Savage
Capítulo 14
Brooke
Levanto la mirada de la moqueta cuando la puerta se abre. Me enderezo. Los nervios se apoderan de mi estómago en cuanto Levi entra y cierra la puerta a su espalda.
Sus ojos se clavan en los mío obligándome a dirigir mi mirada hacia otro lado. Parece cabreado, pero eso no es nada raro, Levi siempre está cabreado.
—¿Qué estás haciendo aquí? —pregunto alzando mi barbilla de manera desafiante. No responde, solo me mira fijamente con ese aire de matón que tanto me pone. Estoy agotada por nuestras constantes batallas verbales, y al mismo tiempo no quiero que terminen. Cada vez que me mira, justo como lo está haciendo ahora mismo, siento ese apretón en lo más hondo de mi cuerpo. ¿Por qué tiene que calentarme tanto? No es justo—. ¿No has tenido suficiente por un día?
—No —contesta de manera seca y cortante.
Mis ojos vuelan a los suyos y, si es posible, él parece más enfadado que nunca. En esta pequeña habitación Levi es enorme e intimidante, y la comparación entre nuestros tamaños más notable. Podría aplastarme como a un insecto si quisiera.
—¿Qué demonios quieres ahora, Levi?
—Dile a tu jodido novio que deje de tocarme los cojones de una vez —exige.
—Harvey no es mi novio, ya no. Y si quieres decirle algo, hazlo tú mismo. No soy tu jodida recadera. —Me peino hacia atrás con los dedos y señalo la puerta—. Ahora lárgate y déjame trabajar.
—¿Crees que puedes darme órdenes y que yo las seguiré como si fuese tu puto perrito faldero? —sisea apretando la mandíbula—. No te equivoques conmigo, niña de papá. Yo no beso el suelo por donde pisas como ese jodido poli tuyo.
—Mira, Levi, ya estoy cansada de tus berrinches. Vuelve al trabajo y deja de joderme.
—¿Joderte? Ya te gustaría —dice alzando una de sus comisuras.
¿Me gustaría? ¡Joder, claro que sí! Digo… ¡No! No me gustaría en absoluto.
Resoplo caminando hacia la puerta y la abro de un tirón. Ya he llegado a mi límite por hoy. Necesito un descanso de este hombre y de su cargante personalidad.
—Fuera —ordeno con el brazo en alto.
Su mirada se estrecha y camina lentamente hacia mí.
—¿Y si no lo hago? ¿Qué pasará si no me voy? — pregunta acercándose cada vez más.
Su cara queda a escasos centímetros de la mía y su aliento mentolado golpea mi rostro. Joder, huele delicioso.
—Levi, no me provoques —siseo desviando la mirada para no cometer ninguna locura.
—Tal vez quiera hacer justo eso —susurra colocando su mano sobre el borde de la puerta y cerrándola de golpe.
No hay tiempo para procesar lo que acaba de decir ni hacer. En un momento estoy mirándolo con incredulidad y al siguiente salgo despedida hacia atrás cuando su cuerpo colisiona con el mío. Su calor y su fortaleza me arrollan cuando me agarra por la nuca con una mano y empieza a caminar obligándome a retroceder hasta que mi trasero impacta contra el escritorio. Con la otra mano arrastra mi muslo izquierdo hacia arriba para poder situarse entre mis piernas y posicionarme sobre la mesa. Su boca se aplasta contra la mía, y el deseo que mi cuerpo ha estado albergando por él durante semanas se apodera de mí. Me aferro a él, con mis manos clavadas en su espalda, mis piernas trepando por sus caderas al tiempo que mis labios se separan en una exhalación de alivio que permite que su lengua entre en mi boca, haciendo justo lo que prometió, provocarme. El olor a Levi, el gusto a menta en su lengua, la sensación de sus manos cálidas agarrándome con fuerza… Todo ello me domina y se me escapa un sonido gutural que soy incapaz de controlar.
Su beso borra por completo mi cabreo y mi frustración por nuestra anterior pelea. Su mano derecha se tensa en mi nuca y lo escucho gemir. La vibración de su gemido roza mi cuerpo como manos incitando mis pezones, susurrando en mi estómago y deslizándose hasta aposentarse entre mis piernas. Sus besos se hacen más intensos, más demandantes. Largos besos que me drogan y me dejan sin aliento. Estamos jadeando y ahondando en la boca del otro como si no pudiéramos llegar lo bastante profundo. Hundo mis uñas en su camiseta para instarlo a apretarse más contra mí.
Cuando reparo en su erección clavándose en mi estómago, me doy cuenta de que ya estoy completamente perdida. Mi vientre se encoge y gimoteo con mi boca pegada a la suya y con mis bragas empapadas de deseo. La necesidad se acrecienta cuando Levi sube una mano por mi cintura, rozándome el pecho y deteniéndose en el tirante ancho del top. Interrumpe el beso, retirándose solo un centímetro para mirarme a los ojos. El gris de su mirada brilla más que nunca, como plata liquida en erupción, con las pestañas caídas sobre ellos y los labios amoratados. Siento que dos de sus dedos se deslizan bajo mi tirante para bajar el lado izquierdo del top y dejar al descubierto mi sujetador. Su mirada no abandona la mía cuando repite el proceso con el tirante de mi sujetador.
Una brisa de aire frío roza mi pecho desnudo y mi pezón se tensa, excitado. Levi baja la mirada cuando su mano se desliza hacia arriba para sujetar mi pecho. Lo acaricia, rozando el pezón con su pulgar, y yo ahogo un grito cuando este se endurece aún más y lanza un relámpago de deseo entre mis piernas. Sus ojos vuelven a los míos.
—¿Te gusta esto, Brooke? —murmura deslizando su mirada hacia mi boca—. ¿Te gusta sentir mis manos sobre ti? O… —baja la cabeza y pellizca mi labio inferior con sus dientes—, ¿te pone que un tío al que odias esté a punto de follarte?
Sus palabras tardan unos segundos en penetrar en mi mente, pero cuando lo hacen aplastan completamente el deseo y me hacen recuperar la rabia y la mala leche. Dejo de abrazarlo para colocarme de nuevo el sujetador y el top.
—Vete a la mierda —escupo.
Trato de apartarlo, y solo consigo que se apriete más a fondo entre mis piernas, sujetándome las muñecas para parar los puñetazos que estaban a punto de volar hacia él.
—¿Te sigues tirando al poli? —inquiere frunciendo el ceño, aunque todavía está inequívocamente excitado con su erección clavándose en mi bajo vientre, haciendo que mi cuerpo y mi cabeza emprendan una lucha de voluntades.
—No es asunto tuyo —contesto forcejeando.
—¡¿Te lo estás follando?!
—¡No es asunto tuyo! —repito a voces.
—Considerando que quiero meterme entre tus piernas, es asunto mío. Y considerando que está claro que tú quieres que me meta entre ellas, creo que es mejor para ti que me respondas.
—Eres un capullo arrogante y un puto salvaje —digo enrabietada, decidida a que este maldito macho alfa no me controle—. ¡No me acostaría contigo ni aunque fueses el último hombre del mundo!
No es la respuesta más original, ya lo sé. Y desde luego no es el mejor momento para decirla ya que hace tan solo unos segundos estaba gimiendo de placer mientras él me sobaba las tetas.
Levi me besa otra vez, sin soltarme las manos, mordiéndome con furia los labios, frotando su duro miembro contra mí, atormentándome. Mi cuerpo cede y mis labios se separan dejándolo entrar. He tratado de presentar una fingida batalla, pero mis hormonas están mucho más interesadas en el sexo que en controlar la situación.
—¿Te acuestas con él, Brooke? —murmura con su voz ronca y sexy, dejando un rastro de besos en mi mandíbula.
—No —suspiro.
—¿Quieres acostarte con él?
—No.
Vagamente soy consciente de que me está soltando las muñecas y mis manos, de manera automática, se estiran para tocar su estómago tenso.
—¿Quieres que te folle? —gruñe en mi oído.
Me estremezco de deseo. ¡Joder, sí! Pero en lugar de decir la verdad, niego con la cabeza tratando de mantener cierta clase de control. Y entonces siento su mano entre mis piernas, con dos dedos frotando con fuerza la costura de mis vaqueros. La excitación me inunda haciéndome temblar con fuerza.
—Oh, Dios… —Gimo, tratando de apretarme más a él.
Sus labios vuelven a pegarse a los míos e intento profundizar el beso, pero Levi se retira.
—¿Quieres que te folle? —repite la pregunta mirándome directamente a los ojos.
Siento una explosión de rabia y aprieto los labios con vigor.
—¿Qué coño crees? —siseo.
Sujeto su nuca y tiro de su cabeza hacia abajo chocando mis labios con los suyos. Sus brazos rodean mi cintura fusionando nuestros cuerpos mientras nuestras bocas se alimentan ansiosas la una de la otra. La impaciencia arde entre nosotros y sus manos fuertes se deslizan por mi espalda hasta bajar a mi trasero para levantarme con facilidad. Mi cuerpo comprende de inmediato lo que quiere y envuelvo mis piernas en torno a su cintura al tiempo que él se vuelve y camina conmigo en brazos para apretarme contra la primera pared que encuentra, con su erección frotándose contra la uve de mis vaqueros y empujándome con sus caderas. La satisfacción y la necesidad me invaden y jadeo contra su boca, rogando más en silencio.
—Oh, joder, lo siento —la voz de Zane penetra entre la neblina de deseo que embota mi cerebro y me aparto de Levi, con mi pecho subiendo y bajando con rapidez mientras intento recuperar el aliento.
Miro a Zane horrorizada al sentir como vuelvo a la realidad. Oh, joder, joder, joder. ¡Mi autocontrol da pena!
—¡Mierda! —exclamo, soltando una bocanada de aire.
La mirada confundida de Zane vuela entre Levi y yo antes de volver a mí de nuevo.
—Siento interrumpir, pero está aquí tu padre y quiere verte —anuncia.
Trago saliva pese al nudo de pánico y excitación sexual que se ha formado en mi garganta.
—Ahora mismo salgo —contesto con un hilo de voz.
En cuanto la puerta se cierra, siento como las paredes del despacho se estrechan, aprisionándome con la sensación de arrepentimiento. Todavía estoy envuelta en los brazos de Levi. Desenredo mis piernas y él me deja en el suelo. Nada más pisar firme, apoyo una mano en el pecho de Levi para apartarlo.
Me sujeta por la barbilla con dedos suaves y me obliga a levantar la mirada. Su expresión es decidida y controlada, completamente distinta a la de hace tan solo un par de minutos y totalmente opuesta a su boca hinchada.
—¿Estás bien? —susurra—. ¿Quieres hablar de esto?
¿Hablar? ¿Desde cuándo hablamos? Nosotros solo peleamos. Además, ¿de qué demonios vamos a hablar? ¿Sobre mi absoluta falta de control y fuerza de voluntad?
—No tengo tiempo ahora mismo —mascullo.
—Entonces luego hablaremos en casa.
—Levi…
Su agarre en mi barbilla se tensa, haciéndome callar.
—Si me dices que me vaya, me voy —susurra apretando la mandíbula.
—No quiero complicar las cosas. Tú y yo no tenemos una buena relación propiamente dicha, y Milo está en medio. El sexo solo lo enredaría todo aún más entre nosotros.
—Eso díselo a tus bragas mojadas, niña de papá — señala alzando una ceja.
—Eres un cabrón —siseo.
—Cierto, pero voy de frente. Si quiero algo lo digo, y si no también. No le tengo miedo a las consecuencias, Brooke. Mi pregunta es, ¿quieres lo mismo que yo?
Bajo la mirada hacia el suelo, aunque no puedo evitar que mis manos se posen sobre su pecho y agarren su camiseta intentando retenerlo. Sé que en cuanto mi boca se abra de nuevo, se marchará.
—No es buena idea.
—No es eso lo que te he preguntado —insiste perdiendo la paciencia—. ¿No es buena idea acostarte con un tío de la calle? ¿Es eso? ¿Crees que no soy suficiente para ti?
—No, yo no he dicho eso —aclaro alzando la mirada, y me doy cuenta de inmediato que Levi ya no está aquí conmigo, al menos no el Levi que hace un rato me estaba empotrando contra la pared. Ahora es Savage, el orgulloso e inalcanzable, el que ataca en cuanto se siente mínimamente amenazado—. Deja que te lo explique…
—Está todo muy claro —dice estirando mis dedos uno a uno hasta que suelto su camiseta, entonces empieza a retroceder de espaldas hacia la puerta—. No hagas esperar a tu papi, Brooke. Puede que te deje sin paga.
—Tú no tienes ni idea, Levi. Mi padre…
—Tampoco quiero saberlo —dice interrumpiéndome—. Hazme un favor y háztelo a ti misma, olvida lo que ha pasado en este despacho, ¿quieres? Y no te preocupes, yo no voy a convertirme en uno más de los perritos falderos que te siguen con la lengua fuera esperando que les prestes atención. —Me lanza una mirada de desdén y sonríe de manera burlona—. Tampoco eres para tanto. —Tras esas últimas palabras, se gira y sale del despacho cerrando la puerta con un sonoro golpe.
En cuanto me quedo sola, suspiro y me tomo unos instantes para hacer un balance de lo ocurrido. Aún no me creo que haya estado a punto de acostarme con Levi, pero mis labios están ásperos por sus besos desesperados, mis mejillas ardiendo por el roce de su barba de dos días, mi corazón acelerado y mis bragas definitivamente empapadas.
Peor… Aún estoy tan caliente que me planteo por un segundo cerrar la puerta y terminar lo que él ha empezado.
Un nuevo resoplido sale de mis labios y me froto el rostro con las manos. Hice bien en apartarlo, aunque los motivos no sean los que él piensa. A mí me da absolutamente igual de dónde procede, sé que es un buen hombre, solo que también que es peligroso para mí porque con él corro el riesgo de perder lo más preciado que conservo: mi corazón. Y eso… eso es algo que no puedo permitir que pase.