Savage
Capítulo 30
Brooke
Me despierto con el incesante sonido de mi teléfono móvil. Escucho a Levi balbucear un par de maldiciones dirigidas al inventor de los teléfonos, y resoplo.
—¿Quién es? —digo de mal humor nada más descolgar.
—Yo —me contesta una voz seria y autoritaria que me hace espabilar de golpe.
—¡Padre! —exclamo. Me siento de golpe en la cama y me peino hacia atrás con los dedos. Incluso aunque sé que no puede verme, siento la necesidad de no desagradarle con mi aspecto o mi actitud—. Buenos días, ¿cómo estás?
—Si te importara saber cómo estoy, habrías llamado o venido a vernos, Brooke —me reprocha.
Hago una mueca y compruebo que Levi me está observando y se mantiene atento a la conversación. Estoy a punto de levantarme para salir de la habitación y que pueda seguir durmiendo, pero antes de que pueda moverme, su brazo rodea mi muñeca reteniéndome y niega con la cabeza. Asiento entendiendo sin palabras que no quiere que me marche y respiro hondo.
—Claro que me importa. ¿Cómo está mamá?
Mi padre resopla al otro lado de la línea.
—Está bien, aunque aún sigue sin entender por qué te marchaste de la cena la otra noche y no hemos vuelto a saber nada de ti.
—Bueno, es que…
—Da igual —dice interrumpiéndome—. Me lo cuentas en persona. Te veo en mi oficina en una hora. Tenemos que hablar.
—¿Qué? ¿Ahora? —inquiero abriendo los ojos de par en par.
—Sí, ¿algún problema? Son las siete de la mañana. La gente normal a las ocho ya está en el trabajo.
Ruedo los ojos al escuchar su pullita. La gente normal… Y yo no soy normal porque dirijo un club nocturno en vez de sentarme tras una oficina,
—Está bien, papá —murmuro hastiada—. Nos vemos en una hora.
Sin siquiera despedirse, cuelga la llamada. Lanzo el teléfono sobre la mesita y me froto la cara para despejarme del todo. He dormido menos de una hora. Estoy agotada.
—¿Vas a ver a tu padre? —pregunta Levi.
—Sí, el señor William Daniels me ha citado en su oficina en una hora.
—¿Qué quiere?
—No tengo ni la más remota idea. Supongo que habrá encontrado alguna otra forma de tocarme las narices —farfullo. Miro a Levi y veo que está sonriendo—. ¿Qué? ¿De qué te ríes?
—¿Desde cuándo hablas así? La Brooke que yo conocí no diría nada malo de su padre en voz alta, aunque sea un cabronazo retorcido en mi opinión.
Me encojo de hombros y me levanto de la cama completamente desnuda.
—Ni idea. Creo que eres una mala influencia para mí.
—De eso estoy seguro —murmura mirándome con deseo.
Sonrío y niego con la cabeza.
—¿Te ocupas tú de Milo? No creo que tenga tiempo de llevarlo al colegio. El tráfico a estas horas es horrible.
—Claro. Pediré un Uber.
—Tienes que sacarte el permiso de conducir —digo mientras rebusco en el vestidor algo que ponerme. Me decido por un vestido gris entallado, por debajo de las rodillas y sin escote. Me calzo unos zapatos de tacón y entro en el baño para hacer algo con mi pelo.
—Lo pensaré —contesta entrando en el baño. Se acerca a mí y me abraza por la espalda. Ambos nos miramos reflejados en el espejo—. Estás preciosa. ¿Te parece si esta tarde hacemos algo juntos? Podríamos ir al cine o a cualquier otro lado.
—Me parece una idea estupenda. ¿Después de recoger a Milo?
—¿No prefieres que estemos solos? —pregunta extrañado. Niego con la cabeza y él sonríe—. Te amo aún más por eso —susurra besando mi cuello.
Gimo al notar sus dientes rozando la piel sensible que hay bajo mi oreja y me escurro para huir de su abrazo.
—No tenemos tiempo para esto ahora, Levi. Yo tengo que ir a ver a mi padre y tú a llevar a Milo al colegio. Hay que darse prisa.