Savage
Capítulo 9
Brooke
Me duelen los pies y a duras penas consigo disimular los bostezos. Tengo que centrarme en mi trabajo. Esta noche han venido un grupo de políticos al Eternity. Estoy segura de que la mayoría son amigos o conocidos de mi padre, y me vendría bien causarles buena impresión, pero estoy agotada y eso me está pasando factura. Aparte de eso, tampoco es que pueda centrarme demasiado en mi trabajo ya que no dejo de echar vistazos constantemente hacia la barra principal. La última vez que miré, a Levi se le veía bastante agobiado. Es algo normal en los nuevos. Tardan unos días en acostumbrarse al ritmo de trabajo.
Sonrío a algo que me acaba de decir el senador Williams, un hombre de más de sesenta años que es asiduo a la mansión Daniels. A mi padre siempre le ha gustado rodearse de los hombres más importantes y poderosos del país. En realidad, ni siquiera sé de lo que habla. Trish lo escucha con atención, pero yo me limito a sonreír levemente y darle pequeños sorbos a mi copa de champán. No suelo beber, pero siempre llevo una copa en la mano. Da buena impresión y ayuda a evitar que mis importantes clientes insistan en invitarme a tomar una copa cuando ya lo estoy haciendo.
—Buenas noches, señoritas. —Escuchamos la voz de Donovan a nuestra espalda y Trish y yo nos giramos. Mi amigo no tarda ni un segundo en abrazar a su mujer por la cintura mientras ella lo mira con esa cara de boba enamorada que siempre pone cuando él anda cerca—. Estás preciosa —dice justo antes de besar sus labios. Entonces repara en mí y sonríe de nuevo—. Tú también estás muy guapa, Brooke.
—Gracias. —Señalo al hombre que nos acompaña —. Donovan, ¿conoces al senador Williams?
—No he tenido el placer —contesta tendiéndole su mano.
Tras un apretón de lo más varonil, mi amigo vuelve a abrazar a su mujer.
—Te traeré una copa —digo apartándome de ellos para ir hacia la barra. En parte porque quiero huir de la aburrida compañía del senador, pero interiormente sé que mi intención es comprobar cómo le va a Levi. Nada más llegar al mostrador, Zane se acerca a mí luciendo su sonrisa ladeada—. ¿Dónde está Levi? —pregunto buscándolo con la mirada.
—Lo he enviado al almacén. Nos estamos quedando sin bourbon. Además, el chico se estaba agobiando bastante al no poder desenvolverse con soltura en la barra.
—¿Cómo lo lleva? —inquiero.
—Bien. Ha roto media docena de vasos, se ha equivocado en dos o tres pedidos y he tenido que darle otra camiseta porque la suya estaba cubierta de cerveza. —Se encoge de hombros y su sonrisa se acentúa—. Lo normal en un novato.
—Genial. Yo voy a aguantar media hora más y me marcho. ¿Te encargas de la caja al cerrar? —Asiente—. Creo que me llevaré a Levi conmigo. Para ser su primera noche ya ha tenido suficiente. Pasado mañana ya hará el turno completo.
—Sí, creo que será lo mejor. Por cierto, ¿sigue en pie lo de la barbacoa de mañana?
—Claro, pero ni si te ocurra aparecer por casa antes del mediodía. A los seres humanos normales y corrientes nos gusta dormir hasta tarde los domingos.
—Lo tendré en cuenta —señala tras soltar una carcajada.
Le pido una copa para Donovan y tras pasar más de veinte minutos con una falsa sonrisa en mi cara mientras escucho el incesante parloteo del senador Williams, me despido y decido irme a casa.
Paso por mi despacho para recoger mi bolso, y cuando estoy cruzando el pasillo para buscar a Levi en la barra, escucho ruido en el interior del almacén, así que me detengo y decido echar un vistazo por si lo encuentro allí. Abro la puerta con decisión y lo veo de espaldas a mí. Estoy a punto de entrar, pero algo llama mi atención desde el suelo.
Mis ojos se abren al máximo y ahogo un jadeo al ver a Candy, una de mis camareras más antiguas, arrodillada en el suelo frente a él. No puedo verla bien, tampoco hace falta ser muy lista para saber lo que está haciendo. Joder con el nuevo. No ha perdido el tiempo.
Tal vez debería irme y esperar que terminen lo que están haciendo. Supongo que si hubiese encontrado a otros dos empleados en esta situación, eso sería exactamente lo que hubiese hecho. Después hablaría con ambos y les llamaría la atención por intimar en horas de trabajo, pero que sea precisamente Levi al que encuentro en estas circunstancias, me cabrea. No sé por qué, y tampoco me importa saberlo, pero lo cierto es que me enfurece.
Carraspeo en alto para llamar la atención de ambos, sin embargo siguen a lo suyo como si no me escucharan.
—Será posible… —siseo avanzando un par de pasos para hacerme notar. Veo como Levi sujeta la cabeza de Candy y mueve las caderas con fuerza, gimiendo de gusto, mientras el sonido típico de succión rebota en las paredes del pequeño almacén—. Siento interrumpir —digo tras carraspear nuevamente.
—¡Joder! —Levi maldice en alto girándose para que no pueda ver sus partes y Candy se levanta de un salto. Escucho como se cierra la cremallera y enseguida se gira mirándome con furia—. ¡¿Qué coño haces?! ¡¿No sabes llamar a la puerta?!
Frunzo el ceño y me cruzo de brazos alzando la barbilla.
—Estoy en mi club. No tengo porqué llamar a ninguna puerta. Lo que sí me gustaría es que me expliquéis qué está pasando aquí.
—Verás, Brooke… —dice Candy peinándose su larga y rubia melena con los dedos. No parece avergonzada en absoluto, y tampoco me sorprende. Conozco a Candy y sé que esto es algo habitual en ella. Aunque esta vez parece algo temerosa debido a la mirada fulminante que recibe por mi parte —. Lo siento —susurra retrocediendo un par de pasos.
—Me da absolutamente igual lo que hagáis en vuestro tiempo libre, pero esto es un negocio y vosotros mis empleados. Si vuelvo a ver algo parecido, los dos os vais directos a la calle. ¿Me he explicado bien? —Candy asiente de inmediato. Miro a Levi y compruebo que está sonriendo de manera chulesca —. ¿Qué te hace tanta gracia? —inquiero.
—¿En serio crees que tus amenazas me asustan, niña de papá? —Cruza los brazos sobre su pecho y sonríe de nuevo.
Candy nos mira a uno y a otro y suspira.
—Déjanos solos —ordeno señalando la puerta con la cabeza.
Ella sale de inmediato pareciendo bastante aliviada por librarse de esa situación con tan solo una advertencia. En cuanto la puerta se cierra, dirijo de nuevo mi mirada hacia Levi.
—Creo que no has entendido bien lo que te he dicho esta tarde. Estás aquí para trabajar, Levi. No vas a recibir ningún trato de favor por mi parte. Aquí, yo soy tu jefa y doy las órdenes. Lo único que tienes que hacer es cumplirlas sin rechistar. ¿Tan difícil es?
—Nunca se me ha dado bien eso de seguir órdenes — murmura encogiéndose de hombros.
—Pues más vale que empieces a acostumbrarte, porque si no lo haces te despediré. ¿Sabes lo que ocurrirá si lo hago? —Vuelve a encogerse de hombros sin perder la sonrisa—. Sin trabajo no hay acuerdo que valga. No te darán la tutela de Milo. ¿Es eso lo que quieres?
Su sonrisa desaparece y veo como frunce el ceño apretando los puños a cada lado de su cuerpo.
—No me amenaces —sisea.
—¿Amenazarte? —Suspiro y me peino hacia atrás con los dedos. Este hombre me altera de una forma descomunal—. Creo que no has entendido demasiado tu situación. Me la estoy jugando mucho por ti, Levi. A pesar de que todo el mundo que conozco intentó evitarlo y me aconsejaron que no lo hiciera, te he metido en mi casa, en mi club y en mi vida. No tenía por qué hacerlo. Yo no te debo nada, pero, aun así, aquí estoy, intentando ayudarte. Mi mejor amiga ha tenido que mover muchos hilos para conseguir ese acuerdo, pedir favores a su padre, el juez Mason, y este a muchos de sus conocidos, todo para que tú no tengas que ir a la cárcel y puedas darle una vida mejor a tu hermano. Si crees que todo nuestro esfuerzo no ha valido de nada, solo dímelo ya y le daré la razón a todas esas personas que me repitieron hasta el cansancio lo idiota que soy por pensar que una persona como tú puede cambiar y convertirse en un hombre decente.
—¿Una persona como yo? ¿Hombre decente? —Su mirada furiosa se clava en la mía y veo como la vena de su frente hace acto de presencia.
—De todo lo que he dicho, ¿solo has escuchado eso? —Resoplo y niego con la cabeza—. Sinceramente, no sé en qué estaba pensado al creer que funcionaría.
—¿Ahora soy un caso perdido? Sigue hablando, mujer, te estás cubriendo de gloria —dice apretando los dientes.
Chasqueo la lengua y dejo caer los brazos soltando el aire que contenía. No sé si estoy más furiosa o decepcionada. ¡¿Es que no se toma nada en serio?!
—Da igual —susurro—. Haz lo que te dé la gana, pero recuerda que todos los actos tienen consecuencias. ¿Quieres seguir comportándote como un niño caprichoso e inmaduro? Adelante. Eso a mí no me afecta en absoluto. Cuando me toques las narices lo suficiente como para colmar mi paciencia y te eche, cuando vuelvas a las calles a delinquir y mendigar, pero ahora tú solito, porque te aseguro que ningún juez te dará la custodia de tu hermano, entonces, yo seguiré con mi vida como si nada. —Me acerco a él intentando controlar mis nervios y clavo mi mirada en la suya—. ¿Crees que me afecta tu pose de capullo arrogante? No tienes ni puta idea, chaval. No me conoces y te aseguro que, si sigues tentando a la suerte, no te va a gustar lo perra que puedo llegar a ser.