Savage

Jess GR · Capítulo 102 de 118

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Savage

Capítulo 51

 

 

Levi

 

Como de mi plato en silencio mientras Brooke conversa con Leisha. La está regañando por su comportamiento en el colegio, aunque por la actitud de mi hija podría parecer que la que tiene la razón es ella.

—Eso no es así, mamá —replica con su habitual desparpajo⁠—. No puedes enfadarte porque le pegue a ese niño. ¿Prefieres que él me pegue a mí?

—Lei, yo no he dicho eso. Entiendo que te defiendas, pero no puedes resolverlo todo a golpes. Tienes que controlarte un poco.

—Que se controle él. Yo no le hice nada y me tiró del pelo.

—Bueno, pues sus padres ya lo regañarán. A mí me toca hacerlo contigo —⁠rebate Brooke tras respirar hondo.

—No creo que sus padres sean tan…

—Leisha, termina esa frase y estás castigada el resto del mes —⁠amenaza. Mi hija resopla y permanece en silencio, pero su cara denota las ganas que tiene de seguir batallando con su madre—. Vale. Solo te estoy diciendo que antes de liarte a mamporros, lo pienses bien y valores si realmente vale la pena.

—También puedes practicar yoga —intercedo. Todos me miran como si me hubiesen salido tres cabezas. Me encojo de hombros con el tenedor a medio camino de mi boca⁠—. ¿Qué? Es efectivo para controlar las emociones y la ira.

—Levi, si no vas a ayudar, al menos no estorbes —⁠farfulla Brooke.

—Yo quiero hacer yoga con papá —dice Kiara subiéndose a mi regazo.

La sujeto con uno de mis brazos y sigo comiendo con el otro.

—Cuando quieras, princesa —contesto guiñándole un ojo.

—A lo que iba. —Brooke vuelve a girarse hacia Leisha y ella bufa.

—¿Aún no has terminado?

—Lei, de verdad que te estás ganando un buen castigo.

Brooke está perdiendo la paciencia. Yo puedo verlo y los demás también. La única que parece no darse cuenta es ella misma, ya que sus siguientes palabras acaban por desquiciar a su madre.

—Mamá, si vas a castigarme, hazlo de una vez y terminemos con esto ya.

—¡Se acabó! A tu habitación —ordena señalando con la mano para hacer énfasis en sus palabras⁠—. Vas a pasar el resto del mes sin televisión, videoconsola ni juguetes.

—¿Y qué se supone que voy a hacer, mirar las paredes?

—Pensar en lo que significa la palabra respeto.

—Eso puedo…

—Leisha, ya vale —intervengo cogiéndola en brazos y dejándola en el suelo⁠—. Vete a tu habitación antes de que tu madre pierda la poca paciencia que aún le queda.

—¡Pues que haga yoga! —grita saliendo de la cocina con la barbilla en alto.

—La madre que la… —Brooke se levanta de mala leche y vacía el contenido de su plato en la basura. Se gira y respira profundamente para intentar tranquilizarse—. Esta niña me va a volver loca —⁠murmura.

—Mamá, ¿yo también estoy castigada? —pregunta Kiara haciendo pucheros.

—No, cariño. Tú no has hecho nada malo —responde Brooke.

—Entonces, ¿puedo ver la tele un rato? Ya he terminado de comer.

—Sí, claro. ¿Tú también has terminado, Milo?

—Ajá —contesta mi hermano rascándose la nuca⁠—. Oye, mamá…

—Milo, ese tono no trae nada bueno. ¿Qué quieres?

—No quiero… —Brooke alza una ceja en su dirección y él sonríe como el niño bueno que aparenta ser⁠—. Vale, sí quiero algo. Creo que no es el mejor momento, pero necesito saber si puedo quedarme a dormir en casa de Justin esta noche. Como mañana es sábado hemos pensado en salir a una fiesta.

—¿Qué fiesta, y por qué no puedes volver a casa después?

—Porque es la fiesta de un amigo de Justin. Después nos quedamos los tres en su casa a dormir. Sus padres van a estar allí.

—No me estás intentando engañar para irte a pasar la noche con Ashley, ¿verdad? —⁠cuestiona.

—Mamá, si quisiera pasar la noche con mi novia, me inventaría otra excusa que no pudieses confirmar con hacer una sencilla llamada a la casa de Justin. Así que la respuesta es no, no intento engañarte.

—Vale. De todos modos, voy a hablar con sus padres.

—Lo imaginé. —Se encoge de hombros y sonríe.

—Prométeme que vas a usar la cabeza en esa fiesta. Si pasa algo, lo que sea, llámame de inmediato. Voy a estar pendiente del teléfono.

Veo como Milo se levanta y se acerca a Brooke sin dejar de sonreír.

—No te preocupes. Prometo no sufrir un coma etílico y solo consumiré drogas si son puras. El corte es lo que hace daño —⁠bromea.

—Muy gracioso, chaval —dice Brooke golpeando su brazo de manera cariñosa—. Ten mucho cuidado, ¿vale? —⁠Él asiente y le da un beso en la frente mirándola con adoración.

No puedo evitar sonreír al verlos juntos. Milo casi le saca una cabeza, y aun así le tiene más respeto que a un tipo el doble de grande que él. Brooke es justo lo que mi hermano siempre ha deseado tener, una madre tierna y cariñosa que daría la vida por la suya sin dudar ni un solo segundo.

—Yo puedo llevarte si quieres —propongo—. De todos modos, me tengo que ir a trabajar.

Mi hermano se gira hacia mí y su sonrisa desaparece de un plumazo. En su lugar aparece una expresión hastiada y arrogante.

—No necesito nada de ti, Levi —responde con desdén—. Voy a preparar mis cosas y el padre de Justin vendrá a buscarme. —⁠Sin que pueda decir nada más, sale de la cocina.

Suspiro y me froto la cara con las manos bajo la atenta mirada de Brooke.

—¿Algún día dejará de odiarme? —murmuro para mí.

—Dale algo más de tiempo. Aún se está adaptando a tenerte por aquí —⁠comenta Brooke empezando a recoger los platos. Es lo primero que dice desde nuestro encuentro en la cocina de esta mañana, aparte de sus pullas de hace un rato.

—Hombre, ¿ahora ya me hablas de nuevo? —pregunto alzando una ceja⁠—. Creí que seguías cabreada por lo de esta mañana.

—No quiero hablar de eso, Levi. Hazme un favor y bórralo de tu memoria, yo ya lo he hecho.

—Es difícil —susurro en tono seductor y sin dejar de mirarla a los ojos⁠—. Aún tengo el sabor de tu piel en mi lengua. Es delicioso.

—De verdad que no se puede decir que Lei no sea hija tuya. Madre mía con el par de dos que tengo que aguantar —⁠farfulla saliendo de la cocina—. Termina tú de recoger. Al menos te mantendrás ocupado y no seguirás tocándome las narices.

Suelto una carcajada viendo cómo se va y me levanto. Abro el grifo para empezar a lavar los platos, pero justo en ese momento mi móvil empieza a sonar. Es un mensaje de Tobby: A las dos. Jax quiere verte. El siguiente mensaje es una ubicación.

Respiro profundamente y vuelvo a guardar el móvil en el bolsillo. Al fin voy a poder verlo. Llevo dos putas semanas de recadero y no había conseguido acercarme a él. He acudido a cada lugar que me han indicado y he hecho todo lo que me han pedido. Parece que al fin todo ese tiempo invertido empieza a dar sus frutos.

 

∞∞∞

 

Cruzo el callejón intentando ignorar el olor a orina y podredumbre que flota en el aire. Hace un rato que salí del Eternity. He dejado a Zane hasta arriba de trabajo para poder acudir a esta cita. Al menos mi amigo está de mejor humor. Finalmente ha podido hablar con Trish de su relación y parece ser que va bien encaminada. Espero que así sea y logren ser felices. Ambos se lo merecen.

Miro la pantalla de mi teléfono y compruebo que estoy en el lugar correcto. Sí, aquí es. Solo veo una pequeña puerta de madera podrida. Toco un par de veces y la puerta se abre. Al otro lado está Tobby, la sostiene abierta para que pueda pasar.

—Ven, está por aquí —informa.

Lo sigo por el viejo pasillo de una casa en ruinas hasta llegar a un salón bastante espacioso. Hay tres sofás grandes, y en uno de ellos está sentado Jax con las piernas entreabiertas para dejar espacio a la chica que se arrodilla frente a él chupándole la polla.

—Hombre, Savage. Me alegro de verte, amigo — ⁠saluda con su habitual sonrisa cínica.

Solo con escuchar su voz se me revuelve el estómago. Al mirarlo, no puedo dejar de imaginar todo lo que le hizo a Brooke cuando era tan solo una niña. Me dan ganas de matarlo a golpes.

—Jax —susurro viendo como dos chicas más entran en el salón. Al igual que la otra, estas también están completamente desnudas y no creo que tengan más de veinte años—. Siéntate, ponte cómodo —⁠pide.

Me siento en otro de los sofás y mi mirada va a parar a la mesa baja que tengo delante. Sobre ella hay una docena de rayas de lo que supongo que será cocaína. Jax gime en alto sujetando el pelo de la chica y me mira. Tobby también se acomoda en el otro sofá y no tarda en meterse una de las líneas.

—¿Podemos hablar? —pregunto.

—Claro, sírvete primero. —Señala la mesa y yo niego con la cabeza.

—No, gracias. Estoy bien así —contesto. Veo como les hace un gesto a las chicas y una de ellas se arrodilla frente a Tobby y la otra mis pies. La chica coloca sus manos en la cinturilla de mis vaqueros y empieza a desabrochar los primeros botones, pero aparto sus manos y niego con la cabeza—. ¿No te gusta Annie? —⁠inquiere Jax.

—No me apetece que una cría me haga una mamada —⁠siseo entre dientes.

Jax aparta a la chica y clava sus ojos en los míos mientras se frota la polla para no perder la erección.

—No quieres meterte mi droga, tampoco follarte a mis putas. Cualquiera en mi lugar se lo tomaría como algo personal.

—He venido aquí por negocios, no por placer — ⁠señalo.

—Amigo, el placer y los negocios van de la mano. Disfrutemos primero, y después, relajados, podremos hablar de nuestros intereses comunes.

Aprieto los puños y no contesto. Jax vuelve a hacer un gesto con su mano, y la chica, Annie, lleva de nuevo sus manos a mi bragueta. No quiero hacer esto. Clavo mi mirada en la pared mientras siento como la chica hurga en mi bóxer y saca mi miembro. Su boca rodea mi polla y lame la punta moviendo la mano de arriba debajo de manera enérgica. En el otro sofá, Tobby jadea cuando su chica empieza a chupársela también, y Jax directamente ha tumbado a la otra boca abajo y se la está follando por detrás.

Poco a poco empiezo a excitarme. No puedo evitarlo. La humedad, la fricción, el movimiento. Me gustaría poder apagarlo como un jodido interruptor, no sentir. Tal vez de ese modo no se me levantaría y eso sería aún peor. Me dejaría como un puto pichafloja ante los ojos de Jax. Sin embargo, no me asquearía tanto lo que estoy haciendo.

Cierro los ojos e imagino que la boca que succiona mi polla es la de Brooke. ¡Joder, no! No quiero ensuciar la imagen que tengo de ella en mi mente con esta mierda. De esto tengo que librarme yo solo.

Miro hacia Tobby y veo que él también está follando a su chica. Ella grita de placer mientras él se hunde en ella una y otra vez con golpes certeros de caderas. Jax jadea y arremete aún más fuerte, la chica también grita y se la saca para correrse en sus nalgas. Tobby también empieza a jadear. Annie hace el amago de levantarse. Tal vez crea que al igual que los demás, yo también voy a follarla, pero no pienso hacerlo. Sujeto su cabeza y alzo mis caderas enterrando mi polla en el fondo de su garganta. Cierro los ojos de nuevo e incremento el ritmo, más rápido, más fuerte… Aprieto los dientes y bufo por la nariz notando como mis pelotas se encogen. Estoy a punto. Tiro de la cabeza de Annie para que se aparte, pero ella sigue bajando y subiendo la cabeza, ignora mis advertencias. Finalmente llego al orgasmo. Me corro en su boca con un jadeo silencioso y me desplomo sobre el sofá. Puta mierda.

Cuando consigo recuperar el aliento, las tres chicas ya se han marchado. Recompongo mi ropa y resoplo. Miro a Jax con rabia. Hijo de puta. Yo no quería hacerlo.

—Bien, ahora que ya estamos más relajados, hablemos de negocios —⁠dice Jax tras meterse una raya.

Al menos no insiste en que yo también lo haga. Quizá habría sido mejor eso que lo que acabo de hacer. Sinceramente, no lo sé.