante mujer entrara en el almacén, aunque la culpable de mi estado era otra.

No esperaba que Candy se me acercara en ese pequeño cuarto. Me sorprendió verla allí y más aún cuando empezó a restregarme las tetas por todos lados. Le dije que no era buena idea, pero no se detuvo, y qué demonios… Cuando una mujer guapa se ofrece a chupártela, y gratis, no le dices que no.

Lo que menos imaginé fue que Brooke nos pillaría justo cuando estaba a punto de correrme. Al principio me cabreé, especialmente por su tono déspota y de superioridad, pero en cuanto la piqué un poquito noté cómo se descontrolaba y eso… Joder, eso me excitó como nunca antes nada lo había hecho. Ni siquiera la deliciosa mamada que me acababa de hacer Candy me puso tan cachondo como escucharla maldecir y ver esa chispa en su mirada, como una llama minúscula que se hacía cada vez más grande. Allí, parado frente a ella y mirando esos preciosos ojos verdes, sentí como si ese fuego se estuviese propagando por todo mi jodido cuerpo, y lo peor es que estaba deseando arder, quemarme y quedar consumido hasta que ya no quedase nada de mí más que un puñado de cenizas.

Ni siquiera tengo tiempo de recoger mi sudadera, ya que Brooke no deja de caminar a paso rápido recorriendo todo el club hasta llegar al exterior. Nunca entenderé cómo se las arreglan las mujeres para mantener el equilibrio subidas en esos zapatos tan altos. Es algo que se escapa de mi entendimiento.

Las luces del A7 pestañean un par de veces y Brooke no tarda en meterse en su interior cerrando con un portazo. El sonido queda ahogado por el bullicio de la calle. Son casi las cuatro de la madrugada, pero las luces, voces y música que provienen de las discotecas cercanas llenan de vida esta parte de la ciudad.

Un grupo de chavales jóvenes, todos vestidos con traje y corbata, pasan justo a mi lado riendo y voceando. Cabeceando, entro en el coche sin poder dejar de pensar en lo distinto que es este barrio a aquel en el que nací y crecí. Aquí hay lujo y brillo en cada esquina. Incluso los ladrillos de los edificios están limpios, como si alguien se hubiese tomado su tiempo en frotarlos con agua y jabón cada día. Nada que ver con los de los bajos fondos de Miami, donde las paredes de casi todas las calles están decoradas con tinta de colores y mugre. Echo un vistazo por la ventanilla y me descubro pensando en cómo sería pintar sobre una de estas impolutas paredes. Lo único que soy capaz de ver es un lienzo en blanco, un lugar donde dejar volar mi imaginación mientras el olor de la pintura y el sonido del espray me lleven a un sitio mejor, uno en el que todo sea más sencillo y menos doloroso.

—¿Estás bien? —la voz de Brooke me sobresalta y me giro para mirarla mientras ella conduce. Estaba tan distraído con mis propios pensamientos que ni siquiera me había dado cuenta de que ya se ha incorporado a la carretera. Veo como sopla un mechón de su pelo rubio que se ha colado frente a su ojo derecho, y tengo que contenerme para no apartarlo por mí mismo. Esos ojos son demasiado bonitos como para ser cubiertos⁠—. Oye, quizás he sido un poco dura contigo hace un rato.

—¿Vas a pedirme perdón, niña de papá? —pregunto alzando una ceja. Veo como frunce el ceño y afianza el agarre del volante entre sus manos.

No sé por qué lo hago, por qué siempre estoy a la defensiva con ella, pero no puedo evitarlo. Además, después de comprobar por mí mismo que la niña de papá es más que solo una cara bonita y esconde en su interior una pequeña fiera, me siento tentado a seguir provocándola para comprobar hasta dónde es capaz de llegar.

—No voy a disculparme contigo. Cada palabra que dije es verdad y necesito que te des cuenta de cuál es tu situación, Levi. —⁠Resopla y lleva una de sus manos a su cabeza para peinarse el cabello hacia atrás con los dedos—. Entiendo que tu vida no ha sido fácil y en los últimos meses tu vida ha cambiado de manera radical. Yo no soy tu enemiga y…

—Prefiero que te cabrees —digo interrumpiéndola.

Brooke aparta la vista de la carretera un segundo para mirarme confundida.

—¿Perdón?

—Ya me has escuchado. Prefiero tener que aguantar tus sermones y tus aires de superioridad antes de tener que soportar tu tono condescendiente. No necesito tu compasión.

La escucho resoplar de nuevo, pero no dice nada. Es más, ni siquiera abre la boca durante el resto del trayecto. Tras entrar en la casa, va directamente hacia la habitación de Milo y yo la sigo por simple curiosidad. Veo como lo arropa y le echa una última mirada antes de susurrar un «buenas noches» y meterse en su propia habitación cerrando la puerta.

En cuanto me quedo solo, respiro profundamente cerrando los ojos con fuerza y me acerco a la cama de mi hermano. Acaricio su pelo corto y sonrío levemente al verlo sonreír en sueños. Es feliz, mucho más de lo que fue jamás viviendo conmigo en las calles, y eso se lo debo a Brooke. Puede que no sea capaz de darle las gracias abiertamente, pero en el fondo sé que ella es buena para Milo. Aunque aparente ser una mujer fría y poco cariñosa, puedo ver la calidez que hay en ella cada vez que está con mi hermano, y eso me confunde porque no quiero encariñarme con ella. Más pronto que tarde tendré que dejar atrás esta vida que me han regalado y volver a mi anterior existencia, esa donde las mujeres rubias de ojos verdes no existen, o al menos no me tratan como a una persona, sino como a un animal salvaje y sarnoso al que ni siquiera pensarían acercarse.