Savage
Levi
—Brooke, no hay duda posible. Tengo los resultados del análisis de sangre, y revela claramente que estás embarazada. Los anticonceptivos hormonales son bastante seguros, pero no infalibles. Tienen un noventa y nueve por ciento de eficacia, por lo que una de cada diez mujeres puede quedarse embarazada incluso tomando la píldora anticonceptiva.
—¿Una de cada cien? —Asiente—. ¿Y me toca a mí? ¡De puta madre! —grito perdiendo los nervios. De pronto, empiezo a reír sin parar. No sé por qué lo hago, pero río a carcajadas bajo las miradas estupefactas del doctor y Trish.
—Cielo, ¿estás bien? —pregunta mi amiga acercándose a mí y acariciando mi rostro. Los ojos se me humedecen y siento la humedad en mis mejillas—. Y ahora llora —susurra Trish extrañada.
—Es muy común en las embarazadas que… —Le lanzo una mirada asesina al médico y él se calla de inmediato—. Bueno, voy a firmar el alta y enseguida os podéis marchar. Y enhorabuena. —Hace una mueca andando de espaldas—. O no —masculla antes de girarse e irse.
Miro hacia Trish y vuelvo a romper a llorar. ¿Por qué tiene que pasarme esto a mí? ¿Embarazada? ¿Cómo voy a tener un bebé yo? Si ni siquiera tengo instinto maternal. Mi amiga me abraza y lloro contra su hombro sin poder dejar de pensar en el caos que ha llegado a mi vida. ¡Maldita sea! Yo tenía una vida tranquila y segura, y ahora… Ahora todo es sufrimiento e incertidumbre. Y felicidad, pienso recordando todas y cada una de las veces que me he sentido dichosa por tener a mi lado a Levi y a Milo.
Tal vez no todo sea tan malo. Si Levi y yo conseguimos entendernos…
—Trish, ¿crees que yo puedo ser una buena madre? — pregunto en un susurro.
Mi amiga se aparta y me mira a la cara sonriendo con cariño. Seca mis mejillas y asiente.
—Cariño, tú ya eres una madre maravillosa, y si no me crees, pregúntale al niño que está ahí fuera muerto de preocupación por ti. Te adora. Ha sido capaz de anteponerte a ti a su hermano, su propia sangre. Lo vas a hacer genial, y yo voy a estar a tu lado siempre que lo necesites.
Respiro hondo y me limpio las lágrimas de un manotazo. Ya está bien de lamentarse. Yo no soy así. Voy a enfrentarme a esta situación y a superarla. Si Levi quiere ser parte de ese proceso, tendrá que ganárselo, y si no quiere… Entonces lo apartaré de mi vida para siempre.
Levi
Camino por la orilla de un lado a otro de la playa. Maldigo en voz alta asustando a las pocas personas que hay en esta pequeña cala de arena.
La cala de Santa Fe es una de las playas menos concurridas de Miami. El lugar donde vengo cuando tengo un problema y necesito pintar. La primera vez que vine aquí era solo un niño. Mi madre me trajo aquí y pasamos una tarde increíble jugando en la arena fina y sedosa y bañándonos en su agua cristalina. Me trae muy buenos recuerdos. Creo que por eso acudo siempre a este lugar cuando necesito tranquilizarme y poner mis ideas en orden. Sin embargo, hoy no está funcionando.
La imagen de Brooke sangrando me atormenta y soy incapaz de pensar en cualquier otra cosa. ¿Por qué lo he hecho? Perdí el control un solo segundo. ¡Maldita sea! Yo no quería hacerle daño. ¿Pensará que lo hice a propósito? Ella tiene que saber que yo jamás la golpearía. Dios Santo, antes me corto una mano que levantarle un solo dedo con intención de lastimarla.
Me dejo caer en la arena y encojo las rodillas pegándolas a mi pecho. No sé qué hacer. Me encantaría volver a casa y suplicarle que me perdone, pero no creo que quiera verme, y Milo tampoco. Mi propio hermano me ha dado la espalda, y con razón. Me merezco su odio.
Ahora puedo ver con claridad que siempre he estado equivocado. Intenté tapar una mentira con otra, un engaño con otro aún mayor, hasta que todo se me fue de las manos. Se convirtió en una gran bola de nieve cayendo montaña abajo, haciéndose cada vez más grande, imparable, destructiva, demoledora. Si le hubiese contado la verdad a Brooke… ¿Por qué no lo hice? Porque no quería que me viera como alguien débil que no sabe resolver sus propios problemas. Porque no quise que pensara que solo me acercaba a ella por dinero, para que pagara mi deuda. Por soberbia, por orgullo… Por imbécil.
Resoplo y me llevo las manos a la cara para secar la humedad de mis mejillas. Estoy llorando. Hace muchos años que no lloraba. La última vez que recuerdo hacerlo fue el día en el que enterramos a mamá. Después de eso, Milo y yo nos quedamos sin hogar. No podía ser débil. Tuve que mantenerme impasible ante cualquier adversidad que se presentó. Me volví más egoísta, más insensible… Más salvaje. Y esa misma actitud ha sido la que me ha llevado a cometer todos estos errores.
Mi teléfono móvil empieza a sonar en mi bolsillo y lo saco a toda prisa esperando ver el nombre de Brooke en la pantalla. Chasqueo la lengua al darme cuenta de que no es ella, sino Jax quien me llama. Ahora mismo no tengo ganas de hablar con él, pero tal vez quiera recuperar su mercancía y eso me interesa. Quiero devolverle cuanto antes su mierda. Tras la redada de anoche, no puedo seguir guardando eso en el almacén del Eternity.
—¿Qué? —pregunto de mala leche nada más descolgar. Mi paciencia con Jax está llegando a su límite.
—Hola, Savage. ¿Cómo estás, amigo?
—Jax, no estoy de humor para tu falsa simpatía. ¿Qué es lo que quieres?
—Hombre, ya veo que estás de mal humor. Está bien, iré al grano. Te llamo porque quiero renegociar nuestro acuerdo.
Todos mis sentidos se ponen en alerta de inmediato. Jax no es de los que perdonan nada. Eso me ha quedado muy claro desde que empezó a chantajearme.
—Exactamente, ¿qué es lo que quieres de mí? —inquiero.
—Buena pregunta, colega. Verás, estoy dispuesto a saldar completamente tu deuda. A cambio, tú solo tienes que hacer algo por mí.
—¿El qué? —pregunto cada vez más desconfiado.
—Quiero a la rubia —contesta.
—¿Qué? —Espero haber escuchado mal. ¿Habla de Brooke? —. Jax, creo que no te sigo.
—La rubia, Savage. Ya sabes, bajita, menuda, pelo corto, ojos verdes, un culo tremendo y unas tetas aún mejores. ¿Lo vas pillando?
Aprieto los puños con fuerza y me muerdo la lengua para no mandar al hijo de perra este a tomar por culo. ¿Cómo se atreve a hablar así de mi chica?
—Sé de quién hablas —escupo—. Y la respuesta es no. Te pagaré la deuda como habíamos acordado.
Escucho cómo ríe a carcajadas al otro lado de la línea.
—Una vez más, querido amigo, creo que no estás entendiendo cómo funciona esto. Tú no decides lo que se hace o no. Eso es cosa mía, y yo he decidido que quiero a esa rubia para mí. No debería importante demasiado. Tú mismo dijiste que solo te la follas de vez en cuando.
—Jax, he dicho que no —repito, intentando con todas mis fuerzas mantener mi carácter a raya.
—Vale, voy a ser más claro. Me traes a la chica o yo mismo iré a buscarla. ¿Lo has entendido ahora?
Me levanto de un salto e intento aferrarme al último pedazo de autocontrol que me queda, sin embargo, es inútil.
—Escúchame bien, maldito cerdo hijo de puta, como te acerques a ella, te juro que te mataré con mis propias manos. Me da igual cuántos hombres te estén protegiendo. Me los cargaré uno a uno hasta llegar a ti, y cuando te tenga frente a frente, me suplicarás que te mate, porque la alternativa… Créeme, sentirás más dolor del que jamás has sufrido.
—Estás muerto —dice antes de colgar la llamada.
Lanzo el móvil al mar con todas mis fuerzas y grito. Un berrido desgarrador que me deja sin aliento. Se acabó.