Savage

Jess GR · Capítulo 77 de 118

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Savage

Capítulo 38

 

 

Brooke

 

Donovan está muerto. No puedo dejar de pensar en su mirada vacía. Esa imagen me perseguirá el resto de mi vida, y también la sensación de que pude haber hecho algo más por él. Ha muerto por mi culpa, por intentar ayudarme, y porque yo cometí el error de meter a un desconocido en nuestras vidas. Todos me advirtieron, querían lo mejor para mí. Sin embargo, yo siempre me he creído dueña y señora de la razón, y estas son las consecuencias. Mi amigo… El marido de mi mejor amiga está muerto, yo estoy embarazada de un delincuente y mi vida se ha ido a la mierda.

—Señorita Daniels, ¿le duele? —me pregunta el sanitario apretando un algodón con desinfectante en mi labio inferior. Niego con la cabeza. No me duele nada. Al menos no físicamente. Ni siquiera sé cómo se lo voy a decir a Trish. El hombre al que ama ha muerto. Va a quedar devastada con la noticia —. ¿Le duele el cuello o la espalda? —⁠Vuelvo a negar y alzo la cabeza como un resorte al escuchar la voz de mi padre.

—¿Dónde está? —le pregunta a Harvey. Este me señala con la mano y veo como mi padre esquiva a los policías y sanitarios que han invadido mi local. Donovan sigue en el suelo. Alguien ha cubierto su cuerpo con una manta y están a la espera de que el médico forense autorice su traslado. Mi padre llega a mi lado y se agacha para quedar a mi altura. Hace un buen rato que alguien me dejó sentada en uno de los sofás y no he sido capaz de moverme de aquí—. ¿Cómo estás, Brooke? —⁠pregunta.

Me encojo de hombros e intento no mostrar mi dolor ante él. Lo tomaría como una debilidad.

—Estoy bien —contesto tras carraspear.

—No lo pareces. ¿Qué ha pasado? —inquiere.

Me pregunto quién le habrá avisado. Probablemente el jefe de policía. Son amigos desde hace muchos años. Así que estará más que enterado de todos los detalles. Por lo tanto, lo que busca es que yo se lo diga para poder restregarme por la cara que me lo advirtió y no le hice caso.

—Donovan ha muerto —contesto en tono seco y sin mirarle.

El sanitario sigue curando la herida de mi labio sin prestar atención a nuestra conversación.

—Eso ya lo sé, y también lo de tu novio el traficante. —Siseo, aparentemente de dolor, pero en realidad lo hago por rabia contenida. Ahora mismo no necesito esta mierda—. ¿Te duele mucho? —⁠me pregunta mi padre.

—No. Estoy bien, padre —respondo—. Solo es un rasguño. — ⁠Respiro hondo y lo miro a los ojos—. Supongo que no has venido a ver cómo me encuentro. ¿Quieres burlarte de mí? Adelante, hazlo. Al final has conseguido lo que buscabas. Dudo mucho que pueda volver a abrir el club, uno de mis amigos ha muerto y mi novio el traficante, como tú lo llamas, es probable que pase el resto de su vida en la cárcel. ¿Estás contento, padre? Tú tenías razón. Ahora te pido por favor que me dejes asimilar todo esto antes de atosigarme con tus reclamos y lecciones de moral.

Su ceño se frunce y veo como sus manos se abren y cierran un par de veces. Aparto la mirada. El sanitario empieza a guardar todo en su bolsa y se pone en pie.

—Esto ya está. Solo es un golpe. No creo que sea necesario ir al hospital.

—Estoy embarazada —digo sin pensar.

Puedo notar la sorpresa tras el semblante serio de mi padre, pero no dice ni una sola palabra.

—En ese caso, estaría bien hacerle una revisión. Entiendo que este es un momento complicado. Mañana pase por el hospital o pida cita para su médico y que le hagan una revisión.

—Está bien. Gracias —murmuro.

El chico se despide y yo miro a mi padre. No sé qué es lo que está pensando, aunque puedo imaginarlo. Sin embargo, no me importa en absoluto. Me da igual que desapruebe mi estado o que esté a punto de échame un sermón. Y por supuesto, estoy harta de quedarme callada. Si quiere decir lo que piensa, que lo haga. Yo también lo haré.

—¿Estás embarazada? —inquiere.

Me levanto y tras cruzarme de brazos frente a él, asiento con la cabeza.

—Sí, padre. Y antes de que empieces a soltar lo tuyo, tengo que decirte que me importa una soberana mierda lo que pienses o creas. Estoy segura de que no lo apruebas, al igual que cada decisión que he tomado en mi vida. — Clavo mis ojos en los suyos y hago verdaderos esfuerzos por contener las lágrimas. Se acabó la niña buena. Si algo bueno he sacado de mi relación con Levi es aprender a ser yo misma de nuevo. Jamás seré otra vez la Brooke comedida y sumisa. No voy a seguir fingiendo ser alguien que no soy—. Siempre he intentado ser la mejor hija, papá. Desde que me fuiste a buscar a esa casa, hice todo lo que estaba en mis manos para ser aceptada. Acaté todas y cada una de tus órdenes, pero para ti nunca era suficiente. Cuando decidí abrir el club, me tachaste de egoísta y malcriada, y durante todos estos años has hecho de todo por cerrarlo y obligarme a volver a casa y a la empresa contigo. Muy bien —limpio mis mejillas húmedas y estiro los brazos en cruz —, aquí lo tienes. Ya no tengo nada y tú tenías razón. ¿Eres más feliz así, padre? Ahora que estoy destruida, ¿te sientes satisfecho? —Veo como niega con la cabeza y agacha la mirada, algo muy poco habitual en él. Frunzo el ceño extrañada, y cuando alza de nuevo la mirada, compruebo que sus ojos están bañados en lágrimas—. ¿Pero qué…? —⁠Antes de que pueda terminar la pregunta, siento sus brazos rodeando mi cuerpo y tirando de mí para abrazarme.

Me quedo paralizada durante varios segundos. Mi padre me está abrazando. Ni siquiera recuerdo cuándo fue la última vez que hizo eso. Lo escucho sollozar en mi oído y me sorprendo aún más. El gran William Daniels nunca llora. ¿Qué demonios está pasando aquí?

—Lo siento, hija —susurra sorbiendo por la nariz. Se aparta de mí y sujeta mi rostro entre sus manos⁠—. Desearía no haber tenido la razón. Sé que siempre fui muy duro contigo, que te he presionado mucho. Te juro que más de una vez me he preguntado a mí mismo si eso era lo correcto, pero es que no sé hacerlo de otra forma. Mi padre siempre fue distante y frío conmigo, y su padre con él. Es algo que llevo grabado a fuego en mi cerebro incluso antes de nacer. Creí que de ese modo te haría más dura, más inteligente, indestructible. Perdóname si me he equivocado. Yo te quiero, Brooke. Eres lo más importante de mi vida.

Me quedo sin palabras. ¿Mi padre acaba de decir que me quiere? ¿Quién demonios es este hombre y dónde está William Daniels?

—Yo no… No sé qué decir —susurro.

—No digas nada. Ven a casa conmigo. Si lo que quieres es seguir trabajando en este club, te ayudaré a abrirlo de nuevo cuando termine la investigación. Y si… —⁠Mira hacia mi vientre y respira hondo—. Si quieres tener ese bebé, también contarás con el apoyo de tu familia. Estoy cansado de pelear. Quiero recuperar a mi hija.